“Infancia y Discapacidad: Las posibilidades de lazo social”

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Por Santiago Heredia

Centro Las Rosas, Yerba Buena, Tucumán – santyheredia88@gmail.com

Los tiempos que atravesamos, producen subjetividades frágiles, y en un sector en particular, la infancia, hay sujetos en riesgo. Planteo esto porque cada vez son más los niños sin recursos para velar o disfrazar lo trágico de habitar el abismo, el mundo. En palabras de Pierre Legendre, no encuentran “la razón para vivir”, en esta realidad contemporánea, capitalista y voraz. Mi posición como psicólogo con formación analítica la desempeño en una institución privada que realiza trabajo clínico con niños en un dispositivo llamado Centro Educativo Terapéutico. Esta institución posee además otros dos servicios que son Estimulación Temprana y Apoyo a la Integración Escolar. Voy a centrarme en el dispositivo CET para pensar ciertas cuestiones que hacen a la clínica psicoanalítica. La definición de CET para el ministerio de salud, está estipulado en el marco básico 2006 para centros que trabajan con pacientes con alguna discapacidad. En este básico, se define al CET de la siguiente manera:

“Se entiende por Centro Educativo Terapéutico a aquel que tiene por objetivo la incorporación de conocimientos y aprendizajes a través de enfoques, metodologías y técnicas de carácter terapéutico. Fundamentalmente se benefician del mismo personas con discapacidad mental (psicóticos, autistas), lesionados neurológicos, paralíticos cerebrales, multidiscapacitados, etc., es decir, todas aquellas personas con discapacidad que tienen trastornos en la comunicación, en la percepción o en la afectividad y no pueden incorporar conocimientos y aprendizajes sin un encuadre terapéutico.”

Atento a esta definición quisiera plantear el modo de funcionamiento de la institución de la que formo parte. En el Centro Las Rosas el proceso de ingreso de un niño a la institución se realiza a través de un equipo de Admisión donde los profesionales evalúan al niño y sus padres, finalizando la misma con informes y propuesta terapéutica de acuerdo a la situación actual del niño. El tratamiento incluye trabajo en sala con docente, prestaciones terapéuticas, trabajo en talleres grupales tanto para los niños como para las familias; y trabajo en entrevistas con padres, en modalidad de jornada simple con horario estipulado. El egreso de un niño de la institución, cuando fuera el caso, está planteado en relación al cumplimiento de los objetivos terapéuticos iniciales. Al cumplirse los mismos se propone el alta del niño, o la derivación a otro dispositivo.

Pensamos al niño desde una perspectiva psicoanalítica y el modo de intervenir es a través de un equipo interdisciplinario cuyas áreas son: área educativa, emocional, cognitiva, social, del lenguaje, motora, artística, formado parte de ellas psicólogos, psicopedagogas, fonoaudiólogas, trabajadora social, terapista ocupacional, kinesióloga, profesor de educación física y docentes especiales. Lo que buscamos producir con nuestras intervenciones son operaciones tendientes a subjetivar la infancia, considerando que el niño que llega, está nombrado como discapacitado.

Sobre discapacidad hay poco escrito en psicoanálisis, y la palabra discapacidad como significante produce diversos avatares en la constitución subjetiva de un niño. Podríamos pensar dos vertientes en relación a lo que produce ubicar a un niño como discapacitado, ambas tienen que ver con cierto exceso. Una es ubicar al niño como resto, aquello que es necesario desechar por ser diferente a lo esperable. Y la otra es darle el lugar de la excepción, que es cuando se le otorga el lugar de “su majestad el bebé” y no se le pide nada a cambio. Ubicar al niño en cualquiera de estos lugares produce efectos devastadores en la subjetividad, es esto lo que quiero pensar junto a Uds. y transmitir cuál es el trabajo que realizamos en nuestra institución.

Me parece importante iniciar transmitiendo que tipo de demanda llega a la institución, como llegan los niños, el lugar en el que están ubicados, que es efecto de como el Otro lo ha mirado, lo ha deseado, lo ha nombrado, como ocurrieron o no determinadas operaciones. En el equipo nos proponemos trabajar con los padres o los Otros que estén a cargo de ese niño. Existen ciertas dificultades que se presentan y tienen que ver con las regulaciones, las legalidades y sus trampas, cuando prohibición de incesto y parricidio no está funcionando, lo que no permite el intercambio simbólico entre los niños, es por ello que a este niño no se le posibilitan las herramientas para el lazo social. Desde el centro se plantean intervenciones con los padres, con la escuela, y además en el mismo centro en los diferentes espacios por los que circula el niño (terapias, salas, talleres). El fin es inscribir que incesto y parricidio están prohibidos, y de este modo que el niño pueda hacer lazo con sus otros-pares. Otra de las dificultades que se nos presenta con la cara del goce, tiene que ver con los padres y la imposibilidad de significar la “discapacidad”, no se preguntan por ese niño, lo que produce como efecto niños enloquecidos o inhibidos que ponen en escena aquello que no es posible tramitar por otra vía. Excesos, ausencia de medidas, falta de regulación-inscripción. Otra de los avatares de esta clínica es que en tanto condiciones de tratamiento y encuadre no hay un costo, un pago (monetario). El niño es llevado al tratamiento por el transporte y la paga del tratamiento la realiza su obra social, porque es un derecho del niño por tener discapacidad. Si bien en algunas situaciones particulares de familias con escasos recursos, es bueno contar con este beneficio, en otros casos lo que debería estar regulado se convierte muchas veces en un modo de “gozar de la discapacidad”, de ese niño. Aquí entran a jugar el cómo pensar las legalidades institucionales, las condiciones de tratamiento, el pacto con los padres y el niño, el contrato simbólico, el intercambio.

Me remitiré a un caso para poder ir pesquisando esto que teóricamente parece poco articulable con la clínica. Pía tiene síndrome de Down y llega a la institución actinizada, totalmente desregulada, desmedida, violenta, no pudiendo hacer lazo con sus compañeros, y ningún otro que aparezca. Padres que la ubican en el lugar de resto, con dificultades para poder alojarla en los primeros tiempos. Se plantea desde el equipo hacer entrar a la tía, personaje importante en la escena de esta nena, con quien compartía tiempos y tareas, quién del lado del don ofrecía algo distinto, un lugar diferente. Las intervenciones fueron tendientes a alojarla y también construir esas legalidades que no funcionaban o no existían.

Desde el dispositivo se van planteando intervenciones para que Pía pueda intercambiar, perdiendo algo, cediendo algo de ese goce de escupir, golpear, gritar, y que lo pulsional vaya tomando otra cara más disfrazada, que se pueda construir ficción y hacer metáfora, ir acotando para que pueda aparecer el sujeto. Con esta nena lo que intentamos fue que pueda sostener los espacios y legalidades haciendo circular también la perdida. Que algo se pierda para sostener un espacio o el lazo con el otro. Esto ha sido pensado también junto al trabajo de inscribir legalidades en estos padres desregulados (funcionando la institución como nombre del padre, como corte), y de ese modo que vaya apareciendo la medida, que haya otra posibilidad para Pía. Los movimientos sostenidos desde el equipo interdisciplinario  produjeron efectos a posteriori, cuando pudimos registrar que Pía empezaba a perder algo de ese goce en el que estaba enquistada, goce que la hacía objeto, una cosa que golpeaba o se hacía golpear y comenzaba a dejar algo de esto, no sin dificultad, pudiendo así hacer lazo a través de sus producciones. En este caso el espacio productivo de taller de arte, le posibilito un lugar donde pudo encontrar otro modo de disfrazar lo pulsional que se le venía encima, efecto de ese lugar de resto en el que había sido puesta en los primeros tiempos. Pía puede ofrecerse a la mirada del otro desde otro lugar, pierde a cambio de un lazo posible. Es justamente esta pérdida de goce lo que posibilita el lazo con otros.

Mas allá de que trabajamos con discapacidad, estamos hablando de infancia y de como un niño con ciertas dificultades (motrices, intelectuales, sensoriales, ni más ni menos que otras) puede o no hacer lazo con otros, intercambiar, producir ficción. Como es posible para un niño perder a cambio de otra cosa, ceder goce, agujerearse y velar. También me parece importante preguntarnos como instituciones y profesionales si esto se posibilita o no desde los espacios que ofrecemos, desde la lógica que uno piensa el caso, si lo posibilita la institución, la familia, los profesionales. En este caso las intervenciones posibilitaron algo del intercambio, algo se produjo y Pía pudo empezar a circular en la lógica de los intercambios. Algo del sujeto empieza a aparecer, y ya los otros no responden de la misma manera ante su presencia, pueden empezar a nombrarla, escucharla, hacer tareas grupales y esto ocurre en otros espacios como la escuela y la casa.

No es un trabajo de un día para el otro, ni de una vez y para siempre, es un constante ir y venir, es instalar nuevamente las medidas, las condiciones, para que se pueda registrar que algo pasa cuando hay excesos. Y en la medida que a estos padres, algo de la medida los toca en las intervenciones, dejan de demandar y comienzan a responsabilizarse. Uno interviene para que algo de la responsabilidad subjetiva aparezca. En este caso algo vira de lugar, ella como sujeto empieza a aparecer cuando puede apropiarse de lo que hace, puede reconocerse y registrar que es lo que pierde si sigue gozando de su posición.

Sujeto responsable, sujeto del psicoanálisis. Pía puede responsabilizarse de su posicion y aparecer como sujeto produciendo ficciones y metáforas. Ficciona aquello de su historia, eso que la tomaba, ese lugar de resto, registrando que las legalidades también la atraviesan y que no todo lo puede. Se ofrece a la mirada del otro de otra manera, puede registrar que en el Otro, ella tiene un lugar (no sin condiciones). Propongo que pensemos mas allá de la discapacidad a la infancia como un momento donde hay ciertas operaciones que si no se producen uno puede desde su lugar posibilitarlas para que la subjetividad aparezca. Pensar en ese niño (con dificultades siempre, motoras, sensoriales, psíquicas en definitiva) que puede hacer lazo o no, por cómo es mirado y atravesado por la legalidad. Más que infancia y discapacidad, propongo pensar infancia y subjetividad. Subjetividad de la época a la cual como profesionales de la salud mental o de la salud en general, corresponde dar algún tipo de respuesta, brindar algún espacio donde un niño pueda construirse sujeto.

 


Bibliografía:

  • Legendre, Pierre – La Fabrica del Hombre Occidental
  • Resolución Ministerial – Marco Básico 2006 para Discapacidad – Ministerio de Salud de la Nación