Cómo escribir sobre Santiago del Estero

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Alberto Tasso

Biblioteca Amalio Olmos Castro – yleret@gmail.com

A lo largo de los años, desde mi juventud hasta el presente, he escrito varias páginas sobre Santiago del Estero, para lo cual debí leer cientos de libros de otros autores sobre esta provincia. Esa experiencia me dejó algunas enseñanzas acerca de las mejores maneras de enfocar el tema, los conceptos principales y las palabras clave a utilizar. Aunque parezcan un tanto obvias, pienso que mis sugerencias pueden ser útiles al viajero, escritor, periodista o sociólogo que decida acercarse literariamente a este mundo singular. Debo agradecer la inspiración del escritor keniata Vinyavanga Wainaina, cuyo artículo “Cómo escribir sobre África” traté de emular.

Comencemos por la geografía. Es conveniente de entrada resumir el paisaje en unas pocas imágenes fuertes. Las palabras “árido”, o bien “seco y montuoso” no pueden estar ausentes. El bosque y las especies que lo pueblan suscita siempre cierta emoción primitiva, y será necesario mencionar especies forestales: quebracho, algarrobo, tusca, garabato y huiñaj entre los preferidos por los autores clásicos. Hablando de la fauna, el tatú carreta y las víboras, en todas sus especies, son siempre eficaces. Las anécdotas sobre picaduras de escorpión, viuda negra y yarará rinden ciento por ciento, así como los remedios caseros y la angustiosa espera del suero que no llega. Es casi imposible no referirse a los pájaros, el kakuy, la lechuza y el ckaparilo entre los más recurridos por la leyenda.

No es conveniente que te detengas en algunos aspectos puntuales del presente, que por obvios, discutibles o increíbles no llamarían la atención del lector, tales como el desmonte acelerado de un millón de hectáreas en veinte años para convertirlas en sembradíos de soja, ni mencionar la ampliación de la red sanitaria, de ambulancias y hasta de transporte aéreo de los enfermos graves.

Es cierto que la topadora y el glifosato se han convertido en el hacha de la modernidad, y hoy puede discutirse ese beneficio. ¿Acaso la generosa Cibeles nos derrama de su cuerno frutos envenenados? ¿Coloca la civilización a este territorio contra las cuerdas de sus posibilidades? ¿Exige el poder plegarse a las fuerza del capitalismo y entregar las tierras de las comunidades a la empresa que alambra? Sí, lo hace. Y al mismo tiempo subyuga con el subsidio al antiguo poblador campesino, ahora proletario estacional en la desflorada, como antes lo fue del obraje y el ingenio. Pero este camino tiene algunos riesgos: sabrás que en 1942 el sociólogo Amalio Olmos Castro perdió su puesto de Director de Trabajo por hablar de estas cosas, y que en 2008 el biólogo Andrés Carrasco no careció de problemas por la misma razón.

Los indicadores del desarrollo actual no venden tanto como los del subdesarrollo pasado, y este será un punto importante en el enfoque. Las situaciones dramáticas posibles a presentar son tan abundantes que sólo será cuestión de elegir bien. La más reiterada es la sequía, seguidas por el hambre, la explotación y el éxodo. En quinto lugar figura el delito contra la propiedad y el sexto el maltrato familiar llegando al homicidio y femicidio. No recomendaría estos últimos temas, salvo en caso de novela negra,

Aunque hablé de éxodo, será conveniente usar la expresión más técnica de “migraciones internas” y hasta de “trabajador golondrina”, pues se prefiere la tradición ornitológica, y aún faunística, para referir a los actores de los procesos sociales, como es el caso de los “cabecitas negras” que en su momento formaron un “aluvión zoológico”. Pero sugiero evitar estas dos últimas expresiones, que resultan ingratas para el lector tipo del presente, al cual le bastará saber que en remotas épocas los santiagueños se desparramaron por todo el país llevando su mensaje cultural, y aunque padecieron discriminaciones lograron instalarse.

La idea de un mensaje cultural transportado por el propio viajero es sugerente y podrá darle un interesante contorno a tu artículo o libro. Los santiagueños no llevaban una carta en su alforja (como Miguel Strogoff), ni atada en su pata como paloma mensajera, ni en el pico de una lechuza, la gran amiga de los schamanes y de Harry Potter, Su mensaje era oral, y afloraba en canto de pájaro (vidala o chacarera), tam tam (el bombo) y en sus historias.

Aquí llegamos a un punto central en el relato por iniciar, que consiste en presentar al santiagueño y la santiagueña, como tipo humano y caracterológico, en la fisonomía espiritual que ha sido delineada por la literatura existente, a la cual contribuirás sin duda.

Debo advertir ya sobre los riesgos de la sección dedicada a tratar este aspecto. La santiagueñidad es en el presente tan discutida como la fue la argentinidad en 1837. Como categoría étnica provincial “santiagueño/a” denota a los nacidos en su territorio –en cualquier parte que residan- y a los actuales residentes en su territorio –de cualquier parte que provengan-. Agrego a aquellos que por su vínculo con la provincia opten por así nombrarse, estén donde estén. Esta cifra puede ser estimada (pues no bastan los censos) en 1,9 millones de personas, residentes en 84 países, de varias razas y nacionalidades, que a través del lenguaje coloquial de una entrevista, telefónica o por mail, podrían responder acertadamente a siete de las diez preguntas elementales para medir el conocimiento de la santiagueñidad. La primera es “¿Puede usted decirnos qué es la “aloja?”

Pero las cifras no deben abundar, ni tampoco las dudas. La fuerza argumentativa radica en la convicción del narrador, que debe ir al grano. Entre los adjetivos indispensables al momento de describir el arquetipo (ya que el tipo te llevaría más tiempo) es indispensable “ancestral”, que no ha perdido fuerza y resulta reforzado por la canción. Con ella señalamos la importancia del pasado en sus costumbres y prácticas, y ya hemos quedado bien con la historia sabida. No es necesario ahondar más, pues el agua podría enturbiarse con algunos temas polémicos antes y ahora. Entre sus orígenes puede citarse a la cultura indígena y la africana, mestizada con la hispana. Estamos en un campo minado, pues mientras avanza la re-etnización otros santiagueños sostienen que ya no hay indios, y menos aún negros, como lo he comprobado en mis entrevistas. Aunque el 28 % de la población comprende y/o habla el quichua, no resulta fácil explicar por qué tantas personas utilizan un idioma de los indios sin ser indios. La explicación preferida es esta: al quichua se lo enseñaron los sacerdotes españoles en su afán catequístico.

La limpieza étnica del período de Roca fue efectiva. Los indios y los africanos estuvieron largo tiempo omitidos de la amalgama étnica que dio origen al complejo cultural de “lo santiagueño” en el mundo actual. Durante mucho tiempo ese tema fue reducido a una cuestión de mera provincianía. Sin embargo la distancia de clase (medida con el coeficiente de Gini) es siempre alta, en el subdesarrollo y en el desarrollo, y hasta pareciera que éste la acrecienta. Pero estas son opiniones impresionistas que yo mismo trato de evitar.

Si prefieres destacar la etapa de la inmigración llamada moderna no carecerás de ejemplos, y además de españoles, italianos, sirios y libaneses, sugiero pensar en rusos, alemanes, franceses, eslovenos, anglosajones y daneses. En el presente hay bolivianos, senegaleses, estadounidenses menonitas con pasaporte mexicano, coreanos, chinos y de otros orígenes. El poliedro de las creencias urbanas y rurales hoy observables incluye, además de las formas espontáneas del cristianismo “natural”, diferentes proporciones de catolicismo, evangelismo, judaísmo, islamismo, budismo, umbanda y fe ba-hai, entre otras.

Por supuesto, muchos sectores de la población necesitan apoyo, y no ignoras cuantas acciones sustenta esta necesidad por parte de los estados, las ong’s y tanta ayuda filantrópica que será conveniente citar para mostrar que no ignoras la solidaridad en sus manifestaciones actuales. Santiago como tierra de redención y de misión ha sido un formidable ariete que no vale la pena desdeñar, pues justifica la tarea de dar y elevar al que está abajo.

De todas maneras, la sociedad del presente no deja de preguntarse si lo está haciendo bien, en el sentido de una enseñanza liberadora y democrática, o solo barnizando las aulas de un discurso inclusivo que se estrella contra el mercado de trabajo infanto-juvenil, que los somete con ominosas exigencias que cuestan vidas.

De un modo u otro, te enfrentarás con el mito de la pobreza, muy trabajado por los funcionarios de todos los tiempos para eximirse de gravámenes reales y obtener subsidios de los gobiernos estaduales o eclesiásticos. El fundamento de ese reclamo estaba claro, pero también es cierto que la distribución que llegó no fue siempre equitativa. No obstante, para convencer al lector será necesario estar bien informado y pesar cada palabra, pues los herederos de sus beneficiarios la pondrán en balanza.

La palabra “calor”, por ejemplo, tiene un enorme peso sobre el organismo emocional del lector y es efectiva desde 1582, cuando la usó el vecino Pedro Sotelo de Narváez, consignando la cifra de 50° centígrados como extremo en el período estival. Por lo que hoy sabemos del cambio climático y la deriva continental, el calor en Santiago del Estero aumentará en el curso del próximo milenio, y bien vale estar preparado para ello, más aún si te interesa, ya hablando entre nosotros, el género de anticipación.

La tierra es, por supuesto, el anclaje decisivo, ya sea Pacha prolífica o el profundo territorio del Supay. La tierra llevada por el viento cubre en forma de polvo loéssico la historia anterior. Puede volar donde quiera, y a veces lo hace bajo la forma de remolino, o huayramuyoj. Las capas de tierra preservaron los montículos que mostraron a los arqueólogos una verdad esencial: el pasado está abajo, y oculto. Luego, la tierra superficial sometida a la medición del agrimensor le demuestra al vivo que la única tierra que le queda es la del muerto, pues así era la ley.

¿Así era la ley? Aún ahora lo es, dicen algunos, pero convengamos que no es tema de fácil tratamiento. Has visto en tus entrevistas a las personas de quienes hablo, y quizá den testimonio en tu escrito, que se enriquece cada vez que callas y dejas hablar a otro/s. Sin darnos cuenta estamos en terrenos de la mitología, que también son complicados y necesitan tu análisis. Las referencias a la Salamanca, el Almamula y el Kakuy gozan hoy del mayor prestigio, habiendo sido tratadas por especialistas poco conocidos y eminentes aficionados.

Pero ya sabemos que no pueden abordarse demasiados temas en unas pocas páginas. Hay que seleccionar, recortar, verificar. Importa señalar el eje de tu lectura, y aun de tu deseo, bajo la forma extrema del amor (parámetro retórico) o el interés (parámetro práctico) por Santiago del Estero. Aunque seas un/a crítico/a impiadosa, quedará tu palabra registrada en esa vértebra de la cervical que llamamos archivo. Adelante entonces, y no cejes en tu empeño. Apenas menos desconocida que el África, esta pequeña región de América agradecerá tu texto.