Pandemia, procesos sociales y sus efectos en la subjetividad

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Por Clarisa Neme
Servicio de Orientación Institucional Instituto Santo Tomás de Aquino – Secretaría de Derechos Humanos – clarineme29@gmail.com
Las siguientes líneas surgieron de una reflexión y análisis del contexto actual que hoy se atraviesa desde una mirada dialéctica y en la que confluyen componentes sociales, intersubjetivos, políticos, económicos y sanitarios.

El análisis crítico de la cotidianidad que el lector verá plasmado en las siguientes líneas se sustenta desde los aportes de la psicología social de Enrique Pichón Rivière.

Sin duda muchos fueron los aportes que grandes escritores y teóricos a lo largo de la historia convocaron a repensar la realidad. Es por ello que la lectura crítica conduce a continuar leyendo y analizando el contexto y renovando la concepción de sujeto y de mundo.

En esta oportunidad se remitirá a escritos de Julio Cortázar en su cuento “Las autopistas del sur” y del prefacio de Michel Foucault en su libro “Las palabras y las cosas”.

Se partirá de un breve recorrido de los efectos subjetivos y sociales en el contexto de Santiago del Estero produjo la cuarentena. Seguidamente se efectuará la importancia de pertenecer a un grupo social que contenga y albergue en torno a una tarea específica y a un tiempo y espacio común situándose específicamente en la tarea docente. Esto implicará analizar los efectos sociales y subjetivos que la utilización de la virtualidad como herramienta de intercambio comunicacional y fuente de trabajo involucra. Esta nueva modalidad de intercambio comunicacional y de producción, durante el periodo del aislamiento social preventivo y obligatorio, produjo una ruptura en la cotidianidad. Si bien en nuestra sociedad ya estuvo implementada, no resultó familiar el contacto cotidiano con las redes sociales y el manejo de internet para actividades que exceden las comúnmente utilizadas para el entretenimiento.

Con la extensión de la cuarentena a nivel nacional y provincial, con el concomitante proceso de adaptación en los entornos familiares y laborales, resultó pertinente analizar el contexto mundial que atraviesa la pandemia y el impacto de las clasificaciones en la subjetividad y entornos sociales.

Para finalizar se citará un texto de Borges en el cual problematiza la idea de clasificar en ciencias humanas y concluir con un interrogante de hasta qué punto es posible una clasificación universal.

Subjetividad y crisis sociales

El sistema capitalista conduce al desarrollo frenético de fuerzas productivas y al incremento creciente de productividad, competitividad y ganancia. Borra de ese modo la subjetividad y conduce al ser humano a la enajenación en su trabajo y de lo que él produce, dejando de ser sujeto y pasando a ser un objeto del mercado, un objeto cosificado, una mercancía entre otras mercancías. (Quiroga, Ana P., 2014)

Si en un orden social se incrementan las condiciones objetivas de productividad excesiva, de amenaza de exclusión entre otras cosas, se deteriora la trama de relaciones y por lo tanto la subjetividad.

Se producen efectos que se expresan a través de la melancolización, la pérdida de la autoestima, la desconfianza, la cosificación de sí y del otro, vivencias de vacío interno, soledad y pánico. Al mismo tiempo se incrementa la dificultad de sostener relaciones interpersonales libres de violencia y en algunos casos el rechazo de las diferencias.

Esto se observa claramente en estos momentos de pandemia en donde la crisis y la presión se hacen presente, sumado a la demanda de productividad que el sistema exige.

Por otra parte, el temor e incertidumbre por la salud psicofísica provocada por la crisis sanitaria conduce a una crisis subjetiva y social.

La ruptura de la cotidianidad, las exigencias domésticas, la modificación en los roles familiares, colapsa en el registro subjetivo y produce los siguientes efectos:

  • El aislamiento obligatorio por cuestiones de salud comunitaria que irrumpe de forma abrupta en la cotidianidad .incrementa el temor al contagio.
  • Dificultad de clarificar las necesidades: confusión entre necesidad- deseo y obligatoriedad.
  • Fractura entre realidad y representación: dificultad de poder discernir claramente la situación actual, con el desgaste subjetivo que implica cuestionar la información abundante proveniente de los medios masivos de comunicación
  • Pensamiento unilateral “todo o nada”
  • Ausencia de una visión integradora.

Los mismos efectos se manifiestan en el ámbito grupal, reproduciéndose en las relaciones cotidianas.

El grupo es escenario de la experiencia social y a partir del encuentro se reproduce una tarea compartida y una articulación dialéctica con el otro, en el que se accede al conocimiento de uno mismo y del otro. Es una de presencia bicorporal.

En los procesos de crisis y de cambio, hay un momento contradictorio entre lo nuevo que se opone a lo previo. Todos tenemos un registro de necesidades y un conjunto de acciones destinadas a satisfacerlas. Cuando irrumpe en nuestra cotidianidad algo nuevo, un cambio súbito, pone en contradicción nuestro sistema de pasado presente y futuro, y ésta contradicción entre lo previo y lo nuevo. Es allí donde se produce  un proceso de deseestructuración de lo previo y una acomodación en una estructuración nueva, lo cual provoca ansiedades, que se escenifican a través de:

  • Vivencia de excitación
  • Vivencia de intranquilidad
  • Vivencia de displacer

El encuentro con el otro implica procesos de insight y elaboración, en los que el sujeto se integra, repara lo dañado, resignifica su historia reapropiándose de sí mismo, de sus necesidades y de su experiencia.

Y es allí donde se descubre una potencialidad creadora. En los encuentros con un grupo de sostén, el apoyo y contención entre los integrantes produce un efecto desalienante y creativo.

Apelar al encuentro con el otro, en este caso frente a una propuesta diferente a la que cotidianamente se conoce -frente a un espacio virtual- es un modo de poder enfrentar la crisis y afrontar momentos de tensión y estrés.

El encuentro con el otro permite reflexionar y hacer una pausa ante las exigencias del medio y poder localizar en ese espacio de escucha, un encuentro con uno mismo.

El acto creativo es necesario para poder romper con estructuras rígidas y alienantes. A través de la tarea se gestan en ellos nuevas formas de vinculación y pensamiento.

Para ello es necesario también depositar confianza en el otro y en uno mismo, y descubrir la potencialidad que el otro tiene para lograr la complementariedad El sentimiento de pertenencia, pertinencia, el grado de confianza y de identificación con el compañero, producen efectos potenciadores de bienestar y sostén.

Es menester pues hacer una pausa en la tarea cotidiana para poder repensar y sentir el encuentro con el par, poder identificarse desde el deseo, y también para lograr el cuidado colectivo.

Una reflexión acerca de la pertenencia y pertinencia  dentro de una grupalidad.

Desde la psicología social se realiza un análisis crítico de la vida cotidiana, el escenario en el cual los sujetos se relacionamos,  producen, y sienten desde el espacio familiar en el que están insertos.

La pandemia que se está viviendo irrumpe la vida cotidiana. Un evento súbito y traumático irrumpió en la subjetividad y como tal rasgo característico de todo evento traumático surge una dificultad  de simbolizar inmediatamente.

Lo súbito surge como algo difícil de procesar, y depende de cada subjetividad, de cada persona cómo se elabora la situación traumática. No existe una generalidad de cómo actuar ante tal o cual situación, cada sujeto tiene su tiempo lógico y su modo de responder ante la situación de crisis.

Lo alentador de cada situación de crisis es que no hay salud psíquica sin un componente social. Nuestra salud es la capacidad de adaptarnos creativamente ante situaciones críticas se sostiene en un grupo.

En su cuento “La Autopista del sur”, Cortázar (1966) describe una situación irruptiva en la cotidianidad de varios conductores que se desplazaban en una autopista francesa.

Un atasco que en un principio parecía que iba a durar un par de minutos, se dilató y se extendió a varios días, meses, lo cual generó diversos tipos de ansiedades en este grupo de personas que en un principio se constituyó como una serie.

Una serialidad es un grupo de personas sin ningún tipo de identificación entre sí, sin actividad en común, sin ninguna mutua representación interna. Al surgir las necesidades básicas de alimentarse, de beber agua, de protegerse de las temperaturas climáticas que atravesaban, este grupo de automovilistas varados se reunió con un objetivo y una tarea en común. Es allí que se armó un grupo en el cual había una tarea y objetivos en común, y un encuadre específico.

Un encuadre es un conjunto de constantes de tiempo y espacio y funciones que constituyen la finalidad de toda tarea.

Cada persona del grupo era designada con roles específicos y se comenzó a circular la palabra y las acciones destinadas a un bien colectivo, un bien grupal: sobrevivir ante una situación de incertidumbre. Nadie entendía cuál era la causal del atasco, circulaban varias informaciones falsas y ciertas fantasías ligadas en algunos casos a situaciones paranoides o complot del gobierno, etc. Y así también diversas ansiedades que cada personaje caracterizaba. En algunos casos se mostraban sujetos que respondían de una manera adaptativa y activa: surgían los portavoces grupales, el líder, que oficiaba de coordinador y regulador de tareas dentro de grupo, como así también personajes que encarnaban un tipo de adaptación pasiva, aquellas personas que vivían dicha situación de una manera rígida y estereotipada, o manifestaban conductas regresivas.

El modo de resolución de la crisis de algunos personajes se evidenciaba a través de conductas regresivas. Tales conductas regresivas surgen en algunos casos como modos de retroceder a al vínculo primario, al espacio intrauterino en el cual el sujeto se siente protegido de toda indefensión.

La adaptación pasiva, se manifiesta a través de conductas rígidas, estereotipadas, que no producen un movimiento ligado a la creatividad. Estos modos rígidos de responder en algunos casos producen la dificultad de poder hacer lazo social, y de hacer circular el deseo.

El aislamiento obligatorio, que en este momento los sujetos están comprometidos a realizar, no debe confundirse con un encierro, con un ensimismamiento y dificultad de poder circular nuestro deseo.

El encierro en uno mismo se puede observar en conductas regresivas, por ejemplo en niños que vuelven a tener comportamientos infantiles, o en adultos bajo la dificultad de poder pensar y generar ideas creativas, u otros comportamientos que pueden generar una necesidad inconsciente de demandar atención ya sea por acción u omisión, entre otras conductas.

No obstante, el hecho de presentificar mecanismos regresivos no significa que se esté manifestando algún cuadro patológico Simplemente es importante poder localizarlos y comprender que son modos de responder a un evento crítico y que en algunos casos resulta traumático.

Al poder detectarlo, dar cuenta del mismo, se podrá comprender lo que sucede para poder activar otros recursos creativos. Uno de ellos puede ser a modo de ejemplo resignificar algunas actividades que antes no se estaban realizando, flexibilizar modos de relacionarse con el saber y con el otro. Es importante, pues, no acallar el deseo y retomar ciertas conductas que antes del aislamiento social preventivo y obligatorio se venían realizando, actividades ligadas al deseo inherente de la subjetividad.

Durante este período de aislamiento, se observó comúnmente una dificultad en niños y adolescentes de conectarse con las actividades educativas en este contexto en el que la virtualidad es en la mayoría de los casos la principal herramienta de contacto.

El aprendizaje está siempre vinculado y en algunos casos condicionado por las emociones. Cuando hay un estancamiento en el aprendizaje, cuando hay un obstáculo epistemofílico, es importante poder tener una escucha atenta y singular en cada caso en particular, y ese es un gran desafío desde los roles y lugares en donde cada sujeto desempeña su saber-hacer.

Orden social y clasificaciones.

Foucault cita a Borges en un texto en el cual detalla la enciclopedia china, de una manera tal que describe la taxonomía que devela la imposibilidad de clasificarlo todo.

“Este texto cita ‘cierta enciclopedia china’ donde está escrito que ‘los animales se dividen en a] pertenecientes al Emperador, b] embalsamados, c] amaestrados, d] lechones, e] sirenas, f] fabulosos, g] perros sueltos, h] incluidos en esta clasificación, i] que se agitan como locos, j] innumerables, k] dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l] etcétera, m] que acaban de romper el jarrón, n] que de lejos parecen moscas.’” (Foucault, M, 1966).

Ubicar a las cosas en palabras y clasificarlas pone en juego tanto la necesidad de situarnos en un tiempo y espacio determinado (un orden socio histórico) y en una cultura que precede a todos los seres hablantes.

¿Es posible lograr una clasificación universal? Foucault describe la dialéctica entre el mundo empírico, verificable y la hegemonía del campo científico y, por otra parte, el orden a priori de las cosas, el sentido de la realidad.

Esto conduce a pensar una necesidad de encajar en clasificaciones, en cuestionarnos en este panorama actual, en donde el orden social está atravesando una situación de crisis económica, sanitaria, política y social a nivel mundial.

¿Hasta qué punto encajamos en clasificaciones en los diversos ámbitos en que nos desenvolvemos?

Un virus que fue denominado a nivel mundial, surgido en una cultura oriental, con un sistema lingüístico y simbólico muy diferente a la cultura occidental, instauró un nuevo orden normativo a nivel universal, en donde todos encajan en una pandemia mundial y cuyos signos y síntomas son uniformes.

¿Desde allí es posible lograr una singularidad en un espacio y tiempo heterogéneo?

El lenguaje y la cultura precede al sujeto, y la subjetividad se construye a partir de un orden sociohistórico y en las relaciones que lo determinan.

¿Es lo mismo hablar de un criterio de salud y enfermedad en culturas con diversos sistemas simbólicos? ¿Se puede pensar en la eficacia de una cura universal borrando la heterogeneidad?

Los marcos legales y las normativas vigentes sitúan y regulan los comportamientos humanos. En los establecimientos educativos la nueva modalidad virtual y educación a distancia ha puesto en jaque mecanismos de adaptación a nuevos modos de comunicación. En algunos casos surgieron episodios de confusión, de incertidumbre, de dificultad para poder receptar y adecuarse a los cambios.

El Ministerio de Educación dispuso a nivel nacional la no calificación numérica en las escuelas de todo el territorio nacional, sugiriendo una evaluación procesual y actitudinal para los alumnos y orientaciones a las familias.

Esta disposición se fundamentó para poder garantizar la educación atendiendo la desigualdad social ya que en este contexto, se profundizan las desigualdades teniendo en cuenta que la realidad de cada hogar es muy distinta en cada rincón del país.

La evaluación, durante este período, será de carácter formativo y tendrá por propósito retroalimentar el proceso de aprendizaje, adaptar contenidos y hacer devoluciones orientativas a las y los estudiantes y a las familias.

Sin embargo, surge una contradicción ya que no todos los alumnos, especialmente los que están transitando la etapa de desarrollo de la adolescencia, interpretan esta realidad como un: “no hay evaluación, ergo no voy a estudiar”.

Esto conduce al primer postulado que remite a la taxonomía, en la necesidad de querer encajar en clasificaciones y en el imaginario social que al no haber una calificación numérica, al no encajar en una enumeración, “es tiempo perdido, no hay que estudiar, no hay necesidad de esforzarse para el estudio. No hay calificación, por lo tanto no hay estudio.”

¿Es posible pensar la realidad fuera de los marcos clasificatorios?

Por otra parte, es menester interrogarse hasta qué punto unificar criterios en calificaciones, en exigencias pedagógicas en aulas donde coexisten diversas realidades y diversas capacidades, incluso cuando  cohabitan alumnos con discapacidad y la gran heterogeneidad que hay entre las distintas realidades familiares, sociales y económicas.

Toda definición, todo criterio de salud y enfermedad no incluye sólo una concepción del psiquismo y de la conducta. Va más allá, ya que se funda explícita o implícitamente en una concepción del hombre y del mundo, del orden social e histórico y conlleva un proyecto de sociedad, de vida.

La salud mental consiste entonces en una adaptación activa, en un aprendizaje, en la visualización y resolución de las contradicciones internas y las que emergen en esa relación sujeto-mundo.

Las últimas décadas de este siglo están marcadas por vertiginosos movimientos de crisis y cambios, que transforman sustancialmente diversos planos de la vida social, las instituciones, las modalidades organizacionales, las formas de vinculación y comunicación. Esto expresa cambios cualitativos en el acontecer grupal.

La  actual circunstancia histórica y la concepción de salud desde la que es pertinente posicionarse exigen, como primer paso, la búsqueda de comprensión de lo nuevo, de aquello que emerge.

Desde este análisis crítico de la realidad actual se propone comprometerse a una investigación rigurosa del impacto que los profundos cambios en el orden social tienen hoy en las formas de grupalidad y los procesos subjetivos.

Bibliografía:

Cortázar, J.  “La autopista del sur”;  Todos los fuegos el fuego, edit. Alfaguara,  Argentina, 1966

Foucault, M., Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas, Siglo XXI Editores, S.A, de C.V, Buenos Aires, Argentina, 1966

Quiroga, A. Enfoques y perspectivas en psicología social. Desarrollos a partir del pensamiento de Enrique Pichon-Rivière. Ed. Cinco, Buenos Aires, Argentina, 2014,

Quiroga, A: Crisis, procesos sociales, sujeto y grupo. Desarrollos en psicología social a partir del pensamiento de Enrique Pichon-Rivière. Ed. Cinco, Buenos Aires, Argentina, 2014