Por Lucas Cosci

En los días 28 y 29 de septiembre del año en curso, la Universidad Católica de Santiago del Estero recibió la visita del Dr. Julio César Sal Paz, quien ha llevado a cabo un curso de Escritura académica, organizado por la Facultad de Ciencias de la Salud, destinado a los estudiantes y profesores de la UCSE con interés en mejorar las competencias discursivas involucradas en la producción de textos académicos. Su participación ha sido una oportunidad para mantener un dialogo con Revista Trazos Universitarios.


L.C.: ¿Cuál es el lugar que tiene hoy la escritura en los procesos de producción de conocimiento?


J.C.S.P.: Es un lugar central, aunque que muchas veces sea dejado de lado. La escritura tiene un poder epistémico que, si bien no se desconoce, tampoco se lo analiza en profundidad. Eso está comprobado. Además, hay una relación dialógica entre el pensamiento y el lenguaje. Cuando verbalizamos el pensamiento y lo convertimos en palabra a través de la oralidad, se clarifica. Esto se potencia mucho más cuando lo llevamos a la escritura. En general, la escritura nos permite organizar las ideas que tenemos. Entonces, en una actividad académica, por ejemplo, cuando estamos obligados a sistematizar información, apelamos a un cuadro sinóptico, a una lluvia de ideas, a un esquema de contenido, o a otras técnicas para jerarquizar esos pensamientos. Así, las ideas que queremos concretar en un artículo de investigación se comprenden de mejor modo cuando efectuamos un índice tentativo que nos permite descubrir y patentizar las conexiones que tienen esos pensamientos, que de alguna manera se nos representan como sueltos y difusos antes de estructurarse e integrarse en la escritura. En consecuencia, hay una relación evidente entre pensamiento y escritura. La escritura es el vehículo del pensamiento; el vehículo del conocimiento, justamente. No desconozco el lugar de la oralidad, pero sabemos que la tradición académica contempla la escritura como su vehículo central. Entonces, la tecnología de la palabra, en términos de Walter Ong, sirve para eso. La escritura ha permitido democratizar el conocimiento, llevándolo a determinados círculos y contextos al que antes no llegaba. Con internet esto se potencia mucho más. Esa es la importancia. Hoy en día hay un concepto esclarecedor para entender este asunto y pertenece a Paula Carlino, una investigadora argentina especializada en la pedagogía de la lectura y la escritura en la Universidad. Ella habla de alfabetizaciones académicas en plural. Eso implica que no se termina de aprender a escribir nunca, ni siquiera en la Universidad, y que esos procesos de enseñanza aprendizajes son múltiples y variados y dependen de las culturas disciplinares e institucionales donde se insertan. Ese es uno de los grandes problemas que tenemos.

L.C.: Según esta idea. ¿la escritura sería una instancia que completa el proceso de conocimiento?

J.C.S.P.: Más que completarlo, a mi juicio, la escritura asume una relación dialéctica con el conocimiento, lo modifica y delimita, le da carácter lineal a algo que antes tenía forma reticular. Esa es la clave. Hay una dialéctica entre el conocimiento y el proceso de escritura. Podemos tener una idea muy clara, pero si no la verbalizamos en un escrito, eso se perdería. Y al revés, lo mismo. Podemos escribir muy bien, con destrezas y habilidades desarrolladas y adquiridas en el seno de una comunidad discursiva particular como la Universidad, pero si las ideas que tenemos no son originales y simplemente constituyen reformulaciones de otras, tampoco va a llegar a buen puerto ese proceso. Entonces hay una interacción motivada y necesaria entre el proceso de pensar y el de escribir.

L.C.: En la cultura académica actual hay una fuerte presión para que el investigador esté permanentemente dando cuentas de su tarea, a través de una producción escrita. Entonces un momento fundamental en la formación del investigador es el aprendizaje en la escritura, la adquisición de habilidades para producir textos. Teniendo en cuenta tu compromiso con la enseñanza a través de talleres de escritura académica, ¿Cuáles son las principales dificultades con que se encuentra el investigador a la hora de escribir?

J.C.S.P.: Esas dificultades tienen que ver, en primer lugar, con que no estamos acostumbrados a reflexionar sobre el valor que tiene el escribir de determinada manera. Siempre está la idea de “bueno, si se entiende lo mismo”. Queda resignado a un segundo plano la retórica, el poder que tiene la palabra. La estrategia de comunicar pasa a un segundo lugar. En realidad tiene un lugar central. Es decir, hemos perdido esa capacidad de entender la escritura como manifestación del pensamiento. Cuanto más adecuada sea a los fines que me propongo, más persuasiva va a ser. En ese sentido la escuela no enseña a escribir artículos de investigación. No enseña a escribir ni a leer artículos científicos. Se debate muy poco de eso en las clases de lengua. Generalmente en los últimos años del sistema educativo, la literatura tiene un lugar central y se escriben ensayos que tienen que ver con la creación literaria, o con la lectura de la prensa y no tanto con producción de conocimiento científico. Eso trae aparejado que cuando el estudiante llega a la Universidad, se da con que tiene una cultura académica, con sus normas y sus géneros que no maneja. Y tiene que formar parte de esa comunidad de discurso; tiene que aprender de esas prácticas discursivas que circulan para poder convertirse en un experto. Esto a colación del plagio. Se habla de que el estudiante a veces plagia cosas. Creo que no es un plagio en realidad. Porque si tomamos, por ejemplo, las nuevas generaciones -que han sido formadas con el paradigma digital, con el trabajo colaborativo-, en Twitter, retwitean información de otros, reconociendo la autoridad de una palabra. En Facebook pasa exactamente igual. Si esta práctica la desarrollan en su vida cotidiana ¿por qué querrían plagiar en la universidad? Mi respuesta tentativa e intuitiva a este asunto es porque desconocen el mecanismo de transmisión del conocimiento académico en realidad. Están acostumbrados a la monografía escolar, que era cortar y pegar información de internet, pero no a citar fuentes, y a emplearlas como autoridad de respaldo de las propias ideas. Eso no te lo enseñan. Y para eso están los cursos de escritura: para mostrar cuáles son las convenciones que tienen las comunidades de discurso. Si no las manejamos, quedamos afuera o, incluso nos tildan que hemos plagiado un trabajo, de que hemos hecho esto de manera no adecuada. Si llevamos a esto a nivel de investigación es mucho mas seria la cosa. Primero, porque en el caso de las humanidades y de las ciencias sociales estamos encorsetados al ámbito de las ciencias duras. Incluso hoy con todos los avances que puedan reconocerse -a nivel de apertura cognitiva y con el lugar que ocupan las humanidades en un contexto como el CONICET- seguimos siendo evaluados con mecanismos de las ciencias duras. Un paper, por ejemplo, tiene hoy que tener discusión, que en los trabajos académicos de nuestras culturas disciplinares antes no existía como un subtítulo diferenciado en la estructura de un trabajo académico. Entonces, no solo debemos producir y dar cuentas de nuestras investigaciones, sino que al hacerlo tenemos que adaptar nuestras investigaciones a los cánones de comunicación vigentes en el sistema actual. Y eso ha traído aparejado un reacomodamiento en distintas áreas, que hace que los cursos de escritura se vuelvan necesarios. Sobre todo también pensando en que escribir es difícil para todos. Escribir cualquier cosa es complicado, para la gente de letras y para quienes no lo son. A todos nos cuesta. Porque es una tarea que necesita revisión, es el manejo de una determinada tecnología. No es lo mismo que la oralidad que es una habilidad innata o adquirida en el hogar, según la corriente teórica a la que adhiramos. La escritura académica implica un trabajo intelectual de apropiación de los modos de decir propios de un ámbito disciplinar, de los propósitos específicos que se quiere comunicar y de los mecanismos y recursos con los que se cuentan para hacerlo del modo más apropiado.

L.C.: Un último tema que lo has tocado hace un momento y sabemos que es parte de tus preocupaciones: La incidencia de la tecnología en la escritura en general, académica y no académica. ¿Se puede decir que existen nuevas escrituras, nuevas gramáticas?, ¿Cuál es tu mirada sobre la cuestión?

J.C.S.P.: La aparición de cada nuevo medio de comunicación en el ecosistema mediático de la sociedad, hace que se reacomoden las piezas del circuito. Con la llegada de internet han surgido nuevas gramáticas, que en un primer momento son vistas como amenazantes por la cultura tradicional, hegemónica, dominante. Pero poco a poco van encontrando su lugar. Nunca hubo una buena relación entre discursos y prácticas vernáculas con las prácticas académicas. La academia es siempre propensa a mantenerlas lejos y a cuestionarlas. Si bien la palabra sigue teniendo un lugar central, es un hecho que hay nuevas gramáticas que circulan en internet. Se decía que con el advenimiento de la red se iba a escribir menos y que la imagen iba a tener un lugar hegemónico. No fue así. Pero hoy en día, con las últimas generaciones, estoy matizando estas intuiciones. Pensemos, por ejemplo, en una red social como Instagram. Los adolescentes de hoy han mutado sus interacciones digitales de Facebook a Instagram, donde el papel de la imagen es preponderante. En términos de Barthes, nos preguntamos ¿la palabra está anclando a la imagen? ¿La imagen está en relación con la palabra? ¿Qué tipo de vínculo establecen? Por ejemplo, ante la pregunta “¿cómo estás?”, aparece la foto de amigos desayunando en el bar. No escribimos. La imagen está siendo un motivo de intercambio o de interacción. Eso en el campo de las prácticas cotidianas interaccionales. Si lo llevamos al ámbito de la Universidad, la aparición de internet ha cambiado la lógica de la publicación. Hoy nadie publica trabajos académicos en papel. Las revistas son digitales, porque tienen un mayor alcance. Entonces sí, hay una incidencia de la tecnología sobre la práctica y, por ende, también sobre la escritura. Porque no se escribe del mismo modo un trabajo académico para internet que para una revista impresa. Antes nos pedían que sean menos páginas porque era más costosa la edición. Hoy las revistas pueden tener artículos mucho más extensos. Hay una lógica que también ha ido mutando en ese sentido. La publicación de gráficos, de imágenes, resultados, hace que sea diferente. Y surgen los repositorios de acceso gratuito en los que las universidades latinoamericanas están incursionando.

L.C.: Muchas gracias.

Julio Cesar Sal Paz

Julio Cesar Sal Paz es Doctor en Letras, con orientación lingüística por la UNT. Profesor adjunto de la cátedra de “Metodología de la cátedra de Investigación Lingüística” y de “Análisis del Discurso”, de las carreras Profesorado y Licenciatura en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Investigador adjunto del CONICET y autor de un importante número de publicaciones en revistas científicas y de los libros Leer y pensar en la universidad. Propuesta para abordar algunos textos y problemáticas de la cultura argentina, Colección Apuntes de Cátedra. Editorial UNSTA (2008), y La comprensión de textos en ciencias de la salud. Propuesta para ingresantes a la universidad, EDUNT (2008) ambos en coautoría con Ester Nora Azubel.

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