La pertinencia de la formación psicopedagógica universitaria. Un recorrido desde nuestra historia formativa hasta los actuales desafíos existentes

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Por María Rosa Barbarán
Coordinadora de la carrera de Psicopedagogía UCSE – lolyscarano@hotmail.com

La oferta de la carrera de Licenciatura en Psicopedagogía nace en la Universidad Católica de Santiago del Estero, en el año 1982 como respuesta a la demanda del medio de profesionales que atiendan las dificultades en el aprendizaje surgidas en el ámbito escolar. Este campo de problemáticas excedía las posibilidades de respuesta del docente por una parte y, en principio, apelaba a fenómenos no identificables por el sujeto mismo o por su grupo familiar o institucional, y que obstaculizaban un tránsito adecuado por el sistema educativo.

Al mismo tiempo desde el ámbito educativo se requerían profesionales que, atendiendo a la creciente complejización del contexto social y cultural, pudiera – al decir de Marina Müller- ‘ intervenir en él de manera transversal, revisando y deconstruyendo los supuestos sobre la construcción del sentido, la interpretación y producción del conocimiento, su transmisión educativa, el imaginario social y personal, el lugar del deseo y de los afectos en las relaciones intersubjetivas, los temas socioculturales, económicos, históricos, que se entrecruzan en los sujetos y en sus problemáticas psicológicas, socioculturales, educativas’(1)

La Facultad de Ciencias de la Educación en su proyecto de creación de la carrera, presenta al Ministerio de Educación de la Nación un plan de estudios de 5 años de cursado, que incluía un trabajo final de grado, como también la descripción del perfil profesional del Licenciado en Psicopedagogía, sus incumbencias profesionales y el campo ocupacional propio. Este proyecto con mínimas observaciones, todas de índole ampliatorias respecto, fundamentalmente, de su pertinencia profesional, es aprobado por el Ministerio de Educación de la Nación, mediante Resolución Ministerial nº 1725/82.

Durante estos casi 25 años de vida de la carrera, se han realizado en la misma actividades internas de análisis, sobretodo en estos últimos años respecto de las adecuaciones necesarias en el diseño del plan de estudios, a nivel curricular, administrativo y de reglamentaciones a fin de ir respondiendo a la evolución y cambios que, tanto el campo de ejercicio profesional como el desarrollo de las ciencias sociales, y la necesidad de adecuar normativa a las exigencias y standares académicos, lo han requerido.

Asi es como actualmente, nos encontramos enfocando esa revisión en lo curricular y su relación con la formación en competencias profesionales.

Los nuevos campos profesionales del Psicopedagogo, los requerimientos del medio en intervenciones más especializadas y a la vez abarcativas, integrativas y totalizadoras, los nuevos desarrollos científicos, el trabajo en equipo entre profesionales diversos como forma de acción y transformación socio-educativa y cultural, han sido algunos de los motivos por los cuales se inició un Proyecto de Modificación y Actualización Curricular que estamos concluyendo en este año 2007.

En esta tarea resulta de gran importancia el diseño, organización y ejecución de una gestión curricular de la formación profesional, que atienda la necesaria vinculación de sentido entre los aportes pedagógico-científicos de las cátedras y su relación con la formación en competencias. Estas competencias surgen como una especie de “requisitos o logros a alcanzar” y para los cuales todos debemos apuntar desde el compromiso institucional formador. Pero si podemos detenernos un momento en este concepto podremos percibir que se trata aún de un terreno incierto y permanentemente en movimiento.

En principio, la idea de competencias profesionales, alude a logros o resultados a alcanzar en relación al vínculo educación-trabajo, educación-mercado laboral, en el cual la misma universidad, y también las instituciones de formación superior no universitaria, son “denunciadas” en una cierta “incompetencia” para garantizar el logro de las mismas en los egresados. No podemos desconocer que en el pensamiento en este nuevo milenio se han producido cambios paradigmáticos importantes y continuos, que inciden en las formas de educar y ser educados. Y por su parte, también en el mundo del trabajo han sucedido cambios profundos, en cuanto a procedimientos, formas de los productos, variedad en los servicios, administración del tiempo, nuevos espacios y discursos tecnológicos en el trabajo, y por ende, toda una nueva lógica en las relaciones y en la comunicación.

Ante este panorama podría sucederse una cierta sensación de paralización o imposibilidad de encontrar alternativas de respuestas posibles. Pero justamente es esta compleja escenografía la que nos debe interpelar en la búsqueda, construcción, deconstrucción y re-construcción de las nuevas categorías y lógicas del pensamiento, en su intrincada identidad contextual.

La universidad, hasta tanto no modifique sus propias condiciones de posibilidad del conocimiento en este nuevo escenario, no podrá producir profesionales que alcancen las competencias adecuadas para desarrollar su tarea laboral propia. Y al decir de Bourdieu, en “la ciencia social el progreso del conocimiento, supone un progreso del conocimiento de las condiciones del conocimiento…”(2)

Son justamente esas condiciones del conocimiento psicopedagógico sobre las que debemos trabajar en manera colaborativa e inter-institucional, enriqueciéndonos con los avances que desde cada lugar institucional y profesional particular se vayan realizando, en una suerte de socialización masiva y colectiva, del saber psicopedagógico caracterizado desde sus inicios por procesos sociales compartidos, en los cuales emergen re-conectados, re-ligados significados, sentidos, coordinaciones y conflictos necesarios para todo el que desea conocer y aprender. “Podemos decir que cualquiera sea la forma que adopten, las competencias se ubican, como objeto teórico, entre la universidad y la sociedad, entre la formación académica y el ejercicio laboral (Gallart, Jacinto, 1995), se podría agregar, entre la teoría y la práctica, ni más aquí ni más allá de lo educativo o laboral sino justo en la intersección, más bien son atadura, bisagra entre ambas lógicas, en el filo de la educación y el mundo del trabajo.”(3)

En este sentido, este Congreso es ya una concreta evidencia de los hilos conductores que nos vinculan y que promueven, favoreciéndola, esa dinámica de re-ligazón constante y permanente, que luego volverá a romperse, en una evolución espiralada e interminable de nuevos y siempre provisorios saberes, que permitirán la formación en las nuevas competencias que todo profesional debe adquirir.

Para concluir deseo citar parte del artículo ““ACERCA DE LOS ESTUDIOS SUPERIORES” – Lic. Cecilia Martha Kligman- USAL, (Publicación virtual de la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la USAL – Año III Nº 10 Junio 2002), cuando expresa “Ningún nivel educativo puede desarrollarse sin el concurso de los otros, y para posibilitar esos cambios y adecuaciones, cada universidad y el sistema universitario en su conjunto deben pensarse libre y creativamente en el marco de un encuentro permanente con el resto del sistema educativo y con la sociedad. Para aumentar la calidad educativa es preciso superar el corporativismo de los claustros docentes; revisar la pretensión de evaluar lo cualitativo con indicadores de eficiencia; optimizar la gestión universitaria; adoptar una estrategia de cambio que no se base solamente en incorporar valores del mercado en la asignación de recursos y estilos de lenguaje para las universidades; favorecer la cooperación de todos los elementos del sistema educativo y de organización laboral en el camino por alcanzar la competencia, y consensuar una política de Estado para la educación superior y la investigación, que fije al desarrollo nacional como objetivo estratégico”.

Nuestro compromiso social, institucional y profesional, será entonces comprometernos en la tarea cotidiana y esforzada de re-crear condiciones de aprendizajes, y por qué no, desde nuestra identidad psicopedagógica tejer nuevos entramados teóricos, a modo de explicaciones, que puedan ir , incluso más allá de lo psicopedagógico mismo, en cuanto a sistemas de abstracciones específicas que expliquen el campo actual de la Psicopedagogía reconociendo su sinuosa historia de disciplinas, inter-disciplinas y transdisciplinas.


Notas

1- Marina Müller, “Qué es la Psicopedagogía hoy?” Relato del panel inaugural, I Encuentro Nacional de debate aadémico, Escuela de Psicopedagogía de la Zona Norte, Colegio Highland, Vte. Lopez, septiembre 1993. Publicado en revista Aprendizaje Hoy, nro. 30, mayo 1995. Facultad de Psicopedagogía USAL- Plan de estudios 1997 (Psicopedagogía)
2- P. Bourdieu –1991 “El sentido práctico” – Edit. Taurus- pag 13
3- Elsa Hernández”Competencias e Incompetencias en el campo de la formación universitaria”- avances en el proyecto de investigación “Educación, inserción laboral y mercado de trabajo: el caso de los graduados de la Universidad