A propósito del libro de Howard Gardner: Verdad, Belleza y Bondad reformuladas. La enseñanza de las virtudes en el siglo XXI.(1)

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Por Sergio Conci
Sacerdote escolapio – Licenciado en Ciencias de la Educación y profesor en Filosofía – sergioconci@hotmail.com

Ningún académico que se dedique a pensar la educación o investigar en torno a ella puede decir que no conoce quién es Howard Gardner. En las editoriales y en muchos círculos es un auténtico orgullo sostener que el material que se propone o lo que se está haciendo contempla la famosa teoría de las Inteligencias Múltiples.

Es por ello que me parece sumamente interesante y sugerente que un sicólogo afamado como éste se preocupe por los problemas de la disolución de los fundamentos provocados por la postmodernidad y las implicancias del uso de nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Más aún si ese sicólogo es el más famoso de la reconocida Universidad de Harvard.

En estas pocas líneas pretende comentar a grandes rasgos su trabajo y fomentar la discusión central en la educación no por los medios sino por los fines. Howard Gardner ha sabido en esta obra plantear que la educación no se puede resolver sólo ni principalmente en el debate didáctico sino que debe levantar la mirada y ver hacia donde lleva el derrotero de los planteos que en la cultura actual se proponen como norma de vida y de conocimiento.

Sin lugar a dudas este autor es un referente mundial después de su gran éxito acuñando el concepto: “Las inteligencias múltiples”.  Es por ello oportuno detenerse en cómo este autor treinta años después de su obra inicial se orienta del ámbito descriptivo al ámbito de los fines y los fundamentos de la educación.(2)Es claro que queda ver hasta dónde y cómo lo puede hacer desde un campo tan específico como la sicología.

Otro dato no menos curioso es que este reconocido autor haya decidido retomar para la discusión educativa el término “Virtudes”. Un término que progresivamente fue desterrado del campo pedagógico y que obviamente contiene dentro de sí la tradición de más de tres mil años de la historia de la educación occidental.

Aquí tenemos un gran catedrático que piensa libremente, que se da el tiempo y la ocasión para hablar de lo que le preocupa y que no está sujeto a las cadenas tan pesadas de tener que repetir lo que dicen otros a costa de que nadie le dé posibilidades de publicar o espacios para investigar. El autor de una de las últimas modas pedagógicas reinstala el tema menos de moda de estos últimos cincuenta años en las ciencias de la educación.

El desarrollo del libro.

El libro de Howard Gardner comienza abriendo un diálogo entre dos posiciones que se hacen concretas y patentes a través de dos autores de dos épocas y con dos obras concretas. El primero de los autores que cita es Henry Adams un gran historiados norteamericano que publicó un ensayo a principios de siglo XX tituladaMont-Saint Michel and Chartres: a study of Thirteenth-Century unity. Este autor plantea la importancia de mirar a la etapa medieval de la historia occidental como paradigma cultural. En ella encuentra un ideal que se expresa en su arte y en sus frutos. La iglesia y sus catedrales (como realidad material) son los espacios para que las gentes de todas las clases, de todas las etnias y de todos los orígenes se reúnan en el nombre de Dios. Se trata de una unidad de vida en todos los sentidos que muestra la integridad e interdependencia de la verdad, la bondad y la belleza.

Para entender el planteo copiamos la cita de Adams hecha por Gardner: “Todo el Monte encerraba el estilo grandioso; representaba la unidad de la Iglesia y el Estado, Dios y el hombre, la Paz y la Guerra, la Vida y la Muerte, el bien y el Mal; resolvía todo el problema del universo. […] Dios lo reconcilia todo. El mundo es una evidente armonía sagrada. […] Uno lo contempla como una imagen; un símbolo de unidad; una reafirmación de Dios y el hombre en la unión más estrecha y fuerte expresada jamás en las artes.” (Adams, 1933)Citado en (Gardner, 2011)

A  partir de esta idea Henry Adams, plantea Gardner, hace la relación con su presente (la década de la industrialización) y analiza la diferencia entre una catedral y lo que simboliza, y una convención internacional actual, una cúpula o una mina de carbón de su época, etc. Queda abierta la cuestión claramente para el tiempo nuestro casi un siglo después del de Henry Adams.

En el contrapunto está el ensayista David Shields. La obra publicada en el 2010 es Reality hunger: a manifiesto. Nuestro hábil autor se encarga de mostrar que esta obra es justamente expresión de lo opuesto a la unidad planteada por Adams. Se trata de una obra de 26 capítulos que contienen 618 sátiras con una organización aleatoria. Esta colección es de otros autores pero más de una vez no se reconoce quién escribe. Genera a juicio de Gardner “Si nos han llevado por un camino engañoso durante doscientas páginas, ¿por qué vamos a creer súbitamente en el autor? Y, de hecho, casi todas las citas ponen en tela de juicio qué es la verdad, si es posible alcanzarla, si es relevante.” (Gardner, 2011, pág. 6)

A la luz de la trinidad de la verdad, bondad y belleza Gardner se pregunta si es una obra que busca la verdad, puede tener un valor o fruto de bondad, y si esta obra así configurada puede llamarse bella. Se concluye que es definitivamente expresión de nuestro tiempo. “Representa los sentimientos de la postmodernidad: el empeño inquebrantable de cuestionar todo concepto de virtudes impecables. Y encarna deliberadamente las prácticas del collage, el refrito y el pastiche, facilitadas por los nuevos medios digitales.” (Gardner, 2011, pág. 7)

Se termina el prefacio de esta obra mostrando el asunto: “Ambos libros –y sus respectivos autores- ejemplifican el problema que abordaremos en los próximos capítulos. Ya no es posible (si es que alguna vez lo fue) aceptar conceptos como la verdad, la belleza y la bondad sin un estricto análisis, o tal vez sin escepticismo. Y sin embargo, al menos algunos – o quizá la mayoría- queremos conservarlos de una forma válida.”

A este punto nuestro autor está mostrando un gran anhelo del hombre contemporáneo pero a la vez la imposibilidad de sacarse el lastre heredado de la modernidad: el escepticismo, la sospecha, el criticismo.

De esta manera nuestro autor se plantea como central encontrar un camino actual para sostener la unidad y una respuesta a los deseos más profundos de todo ser humano. Dice que el objetivo es doble: por una parte “pretendo definir la verdad, la belleza y la bondad en nuestro tiempo” y, por otra, “explicar cómo podemos alimentar estas virtudes en lo sucesivo.”

Si continuamos su desarrollo, el Primer Capítulo se titula Las virtudes y los desafíos. En este apartado al comienzo se retoma que este libro “tiene dos finalidades”: “En primer lugar, está concebido para ayudarnos a reflexionar sobre el estatus actual de las tres virtudes humanas esenciales: la verdad, la belleza y la bondad. A la luz de este replanteamiento, ofrezco sugerencias a los padres, a los profesores y a otras personas, incluidos nosotros mismos, que sopesamos cómo educar las siguientes generaciones.” (Gardner, 2011, pág. 9)

Queda la pregunta a partir de esta aseveración de qué entiende estrictamente por virtud. Por lo desarrollado el autor parece sostener la existencia de realidades objetivas y universales que exigen disposiciones y estructuras en el sujeto para poder comprenderlas y utilizarlas.

El autor muestra a continuación cómo solemos dar por sentadas estas realidades en las cosas más sencillas y simples de la vida. Al mismo tiempo revela que es imposible sostener la sospecha como estrategia de vida. Afirma: “Apenas podríamos desempeñar nuestras funciones si dedicásemos tiempo a cuestionar todas y cada una de las señales que captamos a través de los sentidos o de la psique.” Así prosigue mostrando la evidencia de la sensibilidad estética y el deseo de bien en la condición normal de la vida. Por fin concluye: “Apenas podríamos sobrevivir –apenas podríamos llegar al final del día- si no navegásemos, al menos de forma implícita, entre lo verdadero (y lo que no es verdadero), lo bello (y lo que no es bello) y lo bueno (y lo que no es bueno). ¡Inténtenlo!”

Terminada esta demostración comienza otro desarrollo sobre el ocultamiento de estas llamadas virtudes clásicas en el tiempo actual y desde hace algunas décadas. Paso a paso muestra que este “trío” es cuestionado por la llamada “postmodernidad”. Lo declama un planteo “escéptico” y que denuncia toda postura o propuesta como “preferencias de quien ejerce el poder en un determinado momento”. Otro elemento que aporta el autor es desde la perspectiva tecnológica: “los nuevos medios digitales han dado lugar a una situación caótica”. En este sentido demuestra que en los nuevos medios se afecta la experiencia de lo que puede ser verdadero, bello y bueno.

Primero aborda lo verdadero y describe algunas variables típicas de las redes: se afirman cosas y se cambian constantemente, no se dan pruebas de las afirmaciones, se trata de mostrarse sabiendo que se engaña, etc. En lo bello se insiste en una suerte de falsación ejercida por recursos como photoshop u otros por el estilo. Sobre la bondad se habla de la tendencia a meterse en la vida de los demás, a difamar, etc. Al terminar este hilo el autor menciona que aun obedeciendo a vertientes muy diversas la postmodernidad filosófica y los nuevos medios digitales “constituyen una alianza fuerte y poderosa” en contra de las llamadas por él virtudes clásicas.

Ahora bien… ¿Por qué está Gardner decidido a trabajar este tema tan fuera de tono cultural? Veamos que dice él por sus propias palabras: “En este libro defiendo firmemente la importancia o incluso la vitalidad esencial de este trío”. Agrega… “Confío en que el análisis resultante revele el “núcleo esencial” de estas virtudes, nos ayude a conservar ese núcleo en nuestro tiempo y nos sugiere la mejor manera de transmitir dichas virtudes a las próximas generaciones.” (Gardner, 2011, pág. 11).

Gardner se define así por un cambio de mentalidad y se propone luchar por lo que considera lo más profundo del espíritu humano. En este sentido essignificativala respuesta que da a su auto – interrogación basada en porqué nos debemos preocupar por esto: “Tal preocupación es fundamental para nuestra condición humana, y así ha sido durante miles de años.”

A partir de ahí se explaya en las distintas etapas históricas mostrando esta centralidad del llamado “trío” desde siempre. En esa pesquisa va desplegando la idea de que la vitalidad cultural está puesta la discusión profunda de las respuestas a lo que es verdadero, bello y bueno.

De esta manera queda planteado el tema de la finalidad de la educación. Una finalidad que es de larga data: la felicidad como plenitud. En sus palabras: “Así llegamos a la situación actual. Toda sociedad que pretenda perdurar debe velar para que estos conceptos y valores se transmitan de forma viable a las siguientes generaciones. Si renunciamos a una vida marcada por la verdad, la belleza y la bondad –o al menos por la búsqueda permanente de estas virtudes- a efectos prácticos, nos resignamos a vivir en un mundo donde nada tiene valor, donde todo vale. Para no sucumbir a una existencia tan triste, tan anómala o absurda, es esencial revisar los conceptos de este trío desde una perspectiva esclarecedora.” (Gardner, 2011, pág. 17)

Asumida y esclarecida la posición se refuerza la idea del error de la época actual en sus dos variantes: filosófica y tecnológica. Dice: “En última instancia debemos trascender el relativismo y el cinismo a menudo concomitante de la postmodernidad; debemos asumir los grandes cambios del universo digital; pero no podemos limitarnos a reimplantar las simplicidades o los absolutismos de épocas anteriores o de las dictaduras contemporáneas. También tenemos que replantearnos la manera de inculcar estas tres virtudes a los jóvenes y la conveniencia de que las personas mayores redefinan (hasta cierto punto) periódicamente estos conceptos.” (Gardner, 2011, pág. 17)

Luego de desarrollar cómo los medios digitales y la postmodernidad oscurecen cada uno de los tres componentes de este trío de virtudes esenciales concluye: “A mi modo de ver, las tres virtudes son conceptualmente distintas entre sí. Es preciso evaluar cada una de ellas en función de sus propios méritos (y deméritos).” (Gardner, 2011, pág. 18)

A través de algunos ejemplos actuales de cómo parece innecesario que algo verdadero sea bonito o bueno, al mismo modo que algo bueno puede no ser bonito o algo bonito no es necesario que sea verdadero o bueno. Esto que parece normal para un adulto culto de la civilización occidental no ha sido siempre así. Así sostiene: “Por lo tanto, tendré que moverme por un terreno de frágil equilibrio. En las páginas que siguen intentaré abordar de forma independiente cada virtud. Presentaré las características definitorias, sus rasgos constantes y diversos, así como las amenazas que plantean la posmodernidad y los medios digitales. Como veremos, en nuestro tiempo cada virtud tiene un estatus diferente y tendrá un destino particular. No obstante, no perderé de vista la tendencia humana –a lo largo de los siglos y también con la evolución individual- de refundir las virtudes. Intentaré señalar los momentos en que nos encontraremos ante más de una virtud, así como los modos en que interactúan las virtudes.” (Gardner, 2011, pág. 20)

A partir de esta clarificación se dedica a relatar qué lo llevó a él a este trabajo y los pasos que fueron marcando su derrotero para plantear en concurrencia estas dos vertientes antes descriptas: la postmodernidad y las implicancias de lo tecnológico.

Comienza clarificando que él es sicólogo y que su mirada está planteada desde esta realidad. Comenta que su “trayectoria se resume en tres impulsos sucesivos de mi trabajo.” (Gardner, 2011, pág. 21) Esos impulsos de los que hablan se ordenan primero el arte bello, luego la cognición humana y finalmente la ética. A partir de esta experiencia vital se vuelve a “falta de un plan general” el camino a seguir: “desde la belleza hasta la bondad pasando por la verdad”.

Sigue explicitando que sus estudios sobre las inteligencias múltiples lo llevaron a formular “mi propia filosofía educativa”. En The disciplined mind, publicado en 1999, elaboré todo un programa curricular en torno a tres temas: la evolución darwiniana, la música de Mozart y el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial.” Comenta que este plantea desarrolla la verdad, la belleza y el bien “puesto que me limité a aceptar como no problemático el trío de las virtudes clásicas.” “Pero ahora comprendo el peligro de tal ingenuidad. Si nos limitamos a aceptar las virtudes, no estamos preparados para los argumentos sofisticados (si no sofísticos) que cuestionan los conceptos de verdad, belleza y bondad.” (Gardner, 2011, pág. 23) A este planteo se le suma que “también desconocía los rápidos cambios culturales, como el surgimiento de los nuevos medios digitales, que como mínimo problematizan estos conceptos clásicos.” Concluye diciendo “Puedo exponer sucintamente dichas conclusiones. Cada una de las virtudes engloba en ámbito abstracto de experiencia: propuestas verbales, experiencias evocadoras y relaciones entre seres humanos, respectivamente. Cada una de ellas es ejemplifica mejor mediante determinadas actividades humanas: la ciencia y el periodismo versan sobre la verdad; el arte y la naturaleza son el ámbito de la belleza; la bondad incumbe a la calidad de las relaciones entre los seres humanos. El trío de las virtudes, aunque indudablemente evoluciona y es objeto de ataques, sigue siendo esencial para la experiencia y para la supervivencia humana. No podemos ni debemos renunciar a ellas.” (Gardner, 2011, pág. 24)

A estas alturas agrega un punto interesante para poder entender su obra “Cuando analizo mis motivaciones para escribir este libro, me percato de que, en gran medida, me estimula la necesidad de responder a dos poderosos análisis de la condición humana: uno procedente de la biología; el otro, de la economía.” A su modo de ver estos ámbitos han adquirido una supremacía excesiva a la que se opone rotundamente. Entre otras causas reconoce que “suelen desestimar el poder de los agentes individuales, así como la eficacia de los individuos que de forma voluntaria e incansable colaboran para alcanzar fines deseables”. “En cierto sentido, este libro puede entenderse como un argumento contra las hegemonías del determinismo biológico y/o económico.” (Gardner, 2011, pág. 25)

En las páginas siguientes se lanza a mostrar en qué sentido se vuelven deterministas primero la perspectiva neurobiológica. “Aún más insidioso, afirma, es un argumento biológico que consta de dos razonamientos: a) los seres humanos somos lo que somos a causa de la evolución, lo que esencialmente es una perogrullada; b) por lo tanto, gracias a una falacia, la evolución determina la naturaleza y los límites de nuestros juicios acerca de la verdad, nuestras preferencias estéticas, la moral y los códigos éticos.”(Gardner, 2011, pág. 27) Luego arremete con lo económico.  Se vuelve un modo privilegiado de explicación científico-social basada en que “podemos y debemos cuantificar y clasificar, y podemos confiar en los resultados de dicha cuantificación y en la clasificación resultante. La multitud tiene razón […] el mercado es infalible…” En definitiva… “Lo que pretendo es recalcar que la biología o la economía casi nunca aportan la descripción definitiva de las acciones, las decisiones y los pensamientos humanos”

No podemos entender el estatus de estas virtudes sin adoptar una perspectiva multidisciplinar. … A lo largo del libro deambularé libremente por estos terrenos disciplinares, citando paralelamente algunos ejemplos procedentes de los acontecimientos actuales y de la experiencia cotidiana, incluida la mía propia.”

El programa: “Ya es hora de analizar cada una de estas virtudes, primero en sus propios términos, y después a la luz de los desafíos planteados por las corrientes de pensamiento actuales y las nuevas formas de tecnología. Después de los tres análisis, expondré algunas sugerencias sobre el mejor modo de educar a los jóvenes, y sobre la manera de inculcar en quienes ya no somos tan jóvenes el interés por estos temas. Tengo la convicción de que podemos preservar los rasgos esenciales de las virtudes clásicas, sin crearnos la falsa ilusión de volver a concebirlas de una manera idealizada.” (Gardner, 2011, pág. 31)

Valoración e invitación final

No queremos suplir la necesaria y fascinante tarea de leer esta significativa apuesta de Howard Gardner. Simplemente abrir el juego y motivar su discusión. Siguen varios capítulos en este libro: los tres siguiente sobre la verdad, la belleza y la bondad en ese orden. En ellos se plantean temas culturales actuales que hacen posible el encontrar estos fundamentos que el autor viene denominando virtudes esenciales. De poco valor filosófico pueden ser motivadores para entrar en diálogo con personas que no tiene formación específica en este ámbito y abrir así una pregunta que debería llevar a tener más y mejores argumentos.

En el quinto capítulo se dedica a estudiar cómo evolutivamente es que traen o se desarrolla estas realidades virtuosas en los niños. La conclusión o el elemento más fuerte de su análisis es que la sicología actual parece mostrar que es algo natural desde los primeros actos del niño. Claramente no habla de un innatismo sino de la necesidad humana que busca plenificarse.

 En este capítulo se vuelve muy interesante el análisis que hace el autor del aporte de las escuelas en este proceso central del ser humano. Sin detenernos en su análisis habla de “cuatro principios pedagógicos fundamentales” (Gardner, 2011, pág. 136). Estos son la alfabetización, la adquisición de herramientas para la transmisión del conocimiento social, las leyes morales y la apreciación de las creaciones artísticas consideradas valiosas por la humanidad.  En estos puntos hace hincapié el autor la importancia de los procedimientos y de los contenidos y su necesaria vinculación. En este sentido nos parece que este aspecto podría dar luz sobre el oscuro concepto utilizado por el libro de Virtud.

Un considerable apartado dedica Gardner a desarrollar la dificultad aún mayor para esta adquisición de virtudes en la etapa adolescente. Da criterios pero sobre todo describe cómo se va complejizando con el planteo postmoderno y el uso de las redes y otras tecnologías el crecimiento armónico de la personalidad. Por fin en el capítulo 6 desarrolla la edad adulta. En esta etapa da más énfasis a la influencia del planteo postmoderno que al uso de los medios tecnológicos.

Después de este recorrido uno se encuentra con la conclusión del autor. En ésta se retoma la dicotomía entre Adams y Shields. De alguna manera nuestro escritor se justifica de su opción por redefinir, con cierto acriticismo postmoderno por el criticado, lo que se considera verdad, belleza y bondad. Posteriormente arremete contra el biologismo y el economicismo en los planteos académicos sobre el hombre y su inteligencia. En este sentido apunta a no reducir todo a una previsibilidad estadística ni tampoco al determinismo genético. Hasta aquí el autor.

A mi entender el gran mérito de esta obra es abrir el debate nuevamente de los fines y de los fundamentos en el ámbito de la educación. Es cierto que se está dando en esta obra de un modo parcial o al menos insuficiente. Se usan términos importantes y se citan autores de gran peso sin contextualizar o poner en escena lo que suponen los mismos. El mejor ejemplo es el término virtud que fue acuñado y es utilizado desde los griegos hasta el siglo XX por infinidad de filósofos, teólogos, pedagogos. En ningún momento se coteja, se confronta, se busca comprender. Se plantea es necesaria la multidisciplinariedad pero nuestro querido autor muestra manejar bastante poco el ámbito concreto de la filosofía y otros lindes epistemológicos. Sin embargo la riqueza descriptiva de los capítulos evolutivos hace valiosísimo el esfuerzo del lector.

Otro aspecto a debatir es la percepción de que elije nuestro autor una posición bastante cómoda e infecunda. Dice sí a la necesidad de una nueva unidad e integralidad del ser humano y su formación pero al mismo tiempo parece claudicar a los planteos escépticos y de sospecha. Es un intermedio que puede terminar siendo ni chicha ni limonada.

Considerando otros aspectos es interesantísima la crítica necesaria que el autor hace del uso de los medios, la posmodernidad y de la misión escolar en este contexto epocal. 

Claramente no podemos dejar pasar tampoco en análisis y la discusión dentro de las ciencias sociales del paradigma economicista y biologista que como dos grandes nubes oscuras amenazan una vez más a dejar en la penumbra la creatividad, la libertad y la genuina originalidad de cada ser humano.


Notas al Pie:

(1) El libro original se titula: Truth, Beauty and Googness Reframed. Educating for the virtues in the twenty-first Century. Publicado por Basic Books Group en el año 2011. En castellano lo publica Paidós en el mismo año: “Verdad, Belleza y Bondad Reformuladas. La enseñanza de las virtudes en el siglo XXI”.

(2) Tal vez resulte interesante comparar este texto con el suyo escrito en 2003 que se titula: “La teoría de las inteligencias múltiples veinte años después” cfr. GARDNER H., El desarrollo y la educación de la mente. Escritos esenciales, Magnun-Paidós, 2012.