Algunas notas sobre metapsicología del sujeto democrático

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Por Juan Leopoldo Ramos
Psicólogo y docente de la licenciatura en Psicología UCSE – juanllramos@hotmail.com
“Verte feliz, no es nada,es sólo un rocanrol del país.
Verte feliz, no es nada
es todo lo que hacemos por ti”

 

Hay generación cuya infancia transcurrió contra el lienzo de la primavera alfonsinista, la niñez y adolescencia en el Menemato en parte, en otra parte en la Alianza, y la juventud va desplegándose con el Kirchnerismo.

Quiero contar algunas ideas de treintañero, es decir, la edad de la democracia más consolidada en 204 años de gobiernos propios, al menos en lo nominal, y esto al menos será clave hacia el final de esta comunicación.

Haber logrado 30 años de democracia ininterrumpida parece glorioso, en medio de saqueos que podían ser leídos de muchas formas: una por ejemplo sería que se viene abajo el país, otra que son operaciones destituyentes del orden democrático y habría otras más, seguramente. Adhiero a la segunda.

Cristina Fernández de Kirchner decía que quien no quiera la democracia (ojo que no se habla de partidos, se habla del sistema muy perfectible y más elaborado por la humanidad a la fecha en términos de cómo los sujetos se organizan para no vivir en la selva, en un orden animal) que no se vista de cordero. Adhiero a esta propuesta.

A 30 años de la recuperación del orden democrático, hay que decirlo: hay gente que quiere la democracia y hay gente que no. Es el parteaguas que atraviesa a la República desde sus inicios y desde el ’83 ha estado presionando también. En la sección metapsicológica me referiré a esto.

¿LA GENERACION DEL ’83?

Creo que hay una escritura invisible en los changos y las chicas de la era democrática post-’83 que nos libró de la tiranía antidemocrática dictatorial, nos habilitó a la (peligrodramática) libertad de elección y nos creó la responsabilidad de sostener el orden democrático.

Creo que en los ’90, época que nos vio cantar los felizcumpleaños 7 a 17, toda la escolaridad carajo, no podría haber dicho lo del párrafo precedente. Considero que la generación anterior no llegó a inscribirse en el párrafo precedente. La dictadura hizo estragos.

Tal vez es un deseo. Tal vez son las ganas de constituir una generación, conformar un cuerpo no armonioso pero sistémico de changos y chicas que puedan ganar la pulseada por el orden democrático, profundizándolo, yendo a fondo, un fondo que no sería un abismo, sino una luz.
El fantasma de la dictadura cívico-militar nos sopla en la nuca. Sí, la analogía es feroz: como si nos quisiera violar.

Me parece muy interesante cómo jóvenes del ’83 pueden hacer algo con ese fantasma. Rechazarlo. Engullirlo. Vomitarlo. Digerirlo. Tragarlo. Cagarlo. Combatirlo. Olvidarlo. Las múltiples formas de hacer con la Sombra hacen al modo de salida de la lucha con ese fantasma. Este fantasma no es más ni menos que el asecho a la democracia en todas sus magnicidas y micropolíticas formas: desde bajar presidentes hasta forrear a un compañero, expulsarlo.

Creo que la decodificación de esa escritura propuesta como hipótesis más arriba puede mejor entenderse, así como las formas del fantasma dictatorial, con algunas articulaciones de lo que podría llamarse metapsicología política.

ALGUNAS NOTAS SOBRE METAPSICOLOGÍA DEL SUJETO DEMOCRÁTICO

¿Qué es un sujeto democrático? Sin dudas es bestialmente pretenciosa la pregunta. De una bajamos las aspiraciones de su respuesta cabal, profunda, exhaustiva, agotadora, para apuntar a esbozos, ideas al respecto.

La metapsicología en psicoanálisis es un andamiaje teórico que soporta y genera las explicaciones del modelo explicativo psicoanalítico básicamente freudiano para los fenómenos del espíritu: fuerzas, instancias, energías, agujeros, etapas, dimensiones, estructuras.

Creo que un sujeto democrático es el efecto del atravesamiento de un significante, de una marca, la del orden democrático, diversa del orden dictatorial, del orden monárquico, del “orden” anárquico.

Aquí es donde pienso en la generación o la clase del ’83 como un corte. ¿Qué sucede con los changos que salen a una luz en la democracia frente a aquellos que nacieron en el Proceso? ¿Cómo se juega en el orden político esta inscripción democrática cuando años más tarde la autonomía existencial obliga a tomar posición política incluso bajo la forma del supuesto insípido neutralismo del “no entiendo nada de política” o del “odio la política”?

Creo que estas últimas expresiones pululaban en el Menemato. No es mi responsabilidad testimoniar si en las otras eras democráticas, siempre más breves que la que transcurrimos, estas expresiones existían, en este texto se convoca a esas voces a decirlo, en ese caso.

Tal vez de nuestra generación se espere otra generación: la que en la transmisión debida intergeneracional marque los valores democráticos: diálogo, equidad, dignidad, combate por el bien común.

Tal vez primera y última se destaquen. Diálogo y combate igualitario. Suena kirchnerista decir “igualitario”. Claro. De una. No lo escuché antes. Yo no. Lo adhiero. ¿Derechos civiles para los homosexuales reventados? Reventados por la discriminación de un orden mojigato, reaccionario y violento. Claro que sí. Miren chang@s post-generación-83, esto pasó en la democracia renaciente. Glorioso.

El sujeto democrático sería un sujeto que pudo atravesar la miseria del egoísmo. Ese que el salvajismo del Menemato propuso. Qué bravo estar-en-adolescente en los ’90: miseria o champagne. Privatización de la esperanza de la movilidad social. Condena para la clase media y menores.

Este sujeto democrático que se sobrepone al egoísmo puede posicionarse desde el diálogo. Sea kirchnerista o no, el fanatismo es criminal, criminal contra el orden democrático, un contrasentido en su seno. Condenable. Sólo el diálogo permite pasar como dijo Freud a la civilización, arrojando el insulto – ¡en el peor caso!- en lugar de una piedra.

El sujeto democrático puede preocuparse por el bien común. Cuando el sujeto puede enhebrar su deseo a la discusión por los destinos de una nación se produce un fenómeno metapsicológicamente monumental: el sujeto depone el narcisismo para convertirlo en el trabajo por la dignidad del otro.

Aquí cabe discriminar algo: no es desechable quién no “hace política”. Porque esa sería otra “alta frase” argenta: la política como organización partidaria generalmente rancia.

La micropolítica creo que viene a calzar muy aquí: hay una articulación no sé si remota pero seguro indirecta cuando se combate contra el salvaje egotismo al tender el diálogo o la mano al otro.

Los psicoanalistas trabajamos en el nivel de la ética del sujeto: ¿cómo tengo que vivir? Ahí hacemos gala de lo abisal de la vacuidad del ser (1): el sujeto debe darse su deseo en sus consecuencias y loas en su responsabilidad.

Pues bien, la otra dimensión, la política: ¿cómo tenemos que vivir? También está hecha de abismo y vacío. Esta vacuidad de lo político nos obliga a darnos un modo de hacer andar la cosa: hasta aquí llevamos 30 años continuados de sostener un modo. Hoy festejamos muchos este evento.

La democracia es también vacua. En un interesante reflejo del orden político en-sí (2), la democracia es como un continente a poblarse siempre: es su riesgo y su esplendor. Todo se discute. Y considero, testimonio, que nunca viví el grado de discusiones que vemos hoy. Como un despertar del sujeto democrático a la vacuidad del orden que exige reinventar respuestas y propuestas. Así el sujeto democrático es un reinventor permanente.

Cuando decimos que el sujeto democrático está habilitado a la peligrodramática libertad de elección quiero transmitir que desde el ’83, nuestra generación, no conoce otro orden pero sí conoce su reverso: corporaciones presionando por llenar ese vacío con una orden que excluye la pregunta por el bien común; porque no le cabe otra que la pregunta por sus intereses. Corta la bocha.

El drama de sostener la democracia tiene que ver con el trabajo político o micropolítico que el sujeto está obligado a hacer en cierto ángulo porque decidió habitar ese orden democrático.

Tal vez el aspecto más sobresaliente de la metapsicología del sujeto democrático sea esta: el sujeto democrático debe hacer un trabajo sobre sí para franquear el narcisismo hacia la preocupación por el otro y su dignidad.

La Renga tocando en la Plaza de Mayo cantaba: “será un camino que no tiene huella” y de eso se trata: cómo inventamos la democracia. Esto no quiere decir que inventamos el sistema. Una madre no se inventa. Se inventa la relación que nos damos con el sistema llamado “democracia”. Ahí el trabajo del sujeto democrático, que celebramos hoy en su recorrido de treintena de años.

DISFRAZ DE CORDERO

Jacques Lacan dijo alguna vez que la política es negociar a los sujetos por cientos de miles (3), como si fuera el psicoanalista francés un chango noventoso, dominado por una operacioncilla que le hicieron en las intrigas políticas del psicoanálisis francés.

Esto ocurría con frecuencia en los ’90: “no sé nada de política” y “odio la política”. Creo que fue una operación eficaz, pariente de la proclamación del fin de las ideologías señalada con fuerza por Zizek (4) como un efecto logrado.

Cuando se pregunta a los detractores del gobierno de turno, que en este momento histórico está dirigiendo al país, en lugar de que lo hagan las corporaciones de comercio, cuáles serían las propuestas alternativas al proyecto oficial, se encuentran o la nulidad victimológica o propuestas directamente delirantes, tal vez románticas, cinematográficas, y a veces propuestas sensatas, que sería interesante ver progresar en partidos políticos que las concreten.

El disfraz de cordero le cabe a los sujetos antidemocráticos, sujetos que no pudieron franquear ese paso psicológico del narcisismo egotista al trabajo por el otro del pueblo de la nación. Repito: como políticas en sentido de Alemán, o como micropolíticas como Foucault las trabajó y las ejemplifiqué en el nivel más directo de encuentro problemático con el otro y su goce y su deseo.

No querer saber nada de lo político, del acontecimiento por el que se vuelven a repartir los modos de organizar el cómo vivir juntos, es un reflejo selvático que trasunta una opacidad peligrosa, abiertamente neoliberal (venía ausente el nombre de este proyecto mundial): es el éxito de la política neoliberal: el Estado ausente, maquillado, las Políticas como Intereses Corporativos, odio la política, no sé nada de ella.


Referencias

1) Martin Heidegger y Jacques Lacan han insistido en filosofía y en psicoanálisis con la deriva ausente de las representaciones en el sujeto.
2) ALEMÁN, Jorge. (2009) Para una izquierda lacaniana, Buenos Aires, Grama. Aquí el autor distingue lo político como un acontecimiento en términos del dislocamiento de todos los acuerdos sobre lo que la realidad es para que advenga otra cosa; tiempo donde las políticas harán su parte, en tanto organizaciones.
3) LACAN, Jacques (1964) El seminario. Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, 1964, Paidós, 2001.
4) ZIZEK, Slavoj, (1989) El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003.