Campos de concentración en Santiago del Estero

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Por Francisco Figueroa 
Profesor ISPP Nº1 – franciscofigueroa012@gmail.com
La memoria del genocidio ha sido el tema dominante en la historia reciente de la Argentina. Las violaciones a los Derechos Humanos que las fuerzas represivas llevaron adelante, fueron la expresión de un plan de exterminio coordinado a nivel continental y sistemáticamente ejecutado. Se montaron centenares de Centros Clandestinos a lo largo y ancho del país, se organizaron grupos de tareas para realizar las operaciones y se conformaron comunidades informativas de complicidad militar, civil y eclesiástica. El saldo fue un número sideral de víctimas.

En este marco, la provincia de Santiago del Estero también ha asistido a un proceso de recuperación y redefinición de su memoria colectiva. Esta historia que durante muchos años había permanecido soterrada, ha vuelto a resurgir con los juicios de lesa humanidad llevados a cabo en los últimos años, y gracias al compromiso de actores sociales tanto de los organismos de Derechos Humanos de la sociedad civil, como de dependencias del mismo Estado. Es debido a estos trabajos y esfuerzos mancomunados en el seno de la sociedad santiagueña, que se ha podido elaborar y transmitir una memoria colectiva del genocidio, dispuesta a resistir no solo el paso el tiempo, sino a las mismas consecuencias de los años del terror.

Esta memoria colectiva para nosotros, en palabras de Alejandro Kaufman, está inspirada por una razón anamnética, la cual consiste en rememorar aquello que se ha olvidado (Kaufman, 2011: 244). Pero este olvido no se trata de la imposibilidad de recordar hechos fácticos del pasado, sino que se trata del encubrimiento de los crímenes sobre los que asienta el sistema, el orden establecido. Un ejemplo claro de esto son los ex Centros Clandestinos en los que se vivió el horror de la represión ilegal. Pues estos sitios hoy forman parte del paisaje característicos de las distintas zonas de la provincia, funcionando en algunos, dependencias estatales como si antes allí no se hubieran padecido los peores sufrimientos. Esta normalización de estos espacios contribuye a silenciar la memoria, ocultar el pasado y reforzar la impunidad. Es por esto que los sitios donde aquellos campos de la muerte funcionaron, son tema de la razón anamnética, y son espacios de disputa de la memoria y de la verdad histórica. Como también lo son de la justicia social.

El terrorismo de Estado

La represión que se vivió en la provincia, y en todo el país, fue también parte de un proceso coordinado a nivel continental; se trató del llamado Plan Cóndor. El mismo fue un plan de exterminio de disidentes políticos en el Cono Sur de la región (ANM, 2009: 42). Sin embargo, no puede acotarse solo a esta operación internacional. El terrorismo de Estado no puede identificarse únicamente con la última dictadura militar comenzada con el golpe del 24 de marzo de 1976. El mismo, como concluyen investigaciones realizadas en los últimos años, no posee una fecha de inicio específica (SDHN, 2015a: 1574), sino que se trata de una progresión de largo aliento. Pueden establecerse continuidades desde que Onganía asumiera públicamente la doctrina de seguridad nacional en 1964, hasta los crímenes cometidos por el autodenominado proceso de reorganización nacional entre los años 1976 y 1983. Pasando también por el Estado de sitio declarado en 1974, y el decreto de aniquilamiento de 1975.

En el caso particular de los Centros Clandestinos de Detención como tales, verdaderos campos de concentración donde se cometieron innumerables crímenes contra la humanidad, estos habrían comenzado a funcionar en el último trimestre de 1974, según el Registro Unificado de Victimas del Terrorismo de Estado (ibíd). Estos lugares eran el principal soporte material del plan represivo, desde los cuales operaban los grupos de tareas que propiciaban los tormentos. Fue con el informe de la CONADEP, el llamado Nunca Más, que pudimos conocer cuál era la secuencia fundamental de la represión terrorista:

Secuestro – Desaparición – Tortura

Esta fue la premisa esencial de la metodología empleada por los genocidas (CONADEP, 1985: 15). La misma fue utilizada contra la subversión, pues se trató del aniquilamiento de disidentes políticos que eran considerados una amenaza para el sistema capitalista. Ocurre que en aquellos años la lucha de clases había escalado a nivel militar, enfrentándose en América Latina (y el mundo) los ejércitos opresores contra las guerrillas de oprimidos, las fuerzas reaccionarias contra las fuerzas revolucionarias. Y la revolución proletaria representaba una verdadera amenaza para la burguesía. Esta fue la motivación profunda que llevó al terrorismo de Estado a realizar un genocidio. Fue la persecución de una generación, la sustracción de ella del conjunto de la humanidad para cancelar su misma condición humana (Kaufman, 2011: 238-239), permitiendo así que pudiera ser objeto de los peores tormentos, incluida la desaparición final. Este terror tuvo como “base fundamental de operaciones” a los campos de concentración (CONADEP, 1985: 55).

Los Centros Clandestinos de Detención (CCD) en Santiago

Estos Centros (de ahora en adelante CCD), fueron el lugar donde las personas “vivieron su desaparición” (Ibíd). Es importante remarcar esto, puesto que la secuencia de la represión (supra) revela que la tortura sucedía durante la desaparición. Si bien en la jerga militar, el destino final era la desaparición, en realidad está ya se producía inmediatamente después del secuestro, y era el presupuesto necesario por el cual eran posibles las torturas masivas.

En Santiago del Estero funcionaron 14 campos de concentración como mínimo. Estos CCD habrían estado activos al menos desde 1975, según testimonios de los propios genocidas durante los juicios (Carreras, 2016a: 200-201). En el organigrama militar, la provincia estaba ubicada en la conocida como Zona 3 (en la cual se contabilizan 283 CCD), y más específicamente en la subzona 31. La designación de Santiago en este organigrama era la de Área 312.

El criterio que tomamos para los CCD, no es el mismo que se utilizara en el Nunca Más, sino que aplicamos el más reciente del Informe Ruvte-ILID, el cual describe para los CCD las siguientes características (SDHN, 2015a: 1575):

  1. Clandestinidad y secretismo
  2. Uso sostenido en el tiempo
  3. Instalaciones construidas, adaptadas o modificadas para albergar prisioneros
  4. Realización de interrogatorios y torturas por parte de los grupos de tareas
  5. Perpetración de las desapariciones y asesinatos

Es decir, que consideramos como un ex-CCD a todo lugar donde se hayan alojado detenidos ilegal o clandestinamente (ibíd). De estos 14 campos que funcionaran en la provincia, podemos destacar el ex campo de entrenamiento militar “Cnel. Lorenzo Lugones” ubicado en Santo Domingo, una propiedad particular en el ex campo militar Coronel Holmberg en La Banda, el otrora Departamento de Informaciones Policiales (D2) que hoy es una vivienda particular de amplias proporciones ubicada en Belgrano sur 1162 en ciudad capital, la comisaría 40º de Termas de Río de Hondo ubicada en Mariano Moreno 192 y que hoy forma parte del Depto. De Seguridad Ciudadana Nº6,  y el Batallón de Ingenieros de Combate 141, actualmente ocupado por Gendarmería.

Fueron estos los sitios del terror en la provincia, donde se produjo el exterminio de cientos de santiagueños y santiagueñas. La permanencia de algunos de ellos bajo el control de fuerzas represivas constituye, a nuestro parecer, una afrenta a la memoria de los 30000 desaparecidos, un baldón para sus familiares, hermanos, hijos y para la sociedad civil en su conjunto. Pues es la normalización e invisibilización de lo allí sucedido, de lo actuado durante el genocidio por los grupos de tareas. Es el olvido sobre el cual se erige el orden social que naciera de las consecuencias directas del terrorismo de Estado, y el soterramiento de las historias acalladas se constituye en la mayor defensa posible de sus pilares fundamentales y de las continuidades que aún existen entre el Estado constitucional y el Estado terrorista.

Memoria y juicios de lesa humanidad

La memoria colectiva que se ha venido construyendo en la Argentina de los últimos años, al calor de los juicios de lesa humanidad y la derogación de las leyes de impunidad, de la militancia de los organismos de Derechos Humanos y del compromiso de diversos actores sociales con la temática, ha tenido también sus jornadas épicas en Santiago del Estero. En el momento en que se escribe este artículo han tenido lugar en la provincia cuatro juicios de lesa humanidad, y el quinto está en pleno desarrollo. Se trata del juicio por el crimen de Cecilio Kamenetzky, tres Megacausas posteriores y una cuarta que aún tiene en vilo a la sociedad a causa de sus probables desenlaces.

En estos juicios la razón anamnética ha animado el retorno de la memoria, ha obligado a la comunidad santiagueña a rememorar aquello que desde los sectores más reaccionarios y oscurantistas del país se ha intentado desterrar al olvido. Los testimonios, las pruebas, las inspecciones por los ex-CCD, la defensa de los acusados, las fotos, documentos y análisis de todo material probatorio han interpelado la conciencia de todos quienes se han involucrado en el proceso. Pero no es solo una epopeya jurídica. Los organismos históricos de Derechos Humanos, las organizaciones sociales, políticas, sindicales y estudiantiles de distintas vertientes, las reparticiones de diferentes instituciones del Estado, actores sociales con y sin funciones en la vida pública, jóvenes con inquietudes morales y aun las diversas comunidades educativas del vasto territorio provincial, todos formaron número activo y operante de la emergencia de la memoria colectiva y popular. Libros, artículos, conferencias, debates, programas de educación y memoria, escraches, intervenciones artísticas y políticas, marchas y manifestaciones, toda producción del espíritu humano intervino a impulsar la gesta de la rememoración anamnética, multiplicando sus resonancias y devolviéndola así al campo social.

Los Sitios y Espacios de Memoria

No solo las condenas, los veredictos y la palabra de los protagonistas han desandado el camino del olvido, sino que ha sido una victoria de la política. El movimiento de Derechos Humanos argentino es uno de los más activos y preponderantes del mundo. Esta cuestión está muy bien reflejada en las palabras de uno de sus referentes:

“Será un estímulo para otros movimientos. No es un premio a una persona. Lo es a una organización, como también lo es a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Movimiento Ecuménico, las Madres de Plaza de Mayo, y los campesinos que luchan por sus tierras

[…] Nuestro mensaje es de fe y está dirigido a todo el mundo. No puede silenciarse esta cuestión.” (Declaraciones de Adolfo Pérez Esquivel al recibir el Premio Nobel de la Paz, citado en Jelin, 2005: 524)

Pero esta lucha militante ha logrado conquistar, en el tiempo, la legitimidad suficiente como para inspirar políticas de Estado. Un ejemplo de ellas es la Ley de Sitios de Memoria Nº 26691, que busca recuperar los espacios que otrora fueran campos de concentración, y convertirlos en núcleos desde donde pensar y vivir la memoria colectiva. La misma dispone en su artículo 1º: “Declárense Sitios de Memoria del Terrorismo de Estado, en adelante Sitios, a los lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención, tortura y exterminio o donde sucedieron hechos emblemáticos del accionar de la represión ilegal desarrollada durante el terrorismo de Estado ejercido en el país hasta el 10 de diciembre de 1983.”

Señalizar estos sitios es una forma de combatir el olvido y el silencio que desde algunos sectores de la sociedad tratan de imponerse para garantizar la impunidad. Sin embargo, no se trata solo de identificar y señalizar los sitios. Muchos de ellos son hoy Espacios de Memoria. Es decir que ya no están en manos de las fuerzas represivas, ni de organismos públicos o de particulares, sino que han egresado al campo social y están al servicio de las masas populares. Lugares como la Ex-ESMA, Olimpo, La Perla o La Casa de la Memoria en Resistencia, han sido resignificados y convertidos en espacios donde se llevan adelante todo tipo de actividades educativas, culturales, políticas y de investigación (SDHN, 2015b: 164).

Ayer estos espacios fueron centros de exterminio fundamentales desde donde se operó el genocidio, y hoy se han deconstruido para ser centros de vida comunitaria y resistencia popular. Son también fundamentales para que un proceso como el que hemos vivido y seguimos transitando haya podido tener la profundidad que logró alcanzar.

Sin embargo, Santiago del Estero, al igual que otras provincias, no posee ningún Espacio de Memoria recuperado para el pueblo. Los ex-CCD están en algunos casos incluso en manos de fuerzas represivas. Consideramos que esta provincia necesita recuperar estos espacios para su pueblo, y reivindicar de esta forma a sus centenares de desaparecidos, ex presos políticos y familiares víctimas del terrorismo de Estado. Como también reivindicar los derechos fundamentales del ser humano, para que nunca más vuelvan a ser quebrantados. Y finalmente reivindicar la condición humana misma para el pueblo santiagueño, al convertir aquellos viejos campos de la muerte en espacio de vida nueva y eminentemente digna de ser llamada humana. Santiago necesita otra gesta de memoria popular.

Bibliografía:


ARCHIVO NACIONAL DE LA MEMORIA (2009): De la Ley de Residencia al terrorismo de Estado: La actividad represiva del Estado ante los movimientos sociales emergentes durante el siglo XX. Buenos Aires: s.e.

CARRERAS, Julio (¿?): Secuestro, torturas y muerte de Cecilio Kamenetzky: Primer juicio de lesa humanidad en Santiago del Estero. Santiago del Estero: Quipu Editorial.

___________ (2016a): Diario del Juicio: Crónica de los Juicios por Delitos de Lesa Humanidad en Santiago del Estero 2010/2016, Tomo 1. Santiago del Estero: H.I.J.O.S: Asociación de Ex Presos Políticos de Santiago del Estero: Quipu Editorial.

___________ (2016b): Diario del Juicio: Crónica de los Juicios por Delitos de Lesa Humanidad en Santiago del Estero 2010/2016, Tomo 2. Santiago del Estero: H.I.J.O.S: Asociación de Ex Presos Políticos de Santiago del Estero: Quipu Editorial.

Comisión por la Memoria: Archivo Provincial por la Memoria: Espacio Para la Memoria La Perla (2011): Chaupinas de colección: Aportes para pensar los sitios de memoria como herramientas metodológicas en el aula. Córdoba: Ediciones del Pasaje.

CONADEP (1985): Nunca Más. Buenos Aires: Eudeba.

JELIN, Elizabeth (2005): “Los Derechos Humanos entre el Estado y la sociedad”, en Suriano, Juan (Dir.): Nueva Historia Argentina, T. 10: Dictadura y democracia (1976-2001). Buenos Aires: Sudamericana.

KAUFMAN, Alejandro (2011): “Historia y memoria: Algunas indagaciones teóricas para el marco analítico latinoamericano”, en Andreozzi, Gabriele (Coord.): Juicios por crímenes de lesa humanidad en Argentina. Buenos Aires: Atuel.

SECRETARÍA DE DERECHOS HUMANOS DE LA NACIÓN (2015a). Informe de Investigación Ruvte-ILID. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/sitiosdememoria/ruvte/informe

___________ (2015b). Memoria de gestión 2012-2015.

Disponible en: http://www.jus.gob.ar/media/3120336/memoria_gestion_2015_baja.pdf