La cuestión de la identidad como problema filosófico y los debates del siglo XX

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Por Lucas Cosci
Editor Revista Trazos – lucosci@yahoo.com.ar
La cuestión que abre el libro de Paul Ricoeur Sí mismo como otro es la identidad, o cuestión de la ipseidad, para decirlo con el título de su prólogo. El problema ya lo habíamos visto sobre el final de Tiempo y narración, cuando se encuentra con la noción de identidad narrativa, que indica el nombre tanto de una aporía como el de una solución. De modo que el libro de que aparece en 1990 podría ser una respuesta a las cuestiones irresueltas al llegar desde la teoría del relato a la cuestión de la identidad, como un problema filosófico que nos interpela desde el fondo de los tiempos.

Antiguo como la filosofía misma, la identidad como problema filosófico entra en escena ya con los filósofos presocráticos, despunta con Platón y con Aristóteles y atraviesa la historia del pensamiento hasta nuestros días. Acaso su primera aparición tenga lugar con aquel célebre fragmento 81 Heráclito: “Nos embarcamos y no nos embarcamos en los mismos ríos, somos y no somos.”  Y con Parménides con la afirmación del ser “que es y que no es posible que no sea”.

En El Sofista de Platón encontramos una temprana formulación de la dialéctica entre lo mismo y lo otro. El Extranjero le respondería a Teetetes: “Así pues, a mi parecer, la oposición de una parte de la naturaleza de lo otro con el ser, colocados frente a frente, no es menos una esencia, si es permitido decirlo, que el ser mismo; y lo que ella representa no es lo contrario del ser, sino una cosa distinta” (257 c/258 d).También Aristóteles en Metafísica elabora un concepto de la identidad del sujeto individual.

A partir de este punto nos preguntarnos ¿qué es la identidad? ¿Es la identidad la existencia del ente? ¿Es la identidad una relación? ¿Cuáles son los términos de esa relación? ¿Relación consigo mismo? ¿Relación con “lo otro”?  No es propósito de estas páginas avanzar sobre estas cuestiones que han desvelado a filósofos de todos los tiempos. Solo se trata de historizar el problema, enmarcarlo, recortarlo.

En la tradición filosófica clásica la cuestión de la identidad ha sido planteada de muy diversas maneras, acaso reducibles a dos: la identidad como principio lógico y como principio ontológico.

Si hablamos de identidad como principio lógico nos referimos a la posibilidad de la formulación de determinados juicios analíticos (tautologías). Si nos referimos a la identidad como principio ontológico podemos asumir como primera referencia la definición que Aristóteles ha dejado de la identidad esencial: “la identidad es cierta unidad de ser, o bien como la unidad de una pluralidad, o bien cuando se la toma como múltiple, como cuando se dice que una cosa es idéntica a sí misma. En este caso, se la considera como si fueran dos” ((Zuchi, H., 1986, Aristóteles. Metafísica, 1018a , 5-10).  Como referencia general, asumimos la idea de la unidad en la multiplicidad, pero omitiendo el substrato substancial que supone esta concepción.

La ruta de la identidad marca un itinerario que arranca desde el concepto sustancial (Aristóteles), pasa por la identidad como mismidad de la conciencia (Locke), luego devine en aporía (Hume) con la crítica del principio sustancialista y el postulado de la identidad como creencia, y desemboca en el planteo de la indecibilidad de la identidad y la propuesta de su reemplazo por la responsabilidad ética (Parfit). Hasta aquí se alza el paradigma sustancialista de la identidad y su crisis en las aporías de Hume y de Parfit. Sobre el final de este recorrido se desplaza la separación entre dos modos de permanencia en el tiempo:  identidad ídem e identidad ipse de Paul Ricoeur y el relato como una mediación entre términos que da lugar a la identidad narrativa. Como resolución de una aporía. Se  trata de un nuevo paradigma que intenta dejar atrás el modelo sustancialista y pensar la identidad como unidad de una pluralidad en el tiempo. Hablamos del paradigma lingüístico narrativo. Han contribuido al desarrollo de este nueva perspectiva las filosofías narrativistas de Hannah Arendt, de Alasdair MacIntyre, de Charles Taylor, entre otros.

En relación a esta cuestión, Ricoeur va a cambiar la forma de plantear el problema.  No se trata aquí de preguntar por el yo, sino de la búsqueda de una mediación a través de “sí”. El problema de la identidad, tal como había sido planteado en la modernidad, consiste en que estas filosofías han intentado un asalto directo sobre el yo en el ámbito de la inmanencia. Pero la conciencia –Nietzsche y Freud, lo han señalado con claridad- es un dato engañoso. De lo que se trata es de interpretar el , pero a través del rodeo por las obras y textos de la cultura que lo documentan.  El si no es el yo. El remite a nuestra identidad histórica singular que somos en cada caso en la dimensión de temporalidad de la existencia. Esta permanencia en el tiempo no puede ser aprehendida mediante la noción de substancia. Aquí se trata de otra forma de permanencia, que se constituye a través de la narración de la historia de una vida. La identidad se configura mediante el rodeo por los relatos, cuyos personajes son los mismos a través de numerosas variaciones. El paso por la narración nos permite subsumir un conjunto heterogéneo de experiencias en una unidad narrativa. Hablamos de identidad en un sentido hermenéutico-narrativo. Es identidad como la constitución del mediante el rodeo interpretativo por el universo de los signos, en general, y de los relatos en especial.

Podríamos afirmar para cerrar estas notas que los conceptos de identidad y narratividad se han constituido en el decurso de la historia del pensamiento, pero que es en los debates filosóficos del siglo XX, desde Derek Parfit hasta Ricoeur, pasando por Arendt y MacIntyre,  que estas categorías se configuran progresivamente en un nuevo paradigma que posibilita pensar esa “sustancia deleznable” de la que Borges habla, que es el tiempo humano como identidad móvil.

Referencias bibliográficas

Ricoeur P. (2008 d). Sí mismo como otro. México: Siglo XXI editores.

Zucchi, H.,  (1986). Aristóteles. Metafísica. Buenos Aires: Sudamericana.