Cajita Feliz

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Por Gabriel Castañares / Texto realizado a partir del Trabajo Práctico “La descripción”, de la cátedra de Taller Integral de Primer año de la Licenciatura en Comunicación Social, UCSE

No se conforma con solo mirar. Capta momentos y los congela de manera sutil, como muestra y fragmento de una totalidad. 

Quizás haya sido el descubrimiento más grande de todos los tiempos. Quién sabe… Pero es seguro que ha revolucionado la forma de ver el mundo. 

Es gris o negra preferentemente; aunque los colores son infinitos si uno quiere o escoge. Recubierta de piezas metálicas y plásticas (anteriormente hecha de madera) convertida en producto de un mercado monstruoso, precedida por un voraz consumo de artículos de esta clase. 

Siempre coincide con las demás en su forma rectangular y de cuerpo prismático. Nacida bajo el método de la “caja obscura”, algunas clásicas y otras a la vanguardia. Livianas en su mayoría, con más, más y más funciones con un nuevo lanzamiento de modelo. De tal manera que casi olvidamos cuál es su objetivo principal: “registrar”. La llevamos de aquí para acá, para ser los primeros en tener en nuestras manos la imagen cercana y fiel de todo aquello que resulta intangible o aquello que se ve una sola vez en persona. 

Con pilas o baterías. Con rollos antes, con tarjetas ahora. Dispositivo implementado para diversos fines, entre ellos: compartir, mostrar, informar, descubrir, sorprender, aprender, ¡Hasta extorsionar! Son estos los motivos más atrayentes que nos permiten conservarla y cuidarla, pero también son las razones más agobiantes y frustrantes que nos deprimen al perderla. El saber que no perdimos solo el artefacto, sino también parte de una grata realidad vivida que merece ser recordada. 

Si nos concentramos en el objeto, apreciaremos toda su complejidad como objeto portátil. Funciona gracias a luz, sin ella no sería posible su accionar. Enfoca para lograr nitidez, composición y realismo. Obtura a variadas velocidades según las condiciones de luz y crea así efectos maravillosos que deleitan a nuestras pupilas. Cuenta con un botón llamado “disparador” cuyo sonido particular nos incita a seguir captando momentos. ¡Cómo olvidarme de ese haz de luz blanca potente! Aquel que disipa la oscuridad por un instante y que ciega nuestros ojos al lanzarse en línea recta o al expandirse y refractarse por todo un espacio o superficie. 

Botones aquí, botones allá. Ojo de pez, zoom, gran angular. Algunas son grandes y otras pequeñas. Profesionales multifunción, digitales con megapíxeles de alta resolución o compactas modelo estándar. 

Ellas dependen de su tamaño en “Gigabytes” de memoria para dar rienda suelta a nuestra imaginación y no abstenernos de tomar cientos y cientos de imágenes. Tal es la sensación que genera este aparato capaz de maravillarnos. Y poder sorprendernos con el invento de Niépce y Daguerre, desde sus primeras creaciones y experimentos, hasta las ilustres obras de James Natchwey en nuestros días.