Para qué un alfabeto quichua (en quichua)

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Por Héctor Andreani
UNSE Docente de la Tecnicatura Superior en Educación Intercultural Bilingüe – sachahector@gmail.com
Introducción

Estas son solo algunas preguntas y respuestas (faltan otras) para comprender argumentos de por qué es necesario que haya un sistema estandarizado de escritura quichua, dentro de las políticas educativas que contemplen su inserción como contenido a enseñar. Este texto está destinado a un público local, y por eso su referente empírico puede parecer extraño para lectores de otras latitudes. Un poco de historia, un poco de políticas educativas, un poco de tramas sociales y un poco de análisis de ciertas ideologías aplicadas a esta lengua nativa, componen los núcleos de argumentación de este texto.

¿Y cómo es esto de un alfabeto quichua?

En nivel universitario y en algunos otros (pocos) lugares de la provincia, se imparte la enseñanza de un alfabeto que está basado en la propia estructura de la lengua quichua. Parece raro decir esto, porque cualquier alfabeto debería estar basado en esa lengua que busca ser escrita. Sin embargo, en Santiago del Estero se ha cristalizado una idea muy perjudicial para el imaginario de la lengua quichua: la idea bastante generalizada de que solamente debe escribirse con normas del castellano. Tratemos de desarrollar algunos argumentos, en la idea de que una escritura quichua debe estar basada en la propia lengua, y no en normas exógenas de otra lengua. Lo contradictorio de esto, es que se enseña un alfabeto quichua, pero los pocos hablantes que pueden escribir, lo hacen con normas del castellano. Aclaramos que ese “meollo” tiene dos causas: es puramente ideológico (propio del provincianismo exacerbado) y es propio de la degradación educativa estructural, y no tiene relación con la lengua misma. Iremos explicando estas causas, pero también argumentos y propuestas para salir del meollo.

¿El alfabeto es solo algo del alfabeto?

No. La enseñanza del alfabeto supone conocer otros dos temas que están muy entramados entre sí: fonología quichua (es decir, el estudio de los sonidos que son significativos en esta lengua), y la estructura de la sílaba quichua. Ya veremos eso.

¿De qué autor me fijo para leer algo? ¿Qué autores usan un alfabeto quichua?

Los criterios elaborados por Xavier Albó (1992: 109) pensados en el contexto de una discusión entre autores de la zona andina a comienzos de los 90, siguen siendo muy importantes. Pero iremos complementando con otros criterios más actuales, que permiten reforzar lo que Albó llamaba “criterios funcionales” de un alfabeto quechua. Por ejemplo, autores quichuistas contemporáneos que escriben en un alfabeto quichua (Tebes 2009, Basualdo 2014, Guillín et al. 2012); los materiales de lingüística destinados a un público infantil (D´Alessandro et al. 2017) y a la formación de docentes (Albarracín 2009-2011-2016), los diccionarios modernos (Albarracín 2017), y la totalidad de los investigadores del campo científico (Alderetes 2001; Nardi 2002; Karlovich 2003; Lorenzino 2003; Tebes y Karlovich 2006; Andreani 2014; Juanatey 2014-2015-2017; Myler 2016, Estomba 2017; Torem y Karlovich 2018). Todos utilizan un alfabeto quichua basado en la propia estructura de dicha lengua. Es decir que no usan el alfabeto castellano.

¿Una frase para no perderme en el recorrido?

Una frase fundamental que tendremos en cuenta es:

Ningún alfabeto sirve para pronunciar, solo sirve para leer y escribir

¿No era que los alfabetos eran para pronunciar?

Pronunciar es emitir en voz alta los fonemas de una variedad lingüística. Pero ningún idioma lo hace, porque jamás se logra “pasar” a la escritura esos sonidos que se emiten entre los hablantes. Por ejemplo: si tuviéramos que “escribir como hablamos”, entonces deberíamos escribir en portugués “fuchibou”, pero sucede que ningún brasilero podría comprender lo que quisimos escribir. Sin embargo, se escribe “futbol” pero se pronuncia “fuchibou”. ¿Y si una muchacha francesa no comprendiera nuestro amor, porque en vez de escribirle je t´aime (yo te amo) habíamos decidido escribirle “Yetém” (refonemizado en castellano)? La muchacha se reirá de nosotros. Repito: ningún alfabeto sirve para pronunciar, solamente sirve para leer y escribir.

¿Qué debo tener en cuenta para un alfabeto quichua, o sea, un alfabeto de esta lengua minorizada?

Algo fundamental que no podemos eludir son los elementos negativos de la propia historia moderna de la lengua. Por ejemplo, cuando un idioma no posee una tradición de escritura, es inevitable que sufrirá fuertes presiones sociales (y lingüísticas) del sector social que habla la lengua dominante. Este punto es la principal clave, y las principales posiciones contra un alfabeto quichua autónomo, están basados en esta ideología.

Otros criterios, los que sean propios del alfabeto, son: que sea lo más pedagógico posible, económico, fácil y simple, que vaya articulado lógicamente con la estructura propia de la lengua (criterio lingüístico), y que sea socialmente funcional. Vayamos viendo esos criterios en detalle.

¿Fácil y simple?

Albó refiere que un alfabeto pedagógico tiene que tener los criterios de facilidad y simpleza. Algo que “podríamos denominar economía lingüística: si existen dos posibles soluciones fonémicas, será preferible la que exija menos fonemas y por lo tanto, menos letras”. Interesante, porque no se trata solamente de la idea inocente de que “corresponda” una letra por cada sonido (eso es imposible) sino que debemos buscar la menor cantidad de fonemas y letras correspondientes. Para Albarracín “mientras no se les demuestre convincentemente lo contrario, aprender un alfabeto notablemente distinto del castellano no es ninguna necesidad sentida [en la población]” (2009: 28). Esto significa que las normas del castellano son muy inadecuadas: por ejemplo, el fonema castellano /k/ se grafica con “k”, “q” y “c”. Esta disparidad de un fonema dibujado con 3 símbolos, genera los tristemente famosos “errores de ortografía” en alumnos de escuelas clásicas que enseñan castellano. ¿Por qué tener que aplicar el mismo criterio arbitrario para la enseñanza del quichua en las escuelas? Por el contrario, un alfabeto con un número reducido de normas, es mejor.

¿Hay criterios sociales “nuevos” para un alfabeto quichua?

La vinculación efectiva de la zona santiagueña con la zona andina no está solamente en su historia prehispánica (los Incas sí o los Incas no… dejemos de lado ese debate por el momento), sino más bien en las miles de personas reales y vivas del mundo actual, que hablan variedades quechuas de diferentes zonas, usan masivamente las redes sociales y escriben con mucha frecuencia en su variedad dialectal. Hay allí un “nicho” de economía regional para explotar a futuro, una verdadera vinculación con la zona andina, cuya clave se encuentra en la promoción, circulación y visibilización pública de una escritura quechua estandarizada, sobre todo legible en toda la zona andina (desde Chile hasta Colombia).

La clave de todo esto, está en el uso de un alfabeto fonológico (y económico-funcional) unificado que se usa en toda la zona andina (caracterizado a veces como alfabeto pan-dialectal), que homogeneiza las variedades dialectales, a la vez que respeta sus particularidades (como en el caso santiagueño). Se trata de un alfabeto quichua autónomo, basado en las propias normas del quichua (y no en las normas de otra lengua dominante, como el castellano).

Pero si hay pocos cargos de quichua en la provincia, entonces no hace falta pensar tanto lo del alfabeto

¿Y si hubiera 1.000 escuelas con cargos de quichua? ¿Acaso la enseñanza del alfabeto  quichua con normas del castellano, no generaría miles de chicos con bajas notas, porque supuestamente “no saben escribir” o “no aprenden bien la ortografía”? Lo mejor es tener un sistema de escritura lo más económico posible. Y evitar innecesariamente nuevas desigualdades educativas en ámbitos donde no debería haberlas (aulas con clases de quichua).

¿Económico?

Económico, en el sentido de usar la menor cantidad de símbolos para escribir. Suponiendo que en quichua dejamos de lado las tildes (la marca del acento en las palabras), y las usamos solamente en casos excepcionales: por ejemplo, cuando cae un sufijo.

¿Por qué no se hace directamente un alfabeto para cada dialecto?

Si nos ponemos muy “identitarios” porque queremos “dibujar” cada sonido de la lengua con una letra distintiva, jamás terminaremos de unificar criterios para todas las variedades quechuas que componen toda la familia quechua general. ¿Por qué esto último? Porque si hay 26 variedades, y cada variedad debiera escribirse en su alfabeto respectivo, terminaremos con 26 alfabetos diferentes. Como dijo un profesor quechuahablante, el apurimeño Niel Agripino González: “El peor enemigo de la lengua es el dialecto”. Cuando un dialecto busca ser más importante que otros y busca negar otros dialectos, o se convierte en otra lengua (pero que no debería llamarse “quechua” o “quichua”), o debe resignarse a ser lo que realmente es: una variedad que forma parte de una lengua, como todas las variedades.

En síntesis: no existe un alfabeto “santiagueño”, sino un alfabeto quechua, adaptado a las necesidades de cada contexto dialectal (lo cual no significa elaborar un alfabeto absolutamente diferente para cada dialecto). Repito: no existe un alfabeto quichua “santiagueño”. El criterio “provinciano” es un pésimo criterio para pensar las políticas educativas. La ciencia no tiene “provincias” preferidas.

¿Qué hago con los préstamos del castellano?

Otro criterio (parecido a la facilidad y la simpleza que debería tener un alfabeto) es saber qué sucede con los préstamos del castellano. La solución es sencilla: los préstamos del castellano van en castellano, y las palabras quichuas van en alfabeto quichua. Son dos sistemas fonémicos bien diferentes. Pero si hay préstamos de larga data que ya se incorporaron al quichua, se refonologizan y su escritura será usando un alfabeto quichua. Por ejemplo:

  • mana casukoq (desobediente, que no hace caso)
  • kasarakuy (casamiento)
  • law (lado)
  • voliakuy (volverse = “volia” proviene de “volver”, pero está tan refonologizado en quichua, y está tan incorporado a la estructura de la lengua, que ya deja de ser un mero préstamo)

¿Qué es eso de que un alfabeto debe respetar la estructura de la lengua?

En primer lugar, el alfabeto debe respetar el régimen silábico, que en el caso del quichua no puede separarse una cosa de otra. La sílaba quichua es una fórmula matemática que funciona con una regularidad sorprendente.

C (consonante) V (vocal) C (consonante)

CVC = es la estructura de la sílaba

Los márgenes son consonantes, pueden estar o no. Pero lo importante es que la vocal es el núcleo y siempre debe estar presente. No hay grupos de consonantes en una misma sílaba (CC) ni tampoco dos vocales (VV).

¿Qué consecuencias trae el conocimiento de la sílaba en la escritura?

Por ejemplo, la palabra “huaucke” (hermano, escrito en alfabeto castellano)

Por ejemplo, la palabra “wawqe” (hermano, escrito en alfabeto quichua)

¿Se puede analizar con un ejemplo?

w  a  w .   q  e  (el régimen silábico no se altera; el puntito “.” Indica la separación de sílabas)

  C   V   C .  C  V

  h  u    a  u .    ck  e

  C  V   V  V .  C   V  (el régimen silábico es alterado por un alfabeto basado en la estructura de la lengua dominante, el castellano, que acepta grupos de consonantes o grupos de vocales en la misma sílaba).

¿Qué criterios sociales hay para un alfabeto?

Este es el criterio más complejo, porque un alfabeto es ante todo un sistema de escritura manejado por sujetos vivos. En el caso del quichua santiagueño, no puede negarse la apabullante opresión del castellano. Albarracín (2009: 28) propone que “al diseñar cualquier alfabeto, se tengan en cuenta las soluciones dadas a sonidos semejantes dentro del alfabeto castellano, y que se adopten en la medida en que no creen mayores problemas”. Eso sucede principalmente porque quienes son quichuistas, fueron escolarizados exclusivamente en castellano. Como dice Albarracín: “por mucho que dominen la quichua, no saben escribir en dicha lengua”. Por ejemplo, aunque la lengua quechua en general solo posee tres vocales (a,i,u), la variedad santiagueña es la única que ha incorporado las vocales /e/ y /o/ por la excesiva interferencia del castellano.

¿Por qué me enseñan un alfabeto que no conozco?

Esa pregunta significa que quien la dice, jamás se escolarizó en quichua. Siempre lo hizo en castellano, entonces es lógico que crea que solamente existe el castellano para escribir otra lengua. Eso se llama linguo-centrismo: creer que la lengua dominante es la única posible, negando la existencia de otras.

Pretendiendo ser “buenos” y “tolerantes” porque debemos practicar supuestamente una actitud intercultural, terminamos aceptando la ausencia de conocimientos de la otra persona (su falta de escolarización en quichua), quien jamás pudo acceder a educación para escribir en quichua. En otras palabras: pretendemos ser interculturales, pero naturalizamos cada vez más las condiciones de miseria en las que esa persona accedió al sistema educativo aprendiendo solamente las normas del castellano.

¿Por qué no me dejan escribir solo en quichua? ¿Y si rechazo los préstamos en castellano?

Ese es un prejuicio viejo como el mundo. Significa que hay una supuesta “pureza” de la lengua, que no debe ser “contaminada” por el castellano. La pureza de la lengua no existe ni existió jamás. La verdad es que los préstamos de otras lenguas existen desde siempre. Del mismo modo que la historia europea del castellano se compone en gran medida del latín y en menor medida del griego y del árabe, también la historia del quichua posee sus propios préstamos no solo del castellano, sino de otras lenguas prehispánicas que dejaron su marca. Por ejemplo, no sabemos de qué lenguas provienen rrokoko y mistol; sin embargo, son préstamos de lenguas prehispánicas que no conocemos, pero que dejaron sus huellas en la variedad quichua que se habla actualmente.

A mí nadie me dice cómo debo escribir en quichua

Con el mismo criterio, jamás deberías haber ido a la escuela a aprender el alfabeto castellano. Por otra parte, si alguien se queja porque no quiere aprender ciencia en la escuela misma (y en este caso, un conocimiento basado en una teoría lingüística de terreno), significa que esa persona sencillamente no quiere aprender, porque no le interesa. Pero ese no-interés está motivado (respecto de la lengua) por una posición ideológica, no científica.

No hace falta que se enseñen cosas de lingüística quichua en la escuela

Con el mismo criterio, no deberían enseñarse otras ciencias en la escuela. Ni matemáticas, ni biología o geografía. Todas las lenguas poseen su propia gramática, y es misión de la ciencia buscar un modelo que permita explicar por qué los hablantes hablan como hablan. Nadie que sepa hablar, puede explicar (sistemática y analíticamente) cómo lo hace. Solamente cuando accedimos a las herramientas que la escuela nos brinda, podemos desarrollar nuestra propia explicación (a medias) de cómo funciona nuestro lenguaje. Para profundizar más, necesitamos a personas calificadas que puedan investigar y realizar descubrimientos legitimados en el campo científico específico de la lingüística.

Pero con el castellano de la escuela nos enseñan a…

Nos hemos olvidado de que la lingüística es una ciencia, como las demás.  ¿Qué cosas hacen en lengua? Memorizar los verbos, analizar oraciones según las consignas del docente, matar un cuento buscándole 5 sustantivos abstractos. A los docentes en lengua no se nos ocurre (jamás) mezclar las palabras “lengua” e “investigación” en el aula. En las otras materias, se intenta hacer algo parecido a la ciencia. En lengua, hacemos religión a secas, nunca hacemos ciencia. El viejo Saussure postulaba (aunque él no lo hizo nunca) que no se trata de enseñar a hablar, sino averiguar cómo lo hacemos. Es genial esta frase. Porque no son sólo sustantivos y adjetivos. Las “clases de lengua” en la escuela, el colegio y la universidad, nunca fueron clases de lengua; más bien, siempre parecieron misas para memorizar el rezo. Estoy hablando de cambiar la “clase de lengua”, por otra cosa: sería mejor convertirla en un laboratorio de investigación y juegos sobre el lenguaje. Eso debería ser la lingüística, aplicada al aula. Nunca te enseñaron a investigar el lenguaje humano en toda su complejidad social.

Lo mismo vale para el inglés, el francés o el chino mandarín. Y lo mismo vale para el quichua, el quechua de Ayacucho, el quechua de Huancavelica, el aymara de La Paz, o el chipaya de Oruro (Bolivia).

Pero el castellano es propio de la escuela, y el quichua viene siempre de la zona rural (del “monte”)

Error. Eso lo que te hicieron creer. Eso es una tremenda desigualdad social que vos naturalizaste. La falta de acceso a una escritura estandarizada de la lengua materna, es evidencia de derechos vulnerados.

Explico brevemente (con el riesgo de no ser comprendido): hasta hace poco menos de 70 años, incluso la burguesía agraria urbana y una porción muy significativa de agentes políticos hablaban quichua. La idea de que el quichua viene exclusivamente de una anciana sola, sentada en el patio de su ranchito, en el “monte”, es más bien un prejuicio de clase disfrazado de un sentimiento folklórico. Desde hace varias décadas que la lengua no solo está minorizada, sino que siempre se encuentra en relativo “peligro”. La idea de que el quichua es lengua de pobres, no solo es un prejuicio de clase, sino que también fue parte de un proceso histórico reciente (desde mediados del siglo XX hasta ahora) donde las capas obreras (y también las capas de la burguesía agraria) de todo el territorio se consolidaron directamente como capas mayoritarias de población sobrante al gran capital. El quichua no escapa a la historia de cómo se conformó la composición social moderna de Santiago del Estero (por eso, también, las migraciones masivas a Buenos Aires), y también de muchas otras provincias que terminaron siendo “inviables” al desarrollo del gran capital.

Es un alfabeto difícil de aprender. Porque está la –q y la -k que me cuestan

Ningún proceso educativo es sencillo. Este alfabeto en realidad es muy práctico y funcional, pero hay que conocer algunas normas (que son muy pocas) para poder comenzar a escribir en quichua.

Por otra parte, ¿a nadie le llevó esfuerzo alfabetizarse en castellano? Por supuesto que sí. Educarse requiere esfuerzo. Aprender es un trabajo que jamás se concretó en el sistema educativo (me refiero a aprender quichua, o aprender a escribir en quichua).

Este alfabeto parece difícil de aprender para chicos y adolescentes

Incorrecto. Ya se realizaron experiencias con adolescentes del dpto. Figueroa, con el objetivo de que escribieran un libro (Guillín et al. 2012), jamás tuvieron inconvenientes en aprender. Además, se realizaron actividades de relevamiento léxico en chicos de nivel primario en 2017 (Tiu Chacra, dpto. Robles) y los chicos no tuvieron ningún problema en ir aprendiendo el alfabeto quichua. Por otra parte, desde hace más de una década los alumnos del colegio “Konrad Adenauer” (Villa Salavina) aprenden parcialmente un alfabeto quichua autónomo: en junio de 2018 los mismos chicos dieron una clase al público en un evento cultural, y pudimos constatar que su conocimiento sobre el alfabeto es muy desarrollado. Por último, hay experiencias de enseñanza formal de lengua quichua en dos colegios secundarios y un instituto terciario de Catamarca: esos adolescentes no solo no cuestionan el alfabeto (quichua) que se enseña, sino que les gusta.

Este alfabeto es peruano, no es santiagueño

Eso es un prejuicio chauvinista que no tiene nada que ver con la lengua. Decir que “es peruano” es faltar el respeto a millones de quechuahablantes que no son solamente de Perú, sino también de Bolivia, sur de Colombia, Ecuador y norte de Chile. La escritura no tiene patria ni ranchito identitario. Además, decir que “es peruano” es ignorar que en Perú hay más de 16 variedades dialectales, algunas muy diferentes entre sí. Tampoco existe un “quechua argentino”, prejuicio reproducido pasionalmente por algunos chauvinistas del ámbito local. La variedad quichua santiagueña es una variedad dialectal que se habla en el territorio de lo que hoy es Santiago del Estero y gran parte del conurbano bonaerense (por las migraciones históricas de santiagueños a Buenos Aires).

Decir que “el quichua santiagueño es el quechua argentino” es manifestar lo que se conoce como racismo lingüístico: es negar, por ejemplo, la existencia de medio millón de residentes bolivianos que hablan sus variedades en Argentina. ¿Será que por ser bolivianos no merecen derechos educativos en Argentina como el resto? Bueno, esa ideología xenófoba es lo que hay por debajo de “el quechua argentino”.

Por otra parte ¿alguien está en condiciones de decidir qué es “lo santiagueño”? Si una persona dice que un alfabeto “no es santiagueño”, es porque recurre a posiciones identitarias pasionales que no tienen relación con el aprendizaje de un alfabeto. Dejemos la pasión por un rato, y pongámonos a estudiar la realidad sociolingüística de una comunidad, en serio.

Pero este alfabeto no es la signografía de Domingo Bravo

Era solo esperar a que apareciera su nombre (lo cual es un indicio fundamental de lo que se problematiza en este texto). Hay un prejuicio moral muy intenso: creer que un alfabeto pertenece a una persona, como si fuera propiedad de una patronal. Así suelen pensar algunas personas en nuestra provincia, atribuyendo objetos a supuestos “dueños”. La “signografía” fue la denominación de Bravo a su alfabeto quichua (basado en normas castellanas), con la idea de diferenciarlo del “alfabeto” que era propiamente del castellano. Pero signografía fue un concepto que Bravo tomó del diccionario quechua de Jorge Lira, quien en 1944 argumentaba que había inventado el concepto para distinguir al quechua de otras lenguas. Eso es un error grave, puesto que “alfabeto” es la denominación general para cualquier sistema de escritura en cualquier lengua. No existe una denominación diferencial de un alfabeto como si fuera “signografía” para que una lengua deba diferenciarse de otras lenguas: se trata de un prejuicio chauvinista. Además, “signografía” como palabra compuesta es una tautología inútil (signo + grafía) dado que como concepto técnico no tiene validez.

El concepto “signografía” solo sirve para que algunos ancianos lo refieran pasionalmente mientras recuerdan a su maestro de quichua (Bravo) transformado en “patriarca”, actitud que nada tiene que ver con el avance científico en lingüística y las actuales políticas educativas en Educación Intercultural Bilingüe que deben implementarse en la provincia.

Brindo un ejemplo de contraste: hay un profesor que enseña quichua en San Fernando del Valle de Catamarca. Tiene 12 horas repartidas en dos colegios y un instituto superior. Jamás recibió reclamos de sus estudiantes (adolescentes y jóvenes) respecto del alfabeto quichua que enseña. ¿Por qué será? Porque el chauvinismo tiene también límites geográficos, no solo ideológicos. Porque el reclamo negativo hacia un alfabeto quichua, proviene de estrechos límites que solo tienen legitimidad en estrechísimos espacios etarios de Santiago del Estero.

Pero la signografía se enseña desde la década del 50, y no puede alterarse eso

¿Dónde? Nunca me enteré. La historia de la llamada “signografía” es la historia del fracaso educativo de intentar una escritura castellanizada del quichua, creyendo que así la lengua iba a sobrevivir (por la idea de que el quichua santiagueño es una “isla” dentro del castellano). Después de 70 años desde la publicación de la gramática de Bravo (1956), solo existe un cargo de enseñanza de nivel primario rural, y solo 20 horas en un colegio rural. No hay más nada. Si la “signografía” hubiera sido exitosa, hoy habría miles y miles de quichuistas escribiendo y publicando su pensamiento con la “signografía”, mediante diferentes formatos de comunicación. Pero eso no sucede. La realidad ha demostrado que escribir quichua con normas castellanas es un fracaso histórico. Eso asegura, además, que se siga otorgando prestigio a las normas del castellano, desconociendo (repito) la estructura interna del quichua.

Es hora de entender que un alfabeto es parte de un proyecto educativo mayor, que va más allá del contexto provincialista. Es hora de entender que un alfabeto quichua debería responder a la propia estructura de la lengua, y obtener una autonomía de criterios que le permita ser ella misma, en la propia trama social de quienes hablan (y también de quienes no hablan quichua).

¿Acaso no se enseñaba la “signografía” en el curso universitario que daba Bravo?

Esto fue desde comienzos de la década del 80 hasta fines de la década del 90. Fueron 22 años donde pasaron solo 88 personas. Estadísticamente no pareciera haber sido un curso tan exitoso como podría haberse esperado. Una explicación posible para esa “mitificación” del curso de Bravo es la inexistencia de masa crítica en ese período, y sobre todo, de ausencia absoluta de debate intelectual sobre políticas lingüísticas. Por otra parte, en la diplomatura universitaria de quichua (que se imparte actualmente en la universidad) ya pasaron 400 personas en 10 años, y nadie está actualmente “mitificando” la supuesta importancia de ese número, pero esta situación puede comprenderse mejor si observamos la diversidad de ofertas educativas y un público más exigente que ya no se conforma con una mirada unilateral acerca de la lengua (como ocurría en el contexto anterior). Cabe aclarar que hasta la década de los 90 no estaba conformado el campo científico sobre el quichua en la provincia. Para esto, se necesitan científicos que aborden la lengua, que la registren y contrasten con otros autores, que sean evaluados por “pares” del mismo campo científico, y que publiquen sus hallazgos. Se necesitan agentes educativos sólidamente formados que realicen transferencia de conocimientos. Eso jamás sucedió en la provincia, sino que el cambio llegó con nuevos agentes científicos y docentes que son muy posteriores a Bravo. La propuesta de un alfabeto quichua (coherente con la lengua misma) es consecuencia con este último proceso.

Si alguien escribe así nomás, sin haberse escolarizado ¿tengo que corregirlo?

A nadie hay que corregir, si esa persona no accedió a la escolarización en su lengua nativa. Pero si alguien logró escolarizarse, hay que exigirle que sea responsable con lo que aprendió.

Brindo un ejemplo: ante la oportunidad de trabajar juntos en un proyecto de Educación Intercultural Bilingüe ¿cómo podría confiar en alguien que estudió y se alfabetizó, pero no quiso aprender, teniendo la oportunidad de acceder a la educación pública? Yo en esa persona con confiaría en trabajar nada de nada. Menos en temas educativos. Es como si alguien hubiera aprendido sistemáticamente educación sexual integral (ESI) y esa persona siguiera repitiendo preconceptos religiosos sobre la sexualidad humana. Es como haber aprendido matemáticas complejas, y después esa persona decide seguir usando los dedos para contar los números. Lo mismo sucede con la escritura quichua.

Lo que sí podemos hacer, es explicar estos temas a las personas que no pudieron escolarizarse. Hacerles entender. Hay una función pedagógica que debemos asumir. Cualquier alfabeto, en cualquier parte del mundo, es parte de un proceso educativo. Obvio.

¿Por qué la “signografía” pertenece a la etapa pre-científica de la lengua?

Porque el alfabeto propuesto por Bravo (1956) está basado en normas del castellano. Pasaron 70 años desde esa perspectiva, en cuyo momento ni siquiera había bases firmes para pensar una lingüística andina, y el desarrollo de un campo científico en Santiago del Estero (formación universitaria mediante) tuvo que esperar a estos últimos años recientes de nuestro siglo. Hoy sí hay, y desde hace varias décadas, un campo científico de lingüística en toda la zona andina. Y por cierto, es un campo muy consolidado de especialistas. Cabe agregar que muchísimos de ellos son quechuahablantes nativos que accedieron a una alta escolarización.

Hay varias formas de matar una lengua: o por genocidio, por guerras, por imposición de la hegemonía, o (lo que aquí nos interesa) asimilando una lengua con la estructura de otra lengua. No puede hacerse ciencia confundiendo tan burdamente las normas de una lengua, aplicadas a la estructura de otra lengua que es tan diferente. Bravo tuvo relativo éxito en capas intermedias de maestros rurales y urbanos, puesto que ese fue su círculo constante durante décadas. Pero eso no asegura ni habilita a desarrollar una perspectiva científica de la lengua: el relativo “éxito” de la “signografía” es evidencia, precisamente, de que no hubo un campo científico desarrollado: el alfabeto castellano fue lo único que los agentes educativos tuvieron a mano durante décadas. No había otra cosa, porque nuestra provincia es reflejo de una periferia estructural al gran capital. Pretender que eso es lo que debe promoverse, es haber naturalizado condiciones de miseria del sistema educativo.

El quichua no necesita escritura. Suficiente con que la gente hable. Y nada más

Error. Ya no tiene más fuerza esa idea de que la oralidad de por sí salva a la lengua. Hasta hace unos años, solía argumentarse eso. Hoy en día, es fundamental que las lenguas nativas sean escritas. No hay negociación posible con eso. Hay que escribir.

Me quieren enseñar un alfabeto que no me gusta

No existen alfabetos que “gusten”. No se trata de “gustos”, sino de políticas lingüísticas y políticas educativas hacia una población que necesita desarrollar una verdadera autoría de su palabra. Un alfabeto se va aprendiendo en la escuela. Ya demasiadas actitudes dogmáticas hubo con el alfabeto castellanizado de Bravo. Es hora de ofrecer argumentos serios para otra propuesta que al menos tiene lógica y rigor científico (no olvidemos que la escuela enseña ciencias y artes, no posiciones religiosas). Hay que saber explicar lo que la realidad de la lengua nos permita analizarla, y no desde las pasiones provincianas que son producto de la hegemonía.

Quieren colonizarnos con el uso de la –q y la –w porque son del inglés

Muy gracioso. Puro prejuicio moral. Hay cientos de lenguas que usan esas letras, y solamente sirven para leer y escribir, no para pronunciar. Una letra cualquiera no es representativa de ninguna lengua. Cualquier lingüista te lo diría.

Pero pasemos a lo de la “colonización” (esperen que me arremango): ¿qué situación más “colonizada” que escribir en quichua con normas del castellano? Si algunas personas “progresistas” desean servir a los intereses “descolonizadores” de una lengua nativa, primero deberían estudiarla, y después aprender un alfabeto que busca ser autónomo respecto del castellano. Además, la lingüística quichua no está a los “servicios del imperio” (parece que “ciencia” es una mala palabra para las personas progresistas que buscan “descolonizarse”) sino que está basada en investigaciones de terreno, consultando siempre la intuición lingüística de los hablantes.

Pensar en un alfabeto quichua enseñado en la escuela, es lo mismo que la mirada de Sarmiento. Es lo mismo que la mirada de la Real Academia Española y sus normas

Eso es muy incorrecto y prejuicioso. El alfabeto quichua está basado en la estructura misma de la lengua. Y para conocer esa estructura, se necesitaron muchos años de investigación en terreno, haciendo lo que se llama lingüística de campo, consultando a los hablantes, quienes en su intuición van evidenciando qué se entiende y qué no de X expresión, o X oración, o X tiempo verbal. Se trata de una lingüística descriptiva (describe lo que hay). No es una lingüística prescriptiva (que aplica sanciones y normas rígidas a quien se “salga” de la norma). Pero por otra parte, las normas existen y son necesarias para socializar en la vida adulta y laboral. Es feo decirlo para quienes pretenden la libertad absoluta, pero es necesario. Necesitamos normas convencionales y unificadas para la lengua. Lo bueno de este caso (alfabeto quichua) es que son pocas normas.

Por otra parte, creer que un alfabeto quichua es exactamente lo mismo que el “normativismo” castellano, ya es caer en el nihilismo absoluto y en la negación total de conocimiento. Es considerar que la lengua no merece ser escrita con normas propias, y sobre todo, es creer que a los hablantes hay que dejarlos abandonados a su suerte, y dejarlos morir con su lengua sin escritura.

En síntesis: ¿nunca te sucedió que escribiendo lo que quieres escribir, sientes que te liberas? Aprender ciertas normas para liberarse, debería ser la consigna. Pensalo en relación a los hablantes de una lengua minorizada, quienes jamás accedieron a esa liberación.

¿Por qué entonces es necesario un alfabeto quichua?

Porque un alfabeto propio está basado en investigaciones. No es cualquier ciencia: se trata de posiciones científicas que están al servicio del conocimiento de los quichuistas. Que ese saber no haya llegado a ellos completamente, da cuenta del desafío futuro, pero también del fracaso educativo del pasado (basado exclusivamente en el castellano).

En síntesis: un alfabeto quichua es útil socialmente, porque permite un código en común para visibilizar derechos vulnerados a nivel de lenguas. Es sumamente importante entender que los quichuahablantes (por la historia social, por el tipo de sistema educativo y sobre todo por la historia reciente de la dinámica capitalista) jamás han tenido acceso al conocimiento científico-educativo de su lengua. Esa ausencia de derecho ha sido tan naturalizada, que los mismos quichuahablantes aceptan sin más que “el quichua se habla, no se escribe”.

Por todo lo desarrollado, van estos argumentos para discutir y expandir la lengua.


Bibliografía

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Albó, Xavier (1992). “Criterios fundamentales para un alfabeto funcional del quechua”. En Godenzzi, Juan C. (comp). El quechua en debate. Ideología, normalización y enseñanza. Cusco: Centro de estudios regionales y andinos “Bartolomé de las Casas”.

Alderetes, Jorge (2001). El quichua de Santiago del Estero. San Miguel de Tucumán: UNT.

Andreani Héctor (2014). Quichuas, picardías y zorros. Conflictos y tácticas en una comunidad bilingüe. Santiago del Estero: EDUNSE.

D´Alessandro, Julián; Juanatey, Mayra; Navarro, Josefina (2017). Akuychis 1. Kichwata rimanaychispaq. Buenos Aires: Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Estomba, Diego (2017).  “¿Dónde te me lo has ido?” Dilemas de traducción del quechua santiagueño”. En: IV Encuentro de Lenguas Indígenas Americanas. Facultad de Ciencias Humanas – Universidad Nacional de La Pampa – 20 al 22 de Setiembre de 2017.

Guillín, C.; López, O.; Torrez, A.; Pérez, M.; Guillín, R.; Barraza, E.; Guillín, C. (2012). Wawqes Pukllas. Libro juvenil quichua. Buenos Aires: En el aura del sauce.

Juanatey, Mayra (2014). “Estrategias de relativización en quichua Santiagueño”. En: VI Congreso Internacional de Letras, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, 2014, ISBN 978-987-4019-14-1

—————— (2015). “Narrativa en quichua santiagueño. El paradigma de los tiempos pretéritos”. En: Exlibris, Revista del Departamento de Letras, Nº 4, pp. 309-324.

—————— (2017). “Relaciones entre eventos: la codificación de Manera (-s) en quichua santiagueño”. En: Signo y Seña, Nº 31, pp. 54-66.

Myler, Neil (2016). Building and Interpreting Possession Sentences. MIT Press Scholarship Online.

Lorenzino, Gerardo (2003). “Bilingüismo y migración urbana: el quechua santiagueño”. En: Selected Proceedings of the First Workshop on Spanish Sociolinguistics. En Línea: www.lingref.com, document #1007.

Sosa, José Antonio (2014 [1953]. Pallaspa Chinkas Richkaqta. (Traducción y notas a cargo de Lelia Albarracín y Sebastián Basualdo). Santiago del Estero: Idearte.

Sosa, José Antonio (2018 [1953]. Pallaspa Chinkas Richkaqta. (Traducción y notas a cargo de Atila Karlovich y Gabriel Torem). Santiago del Estero: Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero.

Tebes, Mario; Karlovich, Atila (2006). Sisa Pallana. Antología de textos quichuas santiagueños. Buenos Aires: EUDEBA.

Tebes, Mario (2009). Castañumanta Yuyayniy. Ni los años ni la distancia. Buenos Aires: Dunken. 


ANEXO

¿Y al final cómo son las “letras” del alfabeto quichua?

Modos Oclusivas Fricativas Nasales Lateral Vibrantes Semicon

sonantes

Pto.de Artic. Sordas Sonoras Sordas Sonoras  .. Simple Múltiple
Bilabial  p

punku

puerta

b

burru

burro

 m

mayu

río

w

willa

liebre

Labiodental  f

qeshifra

pestaña

Alveolar  t

tanta

pan

 d

dominiku

picaflor

 s

sapi

raíz

 n

nina

fuego

 l

likra

ala

(2)

 r

rumi

piedra

 rr

rraku

grueso

Palatal  ch

chaki

pie

 sh

shishi

hormiga

 ll

llantu

sombra

 ñ

ñawi

ojo

 y

yaku

agua

Velar  k

killa

luna

(1)

g

nigri

oreja

h

qomereho

lagarto

Postvelar q

qara

cuero

(1)

. . gg

ochoggo

un ave

. . . .. .
b, d, g, f, h  y rr  aparecen en préstamos del español y del sustrato, y excepcionalmente en algunas palabras quichuas (qeshifra, nigri, etc.) (en Alderetes 2001: 139)

cuadro

Explicación de los fonemas

Punto de articulación

El lugar donde ocurre un sonido. Ese lugar puede ser los labios (labial); los dientes (dental); los alveolos detrás de los dientes (alveolar); el paladar (palatal), el velo del paladar (velar),  posterior al velo (posvelar). También puede participar la lengua (apical).

 

Consonantes

 

 

 

Cualquier sonido que no se prolonga en el tiempo. Se caracteriza por la articulación en un punto y un modo definido. Por ejemplo: si describo ese sonido como “oclusivo bilabial sordo”, es el sonido [p]. Oclusivo: porque se obstruye el aire, y después sale abruptamente. Bilabial porque el lugar donde ocurre ese sonido es donde se encuentran los dos labios. Sordo porque no vibra la garganta.

 

Vocal Sonido (fono) que se prolonga en el tiempo.

Históricamente, siempre hubo solo 3 vocales en quichua (a,i,u). Pero se agregan e,o solamente cuando las vocales i,u entran en contacto con la posvelar /q/.

Modo de articulación
Es el modo como se le ponen obstáculos al aire
OCLUSIVO: se obstruye el aire y se lo deja salir con fuerza (p, t, k)
FRICATIVO: hay fricción o frotamiento entre dos partes de la boca (b, d, g)
NASAL: el sonido sale por la nariz porque se cierra completamente la boca (m, n, ñ)
VIBRANTE: vibra la lengua en la zona alveolar, es decir, detrás de los dientes, donde se ubican las encías (r, rr)
LATERAL: la lengua bloquea parte de la boca, y el aire sale por los dos costados (l; ll, sh)
Actividad de las cuerdas vocales Se refiere a la vibración (sonora) o no (sorda) de las cuerdas vocales. Por ejemplo: r, ll, d, son sonoras. En cambio t, sh, s son sordas

 

Cuadro de diferencias entre alfabetos

  Alfabeto denominado “signografía” Alfabeto quichua
Autores (Bravo 1956)

Sigue la normativa castellana

Tiene las características de ser un “alfabeto fonológico pan-dialectal”. Es usado por la totalidad de los científicos del campo de la lingüística andina (Cerrón Palomino 1987, Alderetes 2001; Tebes y Karlovich 2006; Albarracín 2009; Tebes 2009; con leves diferencias en Nardi –en Albarracín et al. 2002, Juanatey 2016; Estomba 2017; Torem y Karlovich 2018, entre otros).
Aspectos fonológicos

 

Ejemplos

 

 

 

Ejemplos

Confusión en semiconsonantes:

Palabras con el segmento –ay  (pay, nockayku) y en otras con diptongo –ai (huaina, huaira).

Utiliza un solo criterio para –ay:

pay / noqayku 

 

wayna / wayra

(descripción errónea de fonemas)

/sh/  atashpa

/sh/  ashca

/sh/  shishi

/x/    suj

/x/    sumaj

(descripción adecuada de fonemas)

/ll/   atallpa

/ch/  achka

/sh/  shishi

/x/    suk

/X/   sumaq

Aspectos económicos Empleo innecesario de diacríticos provenientes de la normativa castellana: apóstrofo, tilde, etc. Se descartan numerosos símbolos ortográficos que son innecesarios

Sólo se usa tilde para marcar un sufijo topicalizador en grado cero, o algún otro sufijo que cae completamente. Por ejemplo:

warmiyké < warmiyike[qa] <

warmiykiqa

Pauta silábica de lenguas andinas

 

 

Ejemplos

Estructura (CVC)  =  (V) núcleo vocálico +  (C) lindes consonánticas
No sigue el criterio CVC:

Surgen diptongos y triptongos

(quebrada) huaico > huai.co

cvvv.cv

 

(gordo) huira > hui.ra

cvv.cv

Sigue el criterio CVC

 

wayqo > way.qo

c v c. c v

 

wira > wi.ra

cv.cv

Aspectos

pedagógicos

a) Al igual que la disparidad fonémica en el castellano, se generarían “errores de ortografía” evaluados como tales en clase.

 

 

a) Se cuestiona que “no se parece al castellano” y por ello no se comprendería. Sin embargo, una experiencia reciente demuestra que adolescentes bilingües lo reconocen fácilmente.
Implicancias en políticas lingüísticas b) Es ilegible en el sector andino quechua, y va a contracorriente de los intentos de unificación alfabética b) Es utilizado en la enseñanza superior en Santiago del Estero, en la formación actual de docentes, en el ministerio de educación, y ampliamente usado en otros países.