Hacia una historia de la Argentinidad como experiencia

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Por Luis García Fanlo

Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires  – luis.fanlo@gmail.com

Michel Foucault usa indistintamente los términos experiencia, forma de experiencia y foco de experiencia para referirse a la correlación entre campos de saber, matrices normativas de comportamiento y modos de existencia virtuales para sujetos posibles, que serían los ejes que la constituyen. Toda experiencia sería históricamente singular y actuaría performativamente en tanto instauradora de reglas, racionalidades y regularidades, es decir, produciendo regímenes de prácticas. La experiencia sería un pensamiento pero no en el sentido usual de formulaciones teóricas como los de la filosofía o la ciencia, sino entendido como practicas organizadas de carácter sistemático y recurrente que establecen las maneras de decir, hacer y conducirse en las que un individuo se manifiesta y obra en tanto sujeto de conocimiento, sujeto social o jurídico y sujeto ético (Foucault, 2008: 9-38).

¿Cómo sería, en este contexto teórico, hacer una historia de la argentinidad como experiencia? En principio diría que habría que abocarse a los siguientes proyectos que de una u otra forma han constituido gran parte de mi actividad de docencia e investigación académica en los últimos diez años, a saber:  1)cartografiar el proceso de formación de los saberes que se refieren a la argentinidad  entendiendo por tales a aquellos que definen, describen o explican qué es la argentinidad y por qué somos como somos prescribiendo cómo debe conducirse un argentino normal (García Fanlo, 2010c; García Fanlo, 2009). 2) elucidar cómo se han constituido los sistemas de poder que producen, regulan y normalizan la conducta de los argentinos para hacernos gobernables (García Fanlo, 2011b; García Fanlo, 2013). 3) describir las formas según las cuales los argentinos debemos reconocernos y prestarnos atención a nosotros mismos declarándonos como sujetos de una argentinidad cuya verdad u autenticidad debe ser constantemente puesta a prueba (García Fanlo, 2010a; García Fanlo, 2011a). 4) ensamblar saber, poder y subjetividad para mostrar cómo la argentinidad produce el modo de ser y las maneras de hacer de los argentinos (García Fanlo, 2011b).

De modo que no se trata de hacer la historia de la argentinidad como experiencia a partir del inventario de los comportamientos que usualmente han sido considerados típicamente como argentinos, ni tampoco una historia de las ideas o las mentalidades argentinas que construyeron o funcionaron como representaciones de la argentinidad, sino de intentar reconstruir genealógicamente las condiciones de posibilidad, existencia y aceptabilidad por parte de la sociedad argentina de que la argentinidad era y es un problema que concierne a los argentinos en tanto sujetos morales (García Fanlo, 2010b) y por lo tanto que existen como tales inscriptos en determinados regímenes o sistemas de prácticas históricamente determinados y que responden en su configuración estructural a determinadas relaciones de poder y saber (García Fanlo, 2010d).Si la argentinidad como experiencia se define en unos regímenes de prácticas en los que está en juego una moral argentina, entonces habrá que buscarla inicialmente en textos prescriptivos entendiendo por tales aquellos cuyo objetivo principal consiste en proponer reglas de conducta, opiniones, consejos, maneras de hacer, estilos de vida, etc. para comportarse “como es debido”, textos prácticos que operan performativamente sobre las conductas de sus lectores y que en ese sentido deben ser leídos, meditados, aprendidos y utilizados para ser aplicados en la conducta diaria y cotidiana. Estos textos prácticos, en el caso argentino, constituyeron y constituyen saberes cuya producción y reproducción fue posible por su ensamble con dispositivos, tecnologías y discursos que asumieron la forma de credos, cruzadas, apostolados cívicos y religiosos, políticas estatales, movimientos de la sociedad civil y políticos de carácter pastoral, etc. y cuya función fue y sigue siendo permitir que los argentinos se interrogasen a sí mismos sobre su conducta tanto en términos individuales como colectivos. Pero no se trata exclusivamente de trabajar con los textos prescriptivos canónicos, como por ejemplo los manuales escolares de educación moral y cívica, o los consejos que el Viejo Vizcacha nos enseña en el Martín Fierro, o tal vez las Máximas para mi hija de José de San Martín, o los discursos de Leopoldo Lugones, sino también, y en especial, con el derrame de estos discursos en el campo político y cultural de la vida cotidiana a saber discursos periodísticos, ensayísticos, artísticos, dietéticos, culinarios, médicos, psiquiátricos, sanitarios, educativos, sociológicos, económicos, religiosos, deportivos, teatrales, cinematográficos, televisivos, Web, etc.

Desde luego que esta propuesta de investigación se inscribe en el debate con un extendido estado de la cuestión que, desde diversos enfoques teóricos y perspectivas analíticas ha abordado la problemática. Desde su nacimiento, a principios del siglo XX, el discurso sobre la argentinidad se organizó definiendo las maneras de ser de los argentinos a partir de considerarlas desviadas con respecto a un modelo ideal de sujeto normal (civilizado) que nunca queda explícitamente definido. Para los discursos positivistas, por ejemplo, la normalidad sería adoptar las maneras de ser de ingleses, franceses y alemanes; para los discursos modernistas culturales y nacionalistas habría que encontrar al verdadero argentino en una restauración del pasado colonial y las tradiciones gauchescas; para los discursos funcionalistas de la sociología científica en una simbiosis entre lo europeo y lo nativo que toma como referencia la sociedad norteamericana. Así, la descripción y el estudio de las maneras de ser de los argentinos se organizó a partir de identificar en las prácticas sociales un conjunto de rasgos característicos, recurrentes, más o menos naturalizados y permanentes, que no son otra cosa que desviaciones, anomalías o anormalidades que deben ser corregidas porque se constituyen en un obstáculo para que en nuestro país imperen el orden, el progreso y la civilización y se haga realidad nuestro destino de grandeza.

La explicación que en líneas generales se reprodujo a lo largo del siglo XX argumentó que los argentinos teníamos una identidad producto de una mezcla de razas contradictoria cuyo resultado era un modo y forma de ser, un estilo de vida, una personalidad social, una argentinidad, imposible de disciplinar y hacer gobernable de acuerdo con el modelo de las sociedades europeas desarrolladas. Las investigaciones realizadas en el ámbito académico en los últimos años adoptaron estos señalamientos discursivos como un dato de la realidad y desde este supuesto intentaron explicar los procesos de constitución de la ciudadanía, las representaciones sobre la argentinidad que se desplegaron durante el siglo XX en los discursos académicos, literarios, políticos y culturales, las formas en que dispositivos estatales como la educación, el ejército o la iglesia inculcaron la argentinidad y la reprodujeron a lo largo del tiempo y sobre el conjunto de la sociedad, o el estudio etnográfico de casos particulares como el fútbol, el género, la música popular, o los espacios sociales en que esta argentinidad se expresaba. No obstante, en ninguno de estos casos se pone en duda que la argentinidad sea el modo y forma de ser de los argentinos, ni se cuestiona el estereotipo que describe y define cómo somos según el orden del discurso decimonónico convertido en sentido común y reproducido a lo largo del siglo XX: desarraigo social, viveza criolla, insatisfacción afectiva, sentimentalismo, culto al coraje, miedo al ridículo, desprecio por la ley, culto de la amistad, exaltación yoista, no te metás, culto a la familia, ciclotimia, faccionalismo, creatividad individual, mimetismo europeísta, soledad y tristeza.

Al mismo tiempo, muchos de estos estudios han indagado en la naturaleza u origen de nuestra identidad nacional diferenciándose en dos grandes campos interpretativos. Uno de ellos entiende que la argentinidad es una invención o ficción constitutiva de la formación de los estados nacionales modernos, necesaria para construir un nosotros unificador frente a los conflictos de clase propios de la sociedad capitalista; en tanto el otro enfoque concibe nuestra identidad como una esencia que se manifestaría en las tradiciones, costumbres, formas jurídicas y modelos socio-culturales heredados de la tradición española y que nos definiría de una vez y para siempre. En ambos casos la identidad es pensada como algo fijo, inalterable, que puede cambiar de formas de expresión pero cuya matriz constitutiva es siempre igual a sí misma y más o menos inmodificable. Siempre fuimos así. En el primer caso queda sin explicar o insuficientemente explicado cómo es que esa invención produce formas sociales de ser y como éstas se reproducen a lo largo del tiempo; en el segundo caso queda sin explicar o insuficientemente explicado cómo esa forma de ser se mantiene siempre igual a sí misma independientemente de los cambios históricos y sociales y como se explican las diferencias existentes entre esa esencia identitaria y las múltiples identidades locales, regionales, de clase, género, etc. que son empíricamente observables en la sociedad argentina.

Mi enfoque conceptual consiste en proponer una perspectiva teórica y metodológica que si bien se inscribe entre quienes definen la argentinidad como una invención se diferencia al postular que la argentinidad es lo que produce el modo y forma de ser de los argentinos. La argentinidad, entendida como régimen de prácticas no sería el modo y forma de ser de los argentinos y argentinas sino lo que produce esos modos y formas de ser cuyo funcionamiento se estructura de acuerdo con una lógica de la argentinidad. Hacer la historia de la argentinidad como experiencia implicaría producir una genealogía de la ética del ser y hacer argentino que privilegie el abordaje de los comportamientos en relación a las reglas y valores que se les proponen a los argentinos como modelos de conducta normalizados estudiando las formas en que se someten más o menos completamente a un principio de conducta, en que obedecen una prohibición o se resisten a ella, en que respetan o dejan de respetar un conjunto de valores morales asociados con la argentinidad. Esta genealogía de la ética argentina implicaría determinar de qué manera y con qué márgenes de variación o transgresión los individuos o grupos de individuos se conducen en relación a los sistemas prescriptivos que están explícita o implícitamente dados en el campo cultural argentino de una época determinada. En resumen, se trata de hacer la historia de las maneras en que los argentinos y argentinas fueron y son llamados a constituirse como sujetos de una conducta moral “genuinamente argentina” que no esté centrada en la ley o los códigos institucionalizados sino en la actitud que obliga o no a respetarlos bajo determinadas condiciones de posibilidad, existencia y aceptabilidad.

Esta experiencia moral de la argentinidad no es otra cosa que una ficción, un modo de subjetivación, una tecnología de sí-mismo, que históricamente se ha constituido en términos de una moralidad de los sentimientos antes que de las intencionalidades o el deseo. Problematización de los buenos o malos sentimientos juzgados en tanto auténticos o simulados, puros o impuros, leales o traicioneros, ingenuos o sofisticados, que puede ser ejemplificado en la forma en que se organiza la matriz discursiva de la telenovela, el reality-show, el docudrama, o la comedia costumbrista en todas sus variantes para tomar el caso del discurso televisivo, pero que también puede extenderse a la radio, la literatura, el periodismo, el deporte, etc.  (García Fanlo, 2012a; García Fanlo, 2012b; García Fanlo, 2010e).   

 

Bibliografía citada 

Foucault, Michel (2008), Historia de la sexualidad. El uso de los placeres, Buenos Aires, Siglo XXI, pp. 9-38.García Fanlo, Luis (2013), “Vigilar e identificar. Formas actuales de la sociedad de vigilancia en la Argentina”, enTrazos Universitarios, Universidad Católica de Santiago del Estero,http://revistatrazos.ucse.edu.ar/13o_000.htm

García Fanlo, Luis (2012a), “Dulce Amor. Regularidades y discontinuidades de la telenovela argentina”, en La Mirada de Telemo. Revista Académica sobre la televisión peruana y mundial, Número 8, Pontificia Universidad Católica de Perú, Lima.

García Fanlo, Luis (2012b), “Twitter y la rebelión de los ciberfans de Gran Hermano 2.0”, en Antonio Fausto Neto y Mario Carlón (editores), Las políticas de los internautas, Buenos Aires, La Crujía, pp. 97-115.García Fanlo, Luis (2011a), “Producción, reconocimiento y convergencia digital en el periodismo militante de 678”, en Trazos Universitarios, Universidad Católica de Santiago del Estero,  http://revistatrazos.ucse.edu.ar/Comunicacion/8c_000.htm

García Fanlo, Luis (2011b), “La argentinidad: un marco interpretativo”, enPolis. Revista Académica de la Universidad Bolivariana, Número 29, Universidad Bolivariana de Chile, http://www.revistapolis.cl/29/art15.htm

García Fanlo, Luis (2010a), “Identidad, subjetividad y argentinidad en tiempos del Bicentenario”, en IR. Revista del Instituto de la AFIP, Número 6, Buenos Aires, pp. 120-127, http://www.afip.gov.ar/instituto/publicaciones/revista/IR006.pdf 

García Fanlo, Luis (2010b), “El Bicentenario de la argentinidad”, en Marta Palchevich y Luis Martínez (Comp.), Boletín de la Biblioteca  del Congreso de la Nación, Número 125, Buenos Aires, pp. 17-24.García Fanlo, Luis (2010c), “Tres discursos sobre la argentinidad”, en Ciencias Sociales, Nº 76, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, Buenos Aires, pp. 25-28.

García Fanlo, Luis (2010d), Genealogía de la argentinidad, Buenos Aires, Gran Aldea Editores, 2010.García Fanlo, Luis (2010e), “Un análisis sociológico del reality show Gran Hermano 4 (Argentina)”, en LIS Letra, Imagen y Sonido, Número 4, Buenos Aires, pp. 25-40.

García Fanlo, Luis (2009), “Tres modos de problematizar la argentinidad”, enEl Catoblepas. Revista Crítica del Presente, Número 93, España,http://www.nodulo.org/ec/2009/n093p11.htm

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Luis E. García Fanlo (Buenos Aires, 1957) es Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular de Sociología de la argentinidad y Profesor Adjunto de Historia Social Argentina en la Carrera de Sociología (UBA). Profesor del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales (UBA) y de la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Nacional de Rosario. Es Investigador del Área de Estudios Culturales del Instituto Gino Germani (UBA). Autor del libro Genealogía de la argentinidad (Buenos Aires, Gran Aldea Editores, 2010). 

Luis E. García Fanlo (Buenos Aires, 1957) es Sociólogo y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Profesor Titular de Sociología de la argentinidad y Profesor Adjunto de Historia Social Argentina en la Carrera de Sociología (UBA). Profesor del Programa de Doctorado en Ciencias Sociales (UBA) y de la Maestría en Estudios Culturales de la Universidad Nacional de Rosario. Es Investigador del Área de Estudios Culturales del Instituto Gino Germani (UBA). Autor del libro Genealogía de la argentinidad (Buenos Aires, Gran Aldea Editores, 2010).