Una lectura de “Hacia una filosofía política situada”, de Alejandro Auat

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Por Ernesto Picco
Editor revista Trazos / Becario Conicet – UNSE / Docente UCSE – ernesto_picco20@hotmail.com

Alejandro Auat presentó en la última Feria Provincial del Libro su nuevo trabajo“Hacia una filosofía política situada”, que se presenta como una herramienta y una brújula epistemológica tanto para la investigación como para la militancia. Me propongo aquí comentar algunas ideas de su libro, y complementarlas pensando algunos ejemplos prácticos de nuestra realidad local.

Todo esto, sin estar seguro de si mi interpretación me llevará por los caminos teóricos que él intenta señalar, cuestión que al fin y al cabo puede ocurrir con cualquier interpretación que un lector haga de un autor. Este nuevo libro de Alejandro Auat reúne una veintena de artículos escritos entre 1999 y 2010, que siguen la línea de autores como Boaventura de Sousa Santos o Enrique Dussel, quienes trabajan hace décadas en busca de una filosofía y una epistemología del Sur, liberada de las matrices de pensamiento eurocéntricas.

Auat lleva aún más lejos este desafío por la emancipación del conocimiento, y busca redefinir conceptos como democracia, ciudadanía y política, desde un tercer dominio geoepistemológico: la región del NOA, y en ella Santiago del Estero.

Este dominio territorial y de referencia aparece como una periferia de segundo orden hacia el interior de una región históricamente subalterna y colonizada como es Latinoamérica.

El esfuerzo de Auat por pensar lo local a partir de la reconstrucción categorías a partir de la experiencia situada – es decir, desde la localidad propia – es fundamental para todos los que trabajamos en investigación, educación y producción de conocimientos desde el interior del país, en donde se vive y se piensa a partir de las matrices y categorías teóricas elaboradas desde las usinas académicas del centro: primero de Europa y Estados Unidos, y después de Buenos Aires y las grandes ciudades latinoamericanas.

Un ejemplo para remarcar la importancia de la iniciativa que toma Alejandro Auat: la palabra “democracia” no significa lo mismo en la Argentina kirchnerista que en la Venezuela de Chávez, o que en el Estados Unidos de Obama o Bush. Es diferente, en cada caso, la relación de los ciudadanos con sus gobiernos. Son diferentes los límites del poder de los dirigentes y de los ciudadanos, a la vez que es diferente lo que se puede hacer en cada una de estas democracias, o incluso lo que los ciudadanos pueden esperar de ellas en cada contexto.

Y sin dudas, lo que puede hacerse o esperarse en la democracia argentina pensada a nivel nacional es diferente a lo que se pueda hacer o esperar en las democracias provinciales. Es diferente la democracia (y con ella la ciudadanía y la política) que se vive en Santa Fe, de la que se vive en Santiago o en Buenos Aires.

En el interior, y en las distintas regiones de nuestro país, los equilibrios de poder, las estructuras económicas, las culturas políticas, y los horizontes de la praxis son diferentes.

Así, democracia, ciudadanía y política, tienen significados e implicancias específicas en nuestro contexto santiagueño, en las que es imperativo trabajar. En esa dirección apuntan algunas de las preguntas que orientan el trabajo de Auat: ¿Qué significa democracia en el NOA y en Santiago? ¿Qué significa ciudadanía y qué formas presenta en nuestra provincia? ¿Cuáles son los caminos posibles de construcción de poder que hasta aquí no hemos pensado, y que pueden permitirnos aspirar a un Santiago más libre e igualitario? A partir de estos interrogantes, Auat ofrece su libro como una herramienta, y propone a la filosofía situada como instrumento para orientar la investigación social y la praxis política en la región y la provincia.

Ciudadanía, democracia y construcción de poder en Santiago

En su trabajo de adaptar conceptos y corregirlos en referencia a nuestro contexto local, Auat describe Santiago y sus características, aunque sin dar nombres propios. Esta estrategia discursiva sirve para dos cosas: en primer lugar, para que estas definiciones, repensadas desde Santiago puedan servir también para pensar la región NOA en general, en la que las provincias comparten parte de su herencia cultural; y en segundo lugar, sirve para no apuntar la mira a políticos o instituciones específicas, evitando así el riesgo de la polémica.

En dos de su artículos Auat habla de la idea de ciudadanía como “una práctica hermenéutica más que un estatus jurídico-político: es una identidad intersubjetiva que presupone y construye el vínculo político” (p. 24, p.136). Luego el autor advierte que, así las cosas, “el monopolio interpretativo de las clases hegemónicas y de los medios masivos de comunicación” pone en riesgo de fragmentación y dispersión el pluralismo de las pequeñas comunidades interpretativas (p. 137). En síntesis: lo que podamos hacer o no como ciudadanos está supeditado a lo que las clases dominantes establezcan como construcción de sentido acerca de lo posible y lo imposible, incluso tal vez por encima de lo que diga la letra jurídica y el derecho.

¿Cuáles son esos sentidos que se expresan en los discursos y las prácticas santiagueños? Auat expresa algunas características de un tipo de cultura política, y señala como “datos propios del NOA la persistencia de un caudillismo paternalista con su contracara de infantilismo delegacionista, que ha llevado a reducir la política a las prácticas clientelares, agudizadas en tiempos electorales pero presentes incluso en los modos de gobernar a partir de una concepción patrimonialista del poder”. Y remata con un par de preguntas que manifiestan su preocupación: “Para el hombre común del NOA ¿tiene sentido hablar de ‘recuperar la política’? Si esto supone la activación de una ciudadanía crítica y responsable, ¿cómo hacerlo en donde la autonomía reflexiva del juicio está subordinada a la conservación del empleo, generalmente estatal?” (p.99).

Si quisiéramos echarle más leña al fuego, podríamos señalarle al autor que a esta subordinación del juicio a la conservación del empleo estatal, que puede atribuírsela a la clase media, bien se le podría agregar el problema de la autonomía reflexiva del juicio y de la relación con lo político que puede encontrarse en las clases populares y las clases altas: en las primeras, subordinado todo ello a la obtención de un plan social o del acceso a un empleo, y las segundas, a la obtención de cargos públicos o contratos de prestaciones de productos o servicios para el Estado, que aparece como el eje central de la economía santiagueña, que es a la vez el principal cliente de las grandes empresas (de la obra y los servicios públicos, de los insumos, etc.) y patrón de los cerca de 55.000 empleados públicos de la provincia.

Algunos estudios de sociología política realizados sobre nuestra provincia que refuerzan esta idea. Homero Saltalamacchia señala que en Santiago existe “un peculiar régimen patrimonialista, cuya legitimidad de origen se establece mediante elección de cargos dentro de una estructura que guarda las formas republicano/democráticas y una legitimidad de ejercicio fundamentalmente basada en una muy ramificada red de intercambio de favores que, de una manera u otra, abarca a casi toda la sociedad” (Saltalamacchia, 2009:231).

Auat ve el problema del patrimonialismo, pero considera que no es exclusivo del Estado, sino que caracteriza también otro tipo de organizaciones, configurando un tipo de liderazgo y ejercicio del poder que caracteriza la cultura política santiagueña en general. Escribe: “El Estado y todo lo que es común es vivido y representado como propiedad del gobernante (o de quien ejerce la función ejecutiva en cualquier organización de la sociedad civil). A partir de allí se delega no sólo la responsabilidad de decidir sino también la de juzgar. Entonces se espera el surgimiento de un ‘salvador’, de alguien que ‘haga bien las cosas’, y se entra en un proceso de credulidad y decepción alternándose en una circularidad repetitiva de la que no se puede salir mientras siga entendiéndose la política en esos términos” (p. 105).

En estas condiciones, queda jaqueada la noción de ciudadanía como un estatus jurídico-político que nos pone a los ciudadanos en pie de igualdad civil y política. Para evitar las ilusiones proyectadas por esa noción ideal de ciudadanía, algunos autores utilizan como alternativa la categoría de politicidad (por ejemplo Merlken, 2009, o Vommaro, 2010) en la que lo político aparece siempre íntimamente vinculado a lo social, y muchas veces ligado a redes de sociabilidad informales. Merklen – refiriéndose a los sectores populares bonaerenses – propone un repertorio político de la acción colectiva que está compuesto por los piquetes, los asentamientos, los saqueos y los estallidos. Vommaro, en tanto, se preocupa por el tema del clientelismo político, pero señala que lejos está de ser un mecanismo perverso de intercambio de favores, advirtiendo que en el que entran en juego patrones, punteros y clientes, que en general están vinculados por lazos de amistad, honor, y lealtades que resignifican estas prácticas.

Este tipo de vínculos, que también se establecen, con matices, entre miembros de las demás clases sociales santiagueñas, le dan una altísima relevancia a las relaciones informales. Y Auat considera esa presencia de la informalidad, sumada al patrimonialismo, como signos de una cultura política que en el NOA aún no ha entrado en la modernidad. El autor señala que uno de los “problemas recurrentes de nuestra región es, precisamente, la supuesta no modernidad de la cultura política, expresada en prácticas de clientelismo, caudillismo-paternalismo, patrimonialismo, conformismo-abandonismo, providencialismo o fatalismo”, para luego advertir que “no puede hablarse de modernidad sin la extensión de una ciudadanía incluyente, ni tampoco sin la progresiva construcción de un sistema institucional efectivamente mediador de nuestra pertenencia a la comunidad” (p. 109-110).

A lo largo del libro, las reflexiones filosóficas de Auat ofrecen un lado interpretativo, pero también una propuesta normativa, en un intento de “pensar las posibilidades de de construcción de identidad ciudadana desde un enfoque situado en las limitadas democracias provinciales” (p. 131). Así, propondrá tres caminos para redefinir la democracia local, que podemos sintetizar en: a) la construcción de mediaciones hermenéuticas, es decir, la proliferación de comunidades interpretativas que puedan oficiar como contrapeso de los monopolios interpretativos de la clase dominante; b) las mediaciones discursivas, en búsqueda de una actitud traductora, que pueda construir equivalencias entre las demandas de los distintos sectores sociales; y c) las mediaciones institucionales, es decir, que lleven la formalización de la acción política y ciudadana en organizaciones estables e “institucionalizadas”, que doten de regularidad y estabilidad a sus luchas.

Las mediaciones de Auat en el barro de nuestra historia

Dijimos al principio que Auat ofrecía algunas descripciones y reflexiones filosóficas sin dar nombres propios. Como complemento, en esta última sección voy a tomarme el atrevimiento de pensar algunos casos concretos a partir de las tres mediaciones propuestas por el autor, para así hacer, a partir de ellas, un sucinto análisis del contexto político actual.

Respecto a las mediaciones hermenéuticas: ¿Qué comunidades interpretativas existen o pueden cobrar fuerza en Santiago, que puedan ofrecer alternativas al discurso dominante? Antes de intentar una respuesta, valga una aclaración: no se trata aquí de responder, atacar, ni mucho menos de intentar destronar a las interpretaciones hegemónicas, sino de ofrecer visiones alternativas que puedan coexistir, permitiendo una pluralidad hermenéutica, una pluralidad de relatos, de visiones y visibilidades. Sin embargo, la tarea no se supone fácil, pues la hegemonía en Santiago es muy fuerte, tiene tendencias totalizadoras y ejerce resistencias.

Retomando: ¿Qué organizaciones o instituciones existen en Santiago que puedan generar relatos e interpretaciones alternativos a las ofrecidas por el poder hegemónico? Por empezar, las universidades son el lugar por excelencia del pensamiento crítico. El financiamiento nacional a los proyectos de investigación y recursos humanos que favorecen tanto a la Universidad Nacional como a la Universidad Católica, ha sido una inyección de combustible para nuevos trabajos, análisis y propuestas que de a poco empiezan a ver la luz. Pero la visibilidad de las universidades – tanto de la producción de sus académicos como de muchas de las actividades de extensión que se generan – es poca en los espacios de comunicación masiva. En tanto internet, con las redes sociales a través de las cuales se convocan eventos, o con las revistas digitales y sitios de los equipos de en los cuales circulan trabajos y producciones, donde surge un espacio de visibilidad que si bien es menor y restringido, se presenta como un lugar desde el cual se intentan generar alternativas de interpretación de la realidad local.

La actual transición en la que se encuentra el sistema de medios de comunicación santiagueño abre otro interrogante respecto de este tema. La posibilidad de aparición de seis canales de televisión digital en la provincia puede dar lugar a la entrada en escena de nuevos gestores de medios que puedan ofrecer otros relatos, otras voces y otras interpretaciones. Pero también puede ocurrir lo contrario, y reforzarse el poder de la clase dominante si los administradores de los nuevos medios son aliados del poder hegemónico.

Otro espacio social que ha tenido fuerza a la hora de proponer discursos alternativos, o una visión crítica del sistema, ha sido la Iglesia Católica. Los casos del obispo Sueldo primero y del obpispo Maccarone después, encabezaron en su momento, con el apoyo de comunidades de base, la puesta en circulación de discursos críticos acerca de las cuestiones políticas y de interés público en Santiago. En la coyuntura actual, sin embargo, los obispos Polti y Torrado Mosconi tienen relaciones más cordiales con el gobierno y mayor espacio y receptividad en los multimedios santiagueños, con lo que se encuentran de esta manera más cerca de la línea del discurso hegemónico local.

Con respecto a las mediaciones discursivas: ¿Existe articulación entre las demandas de los distintos sectores sociales? ¿Cómo pueden crearse las equivalencias que creen demandas más universales y unificadoras? En Santiago hay una importante variedad de organizaciones sociales, muchas de ellas atomizadas, algunas más visibles que otras, cuyas demandas son diversas, al igual que sus estrategias.

Una primera división puede establecerse entre las organizaciones rurales y las urbanas. Históricamente el Mocase ha sido uno de los espacios de mayor actividad política y protagonista de las luchas sociales en el interior de la provincia. En los últimos años, bajo el paraguas de la Unión de Asambleas Ciudadanas, han empezado a unir sus esfuerzos otras organizaciones campesinas y ambientalistas santiagueñas, junto con las de otras provincias. Desde allí se está haciendo un esfuerzo de traducción y de construcción de equivalencias, que permitan la unión y la creación de espacios más grandes y más fuertes. Uno de los problemas es que su actividad – que los ha llevado a varias reuniones nacionales y multitudinarias en suelo santiagueño – no ha sido visible en los medios de comunicación masiva.

En tanto, las organizaciones sociales urbanas tienen maneras diferentes de expresar y viabilizar sus demandas. Algunas lo hacen a través del establecimiento de contactos fluidos con el gobierno provincial, como por ejemplo los militantes de derechos humanos que conformaron el Instituto Espacio de la Memoria, otras con el gobierno nacional, como las Madres Unidas del Pacará o los vecinalistas nucleados en los Bancos de la Buena Fe, y otras con un enfrentamiento y una crítica abierta al Estado, como el gremio docente deCisadems. En este caso, la flexibilidad a la hora de poner los límites en las relaciones con el poder hegemónico local, o el Estado nacional, hace más difícil establecer y construir equivalencias.

No se puede dejar de mencionar a las nuevas expresiones de la militancia juvenil que aparecieron en los últimos años y que parecen abrir un espacio donde pueden germinar otras ideas y una praxis diferente. Organizaciones comoLa Cooke, La Cámpora, o La Mariátegui, solo por mencionar algunas, aparecen desde los barrios o desde agrupaciones juveniles que trabajan en temas como la formación de cuadros políticos o la puesta en marcha de proyectos solidarios.

Pero tal vez la riqueza y la diversidad de las organizaciones sociales y políticas santiagueñas contrastan con su atomización y su distancia entre ellas. Aquí la tarea de traducción y de construcción de equivalencias aparece como una necesidad para la cual hace falta la aparición de liderazgos que tengan una visión aglutinadora y de proyección a futuro.

Muchas de las organizaciones que nombramos aquí, aunque se encuentran en soledad sus propias luchas, están formalmente institucionalizadas, y esto, siguiendo la tercera mediación propuesta por Alejandro Auat, permite que la lucha se sostenga en el tiempo, y pueda tener una regularidad. Existen casos en los que la no institucionalización terminó por diluir las demandas sociales de sectores que no lograron consolidarse. La lucha por la reivindicación de las condiciones laborales de los médicos y trabajadores sanitarios en 2009, que dieron lugar a decenas de marchas de protesta organizada por los denominados Autoconvocados de la Salud, terminó por evaporarse cuando se fragmentaron los intereses internos del grupo y se consiguieron resoluciones parciales para algunos sectores internos que la integraban.

Es esta una lectura general, personal y a trazo grueso, usando algunas pocas de las muchas ideas del último trabajo de Alejandro Auat justamente como él lo propone, como una herramienta para pensar nuestra realidad situada.


Referencias bibliográficas

– Auat, Alejandro, “Hacia una filosofía política situada”, Waldhuter Editores, Buenos Aires, 2011.

– Merklen, Denis, “Pobres ciudadanos”, Gorla, Buenos Aires, 2010.

– Vommaro, Gabriel, “Las transformaciones de las miradas sobre la política popular en la Argentina: notas tomadas de una tesis”, en Revista Ensemble, publicación electrónica de la Casa Argentina en París, a www.ensemble.edu.ar

– Saltalamacchia, Homero y Silveti, María Isabel, “Movilización popular y régimen político en Santiago del Estero”, en “El protector ilustre y su régimen: redes políticas y protesta social en el ocaso de juarismo”, Silveti, María Isabel (comp.), Unse, Santiago del Estero, 2009.