Cambios discursivos en la línea editorial de El Liberal (1929-2015)

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Por Lic. Esteban Brizuela
UNSE – estebanbrizuela27@gmail.com
Introducción 

“Créele a El Liberal”. Este es un dicho que circula y se escucha en la calles de Santiago del Estero.  Indica una cierta desconfianza picaresca del ciudadano común a lo que informa y opina el diario más antiguo de la provincia.

De ese diario, al que el ingenio callejero dice que no hay que creerle demasiado, queremos hablar en este trabajo. Pero no es la intención ahondar en su derrotero histórico, puesto que otros lo han hecho ya (Castiglione, 1983; Picco, 2012; Gómez Ponce).  Nos proponemos analizar los cambios que hubo en el discurso editorial del diario acerca de sus propios orígenes y evolución con las herramientas que nos brinda la disciplina del Análisis del Discurso.

Así como alrededor de un país o provincia se construye un relato acerca de los orígenes y su devenir, una empresa periodística también lo hace, más aún un diario con tantos años de trayectoria. Un diario no solo narra lo que considera los hechos más importantes de cada día: también construye un discurso sobre sí mismo. Y hay ocasiones especiales para este ejercicio narrativo: por ejemplo, los números aniversario. Cuando un periódico cumple años se presenta la oportunidad ideal del discurso autorreferencial. Cumplir años es mirar hacia atrás y hacia adelante. Cumplir años implica analizar en perspectiva lo que representa ese medio de comunicación.

En ese auto-relato de El Liberal acerca de su pasado y presente hubo ciertos cambios que cualquier lector atento pudo vislumbrar hace unos pocos años.  Más precisamente, hacia 2009, cuando el grupo económico más poderoso de la provincia (Grupo Ick) asumió en el directorio del diario.

En una primera parte del trabajo, después de una breve referencia al marco teórico, contextualizaremos el momento de nacimiento de El Liberal (1898). Luego nos detendremos en la construcción discursiva que hizo este medio de comunicación en la larga etapa en que la reconocida familia Castiglione se hizo dueña del diario. En la segunda parte analizaremos la compra por parte  del grupo Ick de un importante paquete accionario que le permitió quedarse con el directorio y a partir de allí comenzar un viraje discursivo que se mantiene hasta la actualidad.

Tal como lo expresó el semiólogo argentino Eliseo Verón, “se puede someter cualquier texto a un análisis de contenido”, puesto que “la superficie textual contiene marcas de múltiples elementos: del autor, de la sociedad, del inconsciente, de lo que uno quiera”. (1997: 71-72). En ese sentido es pertinente recordar el carácter multidimensional y polisémico de los textos.

Ahora bien, para la disciplina del análisis del discurso  -en la que están implicadas muchas otras disciplinas- hablar de discurso es, ante todo, hablar de una práctica social. “El análisis del discurso es un instrumento que permite entender prácticas discursivas que se producen en todas las esferas de la vida social en las que el uso de la palabra forma parte de las actividades que en ella se desarrollan”. (Calsamiglia Blancafort y Tusón Valls, 1999:26). En este caso, nos interesa el discurso de un medio de comunicación. Nos proponemos ver las marcas textuales en sus números aniversario cada vez que el diario habla de sí mismo y su rol en la sociedad.

Es importante recalcar que el discurso –en este caso de la prensa- constituye a la sociedad y a la cultura, así como es constituido por ella, pues se trata de una relación dialéctica.

También nos servirá de encuadre en algunos pasajes del trabajo la referencia teórica elaborada por el semiólogo Eliseo Verón acerca del discurso político; especialmente tendremos en cuenta sus destinatarios, entidades del imaginario político y componentes.

Breve historia del nacimiento de El Liberal

Las crónicas cuentan que era una tarde cálida del de 3 de noviembre de 1898, cuando por primera vez salió a la venta una modesta publicación de 4 páginas, pergeñada  por jóvenes de la Unión Cívica. Se trataba de El Liberal, cuyo fundador, Juan Figueroa, era un emprendedor de origen cordobés que había llegado a esta ciudad, junto a su hermano, con el proyecto de instalar las primeras líneas telefónicas.

“Luchar en el presente por el porvenir, inspirándose en el ejemplo glorioso del pasado”, decían los panfletos que anticiparon la publicación.

¿Cómo era el Santiago de aquella época? ¿Qué características tenía esta aldea norteña? ¿Qué lugar ocupaba en el contexto nacional? La estimación de población  en los censos indica que hacia 1900 había 121.000 habitantes. Del 4° lugar que ocupaba la provincia en el Censo de 1869 pasó al 8° en el de 1895. En la ciudad vivían cerca de 15 mil habitantes. Un lugar de sociabilidad de la clase más pudiente era el Club del Progreso. La educación era bastante deficiente, con bajos índices de alfabetización y de número de escuelas primarias, en comparación con otras provincias (Alen Lascano, 1996).

Podría haber sido un diario más de los tantos que se publicaron entre 1859 y 1900. La mayoría de ellos de vida efímera y de clara militancia partidaria. Lo cierto es que no fue así: El Liberal había llegado para quedarse. Pero claro, todavía nadie lo sabía.

Pasado y presente: el discurso construido por los Castiglione

Quienes han estudiado la historia del diario marcan una serie de cambios desde 1929, año en que realizan la compra los hermanos Castiglione. El Liberal desde 1898 estuvo en manos de don Juan Figueroa pero su fundador, hacia fines de la década del veinte, ya sintiéndose mayor y cansado, decidió  vender la empresa a Antonio y José Francisco Castiglione, dos hermanos emprendedores que obtuvieron sus títulos de abogados en la UBA, con distinciones por su rendimiento (Picco, 2012: 52). Eran jóvenes pujantes  que se codeaban con personalidades de la política y la cultura de esta pequeña ciudad.

Las razones de la transformación a partir de aquel cambio de timón son principalmente dos. En primer lugar El Liberal deja de ser vespertino en 1931 y pasa a ser matutino, como lo es hasta la actualidad. Y en segundo lugar, hay un editorial muy bien analizado por Picco (2012: 54) en el que el editorialista indica el nuevo rumbo de la publicación, el espíritu que inspirará al medio. Y es aquí cuando vemos que emerge el discurso de la prensa moderna de la supuesta objetividad e imparcialidad del diario. Es el típico discurso que hasta el día de hoy cierto sector de la prensa continúa defendiendo.

Ya consolidados los Castiglione en el diario, queremos detenernos en algunos números aniversarios, en donde, como ya dijimos, más claramente se puede analizar el discurso auto-legitimador del medio.

El especialista Eduardo Gutiérrez, al estudiar las diferentes vertientes de la historia de la comunicación en América latina, sostiene que dentro de la historia del periodismo se encuentran los relatos “oficiales o corporativos”. Son aquellos discursos que producen los propios medios, quienes orientan la manera en que desean ser representados y comprendidos socialmente. Gutiérrez le llama también “la ego-historia” (2015: 134).

En nuestro análisis consideramos que la edición que se publicó en 1948, para sus 50 años, es un mojón ineludible en este camino que emprendimos. Una edición monumental de más de 400 páginas, que contiene en su primera parte una extensa crónica de la historia de Santiago del Estero desde fines del siglo XIX, compuesta por 18 capítulos. Lo que observamos es que hay una plena identificación de la historia de la provincia con la historia del diario. Contar la historia del diario es narrar la historia de Santiago. Y viceversa también.  “El Liberal ha querido registrar en todos sus aspectos, en un volumen robusto y permanente, como lo es un libro, no solo su propia historia, sino también la de Santiago del Estero, en medio siglo de existencia”, dice la nota que abre esta edición. En el mismo sentido, Antonio Castiglione en la nota a continuación, titula “La gesta periodística”, y dice: “Esta es la historia de El Liberal. Es también la historia de la provincia”[1].

Aquí podemos detenernos en la palabra “gesta”, la cual según el diccionario de la Real Academia Española se define como “hecho o conjunto de hechos memorables”. En efecto, el pasado del diario es una colección episodios heroicos protagonizados su fundador y sus continuadores. El lugar que ocupa Juan Figueroa en este relato es preponderante –por momento exaltatorio- así como tienen también su sitial destacado periodistas y abogados como Ramón Castro, Luis Bravo y Taboada y Napoleón Taboada. Pero también se resalta el nuevo momento desde 1929 con la irrupción de los hermanos Castiglione. Hay en las páginas 46 y 47 dos grandes retratos de José Francisco y Antonio Castiglione. Ellos marcan un “Alto en el camino” y un nuevo rumbo, pero con evidentes lazos de continuidad. No son dos historias separadas, no hay una cesura entre la etapa Figueroa y la etapa Castiglione. Hay, por el contrario, hilos de continuidad, existe un legado que los nuevos dueños se proponen preservar; en definitiva, tienen una historia en común para ser narrada. Para abundar, leamos lo que dice el director José Francisco en el cierre de esta larga crónica: “Cincuenta años: un Figueroa y un Castiglione. Una gesta heroica y renovadora y otra de acción. La gesta de medio siglo de dos familias y de una institución periodística”. Allí está la síntesis.

Notamos de nuevo el término “gesta”, a la que podemos vincular con lo heroico y lo memorable, con la proeza y la hazaña. La del diario es una “gesta” que está sostenida por dos familias que han coincidido en su talante innovador y renovador.

Después de esta extensa crónica, se abre una no menos extensa segunda parte compuesta por una colección de artículos con variadas firmas de reconocidas personalidades locales. Son cerca de 50 textos que nos brindan un semblante sumamente agudo del Santiago de aquella época.

Ya en 1968, cuando se cumplieron 70 años del diario, también se publicó un libro especial por el aniversario, no tan voluminoso como el de 1948, pero siempre con un enfoque histórico. Allí tenemos un interesante trabajo del escritor  Orestes Di Lullo acerca de viajeros que pasaron por Santiago a lo largo del siglo XIX, un estudio sobre la inmigración sirio libanesa en la provincia y la historia del nacimiento de las principales instituciones educativas de nivel terciario y universitario. También en 1978, para los 80 años, El Liberal tuvo una iniciativa similar: mirar el pasado para analizar el presente.

“Cómo no vamos a sentirnos orgullosos, si la gesta de El Liberal a lo largo de 90 años representa y refleja la vida misma de la provincia. Este 3 de noviembre es un día de alegría y de nostalgia, y naturalmente de recuerdo para los hombres que hicieron posible esta gran aventura periodística: don Juan Figueroa –el fundador- y el doctor José F. L. Castiglione –el hombre que consolidó la empresa- y junto a ellos el doctor Antonio Castiglione, sobreviviente de aquellas primeras jornadas y que hasta hace muy poco ejercía la dirección del diario” (El Liberal, 03/11/88). Así comienza el editorial del aniversario 90, en una sintonía similar al de 1948: convergencia de la historia del diario con la de la provincia, ya que una se refleja en la otra; reconocimiento de una “aventura periodística” con un gran precursor y dos ilustres continuadores.

Aquí podemos observar cómo aquello que comenzó como una “gesta” devino en “aventura”. ¿Qué es una aventura? “Una empresa de resultado incierto y que presenta riesgos”, dice el diccionario. Para llevar a cabo una aventura hace falta una cuota de audacia y heroicidad. Una aventura, en realidad, puede ser al mismo tiempo una “gesta”. Porque una aventura que encuentra su cauce se convierte en un evento memorable, digno de destacar y exaltar. En ese sentido está claro que las palabras “gesta” y “aventura” se vinculan con lo extraordinario, lo que está fuera de lo común: es lo que sucedió con El Liberal según las marcas del relato que estamos analizando.

Cuando el diario cumplió su primer centenario, en 1998, se publicó el volumen Retrato de un siglo, en cuya primera parte se analiza la realidad histórica de la provincia, en una segunda parte los aspectos sociales de la provincia como medicina, educación, familia, demografía y economía. En la tercera sección se aborda la cuestión de los recursos naturales de nuestro territorio y por último prestigiosos especialistas expresan su opinión acerca de posibles causas de la situación actual de Santiago.

Podemos leer en lo que vimos un discurso celebratorio de la comunicación y del medio como referentes del progreso de la provincia. Y una representación de su pasado en el que palabras como “gesta” y aventura” nos ofrecen un perfil de esa manera de mirarse a sí mismos. El discurso en esta “ego-historia” denota la forma en que se expresa la lucha del medio por el orden simbólico en la sociedad (Gutiérrez, 2015: 134).

Formatos similares, discursos convergentes, enfoques afines. Así podemos sintetizar lo que leemos en los números aniversarios durante la etapa de los Castiglione, que va desde 1929 hasta los primeros años del siglo XXI. Un relato sobre los orígenes y desarrollo del diario que se consolidó durante décadas. Pero luego comienza una etapa de transición con la entrada de nuevos accionistas hasta que un cambio más drástico observamos desde 2009.

La irrupción del grupo Ick en el sistema de medios locales

Hoy el grupo Ick es desde el punto de vista simbólico -y seguramente también desde el económico- el más importante de la provincia. Sus empresas no solo abarcan medios de comunicación sino también incluyen empresas de servicios de hotelería, seguros, construcción, provisión de energía eléctrica, etc. Y un importante paquete accionario del Banco Santiago del Estero.

Sin embargo, nos interesa solo detenernos en su irrupción en el sistema de medios.  (Picco, 2012: 161). Está claro que el avance del grupo en el campo de los medios de comunicación fue significativo. Pero le faltaba el medio tradicional de información, el diario en papel, ese que se hacía llamar “Decano del norte” y desde hace más de un siglo estaba en circulación. La compra de acciones avanzó hasta que en una edición de 2009, los lectores se encontraron con que había un nuevo director editorial de El Liberal: el empresario Gustavo Ick, hijo de Néstor Ick.

Los cambios en el discurso sobre los orígenes y el desarrollo histórico del diario comenzaron a percibirse en el corto plazo. Será evidente, por ejemplo, para el 111° aniversario.

La “nueva historia” de El Liberal: destinatarios y contradestinatarios

El suplemento especial que se publicó el 3 de noviembre de 2009 se llamó “El País que soñamos (1898-2009)”. Son 88 páginas, con la firma de más de 40 personalidades del ámbito provincial y nacional. Hablan del país que sueñan. ¿Qué sueñan quiénes?

Percibimos aquí las huellas de un discurso político. Y tal como lo plantea el semiólogo Eliseo Verón, este discurso contiene una dimensión polémica, lo que Verón caracteriza como “el Otro positivo y el Otro negativo” (1987:14). Una vez definidos se establecen vínculos con ambos: el prodestinatario y el contradestinatario. El primero es aquel receptor (en este caso, los lectores) que participa de las mismas ideas que el emisor. No hay manera de que los 40 millones de argentinos sueñen un mismo país. Pues todos aquellos que aspiran a otro futuro de nación distinto al que en este suplemento se presenta serían los para-destinatarios, es decir aquellos a quienes es posible o necesario persuadir, pues un medio de comunicación se concibe como un factor de influencia en la sociedad. Son formadores de opinión y con ese propósito trabajan.

Es profundamente ilustrativa la nota editorial que abre el suplemento: “El verdadero desafío es mirar hacia adelante”. ¿Qué se hacía tradicionalmente en los libros aniversario en la etapa de los Castiglione? Un paseo por la historia local, un buceo por el pasado. ¿Qué proponen ahora? Cambiar la dirección de la mirada. No será una operación gratuita ni inocente pues los borramientos e invisibilizaciones serán notables. “En la vida de las personas y de las organizaciones siempre hay instancias trascendentales que sellan su porvenir. Hoy, en su 111 aniversario, El Liberal asume plenamente el desafío de mirar hacia adelante, con esperanza y la responsabilidad que le exige su estatura institucional” (El Liberal, 03/11/09), dice el comienzo de este editorial que indica el tenor de los nuevos rumbos.

A continuación, se lee un texto titulado: “El mejor editorial está por escribirse”. Lo firma el Director editorial y presidente del Directorio: el Lic. Gustavo Ick. Agradece a los lectores, hace mención de los desafíos que implica un medio de comunicación en un mundo globalizado y algunas otras apreciaciones. Pero ninguna referencia al pasado del diario. El lector, del pasado de la publicación, solo sabe hasta aquí que fue fundado en 1898. Nada más.

Los columnistas son, entre muchos otros, el gobernador Gerardo Zamora, periodistas como Mariano Obarrio, Pepe Eliaschev, Osvaldo Granados y Nelson Castro, escritores como Marcos Aguinis o Sergio Sinay; a nivel provincial hace su aporte desde las letras Alfonso Nassif y empresarios como Salvador Lo Bruno, etc. Ninguno de ellos discurre sobre el pasado de la publicación. Ya se anticipó: el desafío es “mirar hacia adelante”.

En la siguiente sección explican cómo se hace el diario, paso a paso. Se observan  fotos de Gustavo Ick con el vicepresidente del directorio, Oscar González, junto a los secretarios y pro-secretarios de redacción. El trabajo con las imágenes es sumamente importante a partir de la asunción del Grupo en el mando de El Liberal. Las fotos del fundador Juan Figueroa y de quienes fueron directores por largas décadas, José y Antonio Castiglione, no aparecen por ninguna página.  Solo la cara sonriente del nuevo director.

Se irá instaurando así una nueva manera de conmemoración de los aniversarios. En 2010 el suplemento de celebración llevará por título: “Los desafío de 2011”. Es una edición conmemorativa de 112 páginas con casi 50 firmas de columnistas. Algunos nombres de los columnistas del año anterior se repiten.

El director editorial presenta esta edición especial con el texto “El desafío de construir una gran nación”. Ubica al lector en el plano internacional y sostiene: “Un mundo globalizado, regido por la competencia, en plena civilización del conocimiento, exige más sabiduría, más productividad y mayor organización”. Luego dice que el mundo ofrece una oportunidad única para el desarrollo, y agrega: “Santiago de Estero es parte de ese proceso y avanza en la búsqueda de su lugar preponderante en el país” (El Liberal, 03/11/2010).

Observamos aquí en estos enunciados los componentes descriptivos y programáticos (Verón, 1987: 18-19), de los que habla Verón. Porque en primer lugar enuncia características generales: estamos en un mundo que tiene determinado orden (un capitalismo regido por la competencia) inmerso en la sociedad del conocimiento. Pero luego aparece la cuestión programática: ¿Qué hacer? Pues ese mundo “exige” (préstese atención al verbo) determinadas acciones: imburse de los saberes pertinentes (la técnica), producir más y organizarse de modo eficiente.

Hacía pocos días que había muerto el ex presidente Néstor Kirchner y ya en este tiempo se hablaba desde la prensa opositora de la profundización de las divisiones en Argentina. Por eso el director editorial hacía hincapié en dejar atrás “la crispación” y la “confrontación” y generar los necesarios consensos para el futuro. Podemos ver las conexiones con el discurso republicano de estos últimos años, que puso énfasis en los “consensos”, los acuerdos y la reconciliación, en contraposición a las corrientes teóricas del populismo que postulan ahondar en el antagonismo (Laclau, 2005).

En esos significantes como “crispación” y “confrontación” podemos aplicar lo que Verón llama las “entidades del imaginario político” (1987: 16), es decir, expresiones que adquieren autonomía semántica respecto del contexto discursivo. Fueron años en que nacieron muchos vocablos que solamente adquieren pleno sentido en el contexto de la Argentina de los últimos 10 años: “relato”, “grieta”, “avanti morocha”, etc. De modo que el término “crispación” puede ser solo comprendido en ese marco. Se habló en la prensa de una Argentina “crispada”, en donde de modo permanente se ponía en evidencia la división entre dos mitades irreconciliables del país.

¿Qué busca este suplemento? “Plantear los desafíos que la sociedad debe proponerse y a los que aspiramos a alcanzar”. En este enunciado hay un componente didáctico y programático. Porque la sociedad “debe” (el deber ser) proponerse desafíos que “aspiramos” a alcanzar. Nuevamente hay un destinatario que supuestamente participa de las ideas de quien hace la enunciación, pues el “aspiramos” pretende ser un deseo colectivo de aquellos que tienen esos mismos objetivos. Y otra vez: ninguna mención ni siquiera del fundador de El Liberal,  ninguna perspectiva histórica del desarrollo del diario y de la provincia. La mirada está puesta adelante. De espaldas a la Historia.

Es un discurso en consonancia con la posmodernidad. ¿En qué sentido? El crítico cultural y ensayista norteamericano Frederic Jameson considera que la emergencia del posmodernismo está vinculada con un nuevo momento del capitalismo tardío, consumista o multinacional. Y la lógica del sistema social de este capitalismo se caracteriza por un gran tema: “la desaparición del sentido de la historia, el modo en que todo nuestro sistema social contemporáneo empezó a perder poco a poco su capacidad de retener su propio pasado y a vivir en un presente perpetuo y un cambio permanente que anula tradiciones como las que, de una manera o de otra, toda la información social anterior tuvo que preservar” (Jameson, 1999: 37).

Nos interesa señalar aquí que los discursos están siempre vinculados a otros discursos producidos con anterioridad y también a aquellos que se producen sincrónicamente y con posterioridad, tal como plantean algunos teóricos (Fairelough y Wodak, 2000). Ahondando en esta cuestión, podemos decir que “el discurso solo cobra sentido en el interior de un universo de otros discursos a través del cual debe abrirse un camino”. (Charaudeau y Maingueneau, 2005: 183)

En el ejemplar del día del aniversario de 2011, el director editorial, en su ya clásica columna para esta fecha, dice que “El Liberal ha encarado en los últimos tiempos un proceso –nunca antes visto- de modernización y profesionalización de todos los aspectos que forman parte de su misión dentro de la sociedad santiagueña”(El Liberal, 03/11/11). Cambios y reformas no solo edilicias sino también en la capacitación de los periodistas.

Por su parte, en 2015, ya a seis años de que el Grupo Ick asumiera la dirección editorial, el diario no celebró su aniversario con ninguna publicación especial. Pero en el cuerpo de la edición central se dedican algunas páginas al recordatorio. ¿Qué dice esta vez el director editorial?  “El Liberal cumple 117 años con la mirada puesta en el futuro” (El Liberal, 03/11/15). Así es el título.  El discurso que ya se vuelve habitual y repetido.

Vemos de forma evidente una “nueva historia” del diario, un nuevo relato auto-legitimador, una nueva forma de narrarse a sí mismo del medio. ¿Sus características discursivas? Repetición del componente didáctico-programático, pérdida del sentido de la historia y silenciamiento de nombres del pasado.

Conclusiones                                     

Ya ni siquiera están los bustos de los hermanos Castiglione que se encontraban en la entrada de la redacción de El Liberal de calle Libertad. Fueron sacados. Porque narrar de nuevo una historia implica también, derribar estatuas. En el sentido simbólico pero también literal. Borrar el pasado, de un plumazo. Quizás como una muestra de poder.

En este recorrido por algunos números especiales de la historia del diario más longevo de Santiago pudimos analizar la forma en que fueron mutando los discursos editoriales desde la adquisición del periódico por parte de los Castiglione hasta la asunción del nuevo directorio en el año 2009.

Porque los discursos cambian, se transforman. Porque la historia es también el discurso sobre la historia. Y en El Liberal pudimos ver el laboratorio de una puja por darle un sentido al pasado. O mejor dicho, en quitar viejos sentidos y suplantarlos por otros nuevos.

Bibliografía


Alen Lascano, Luis (1996). Historia de Santiago del Estero. Buenos Aires: Plus Ultra.

Calsamiglia Blancafort, Helena y Tuson Valls, Amparo (1999). Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Barcelona: Ariel.

Castiglione, José F. L. (1983). El periodismo en Santiago del Estero. Santiago del Estero: Ed. El Liberal.

Charaudeau, Patrick y Maingueneau, Dominique (2005). Diccionario del análisis del discurso. Buenos Aires: Amorrotu.

Diccionario de la Real Academia Española. Consultado el día 22/06/2016 (disponible en línea). www.rae.es

Gutierrez, Eduardo (2015). “Historia y comunicación. Recorridos, tensiones y posibilidades del sub-campo de estudios en América Latina” en Bolaño, César, Crovi Druetta, Delia y Ciamadevilla, Gustavo (coordinadores). La contribución de América latina al campo de la comunicación. Buenos Aires: Prometeo.

Fairelough, Norman y Wodak, Ruth (2000). “Análisis crítico del discurso”, en Van Dijk, Teun, (compilador). El discurso como interacción social. Volumen 2. Barcelona: Gedisa.

Gómez Ponce, Mariela. La bicentenaria historia de la prensa santiagueña. Tras la huella del diario El Liberal. Inédito.

Jameson, Fredric (1999). El giro cultural. Escritos seleccionados sobre el posmodernismo 1983-1998. Buenos Aires: Manantial.

Picco, Ernesto (2012). Medios, política y poder en Santiago del Estero 1859-2012. Santiago del Estero.

Verón, Eliseo (1987). “La palabra adversativa. Observaciones sobre la enunciación política” en ARNOUX, Elvira (dir.) El discurso político. Lenguajes y acontecimientos. p. 11-26. Buenos Aires: Hachette.

—————– (1997). Semiosis de lo ideológico y del poder. La mediatización. Buenos Aires: Eudeba.

Fuentes

Colección del diario El Liberal (1968-2015).

Número del Cincuentenario de El Liberal, noviembre de 1948.

Número del 70° Aniversario de El Liberal, noviembre de 1968.

Número de los 90 años de El Liberal, noviembre de 1988.

Retrato de un siglo, El Liberal, 1998.

[1] Edición del Cincuentenario de El Liberal, 1948, p. 9.