Del mostrador a la mesa redonda: gobierno abierto y cultura política dospuntocero

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Por Marcela Espíndola
Periodista y Técnica en Comunicación Social UCSE – mfespindola@hotmail.com

Las redes sociales y la tecnología 2.0 han llegado para quedarse y han dado muestras acerca de su impacto en las relaciones sociales, los procesos políticos y la administración pública. Las manifestaciones de indignados en Madrid y Londres, la sorprendente campaña #unmilagroparaltamira que salvó a la izquierda argentina en las primarias de agosto, y las primeras experiencias de gobierno abierto que empiezan a planificarse en nuestro país, son algunas de las muestras de esta transformación en la política.

Las recientes manifestaciones sociales, protagonizadas por jóvenes estudiantes y desempleados, desarrolladas en España y Gran Bretaña provocaron un especial interés de los medios de comunicación mundiales. La sorpresiva toma de las calles, los reclamos por reformas laborales y educativas, y la falta de canales institucionales para el diálogo fueron algunas de las causas de los reclamos.

“Queremos un futuro digno. Acusamos a los poderes políticos y económicos de nuestra precaria situación y exigimos un cambio de rumbo” expresa el manifiesto del Movimiento de los Indignados o 15M, movimiento ciudadano de España que se manifestó masivamente el pasado mes de mayo en distintas ciudades españolas y que comenzó a organizarse en asambleas populares abiertas para pedir el establecimiento de una democracia más participativa.

El 15M se autodenomina pacifista, apartidario y alejado del dominio de bancos y corporaciones.

Una de las peculiaridades del 15M fue el excelente uso que hizo de la red social Twitter y sus técnicas para que sus noticias aparezcan en las listas de los temas más importantes del día. La creación de hashtags (etiquetas) relacionados con las manifestaciones, como #NoNosVamos, #AcampadaSol, #DemocraciaRealYa o #Spanishrevolution, alcanzaron una popularidad inmensa y se convirtieron rápidamente en temas de la agenda pública internacional.

Casi simultáneamente, en Londres millares de jóvenes se manifestaron para reclamar mayores oportunidades laborales. Los actos terminaron en saqueos y disturbios en pleno centro de la ciudad inglesa y un sinnúmero de personas detenidas.

A diferencia de los españoles, la convocatoria se hizo usando el sistema de mensajes de BlackBerry (teléfono celular inteligente), el más usado por los jóvenes en Inglaterra por ser un servicio gratuito entre usuarios. Los jóvenes no usaron Twitter para organizarse, cuya plataforma es abierta y puede seguirse libremente, sino el mensajero de BlackBerry, cuyos diálogos están encriptados y nadie puede meterse en una conversación desde fuera.

¿Qué tuvieron en común estas protestas?¿Cuál es el mensaje que guardan?¿Hubieran tenido esa convocatoria sin la existencia de las redes sociales?¿Los gobiernos están preparados para dar respuesta a una ciudadanía cada vez más activa, que quiere participar no sólo cada cuatro años? No queremos profundizar aquí sobre la situación socioeconómica que provocaron las movilizaciones, sólo citamos estos dos casos para ilustrar cómo la ciudadanía encontró en las redes sociales no sólo una nueva manera de organizarse sino un vehículo para expresar sus demandas.

Primarias 2.0 en Argentina

El pasado 14 de agosto, la ciudadanía argentina participó por primera vez de elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias, para definir quiénes serían las y los candidatos para competir en las elecciones generales de octubre. Con la votación popular, los partidos políticos se sometieron por primera vez a la revalidación de su estatuto legal. El partido que obtenía más del 1,5% del total de votos emitidos quedaba habilitado.

Uno de los partidos con menos chances era el Frente de Izquierda, que llevaba como precandidato a Jorge Altamira. En spots radiales y televisivos, Altamira pedía a la gente que lo vote “para que no silencien a la izquierda”.

Pero la campaña más exitosa se desarrolló en Twitter, luego de que el conocido periodista de espectáculos y conductor de TV Jorge Rial pusiera en su cuenta: “Vamos todo x #unmilagroparaltamira. Votemos a Jorge Altamira el 14 en las primarias para que llegue a octubre”. Inmediatamente, los usuarios de la red social se sumaron y colocaron el hashtag primero en Argentina.

Y el milagro sucedió. El 14 de agosto Altamira, que no posee sitio web de campaña ni blog personal, se convirtió en uno de los siete candidatos a presidente de la república. Para el investigador y especialista en Sociología de la Cultura Luis Fanlo ésta sería la primera evidencia empírica de la tesis que sostiene que las redes sociales y los medios tradicionales de comunicación producen efectos concretos sobre los sistemas prácticos que regulan nuestras conductas a nivel social.

El caso de Altamira es uno de los casos más resonantes, pero no fue el único político que usó las redes sociales como herramienta para ganar terreno en la arena política.

Un reciente estudio de la consultora Politegia señala que la presidenta Cristina Fernández fue quien más aprovechó las redes sociales, registró más del doble de seguidores en Twitter y Facebook que Ricardo Alfonsín y Eduardo Duhalde.

La investigación, cuyos resultados fueron publicados por el diario Tiempo Argentino, siguió la evolución de la estrategia comunicacional a través de nuevas tecnologías de ocho candidatos presidenciales: Ricardo Alfonsín, Jorge Altamira, Alcira Argumedo, Hermes Binner, Elisa Carrió, Eduardo Duhalde, Cristina Fernández y Alberto Rodríguez Saá.

El 87% de los candidatos analizados posee su sitio web donde difunden actos políticos, historia personal y propuestas. El 75% de los candidatos contempla a Twitter dentro de su estrategia de comunicación online. Cristina Fernández tiene más de medio millón de seguidores en Twitter, el doble de los que tenía en enero, y está muy por encima del resto de los candidatos. El segundo lugar lo ocupa Alfonsín con 48.294 seguidores (también duplicó la cantidad de seguidores que registró Politegia en enero) y muy por detrás, en tercer lugar, Duhalde con 21.511.

Los casos analizados más arriba demuestran que las nuevas tecnologías y las redes sociales impactaron directamente en las formas de comunicar, de hacer política y de ejercer la ciudadanía. Ahora cabe preguntarnos si las nuevas tecnologías también posibilitarán explorar nuevas formas de vida democrática.

La revolución del Gobierno Abierto

La irrupción de las nuevas tecnologías y las redes sociales no solo impone cambios tecnológicos sino un cambio de paradigma en las formas en que los ciudadanos se relacionan con los gobiernos. Ahora son las personas individuales quienes se relacionan de manera horizontal, exigen transparencia en las acciones de gobierno y mayor participación en aquellos asuntos que los afectan, y es responsabilidad de los poderes públicos abrir estas ventanas de comunicación permanentes.

El concepto de Gobierno Abierto proviene de la doctrina política que propone un salto “desde nuestro viejo modelo de democracia representativa a un modelo de democracia conversacional y abierta aprovechando las posibilidades que proporcionan las TIC a los ciudadanos de participar en los procesos de toma de decisiones de los gobiernos más allá del ejercicio del derecho de sufragio o de la participación en organizaciones sociales tradicionales”(1).

Tal como plantean César Calderón y Sebastián Lorenzo en el libro Gobierno abierto – Open Government, el Gobierno Abierto es aquel que entabla una constante conversación con los ciudadanos con el fin de oír lo que ellos dicen y solicitan, que toma decisiones basadas en sus necesidades y preferencias, que facilita la colaboración de los ciudadanos y funcionarios en el desarrollo de los servicios que presta y que comunica todo lo que decide y hace de forma abierta y transparente.

El concepto tiene tres ejes centrales: la transparencia, para que los ciudadanos puedan conocer en qué se gastan sus impuestos; la participación de la ciudadanía en la redacción de leyes y medidas de gobierno; y la colaboración mutua, pensando al gobierno como una plataforma tecnológica que dé servicio construyendo aplicaciones reutilizables por otras administraciones y por la ciudadanía.

Ya hay algunos proyectos de esta naturaleza que se están desarrollando. En España, Irekia es el nombre del proyecto de Gobierno Abierto del País Vasco que ha basado su proyecto en los tres ejes antes mencionados. Se constituye en dos espacios diferenciados: el acceso general, para la ciudadanía que requiera información inmediata, y el acceso a medios, para profesionales de los medios de comunicación, bloguers y cyberperiodistas que requieran material de consulta. Toda la información es accesible, gratuita y reutilizable.

En Argentina, hay un proyecto que se encuentra aún en la etapa de diseño. Es el caso del municipio de Berisso, que será el primer distrito en implementar un programa integral, en colaboración con la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación.

En resumen, un Gobierno Abierto no es más ni menos que la aplicación de la cultura dospuntocerista a la administración pública y al gobierno. Un cambio cultural, un cambio en la organización y en las formas de relación, pasar del mostrador a la mesa redonda, del decreto a la elaboración participativa de las normas, es dejar atrás las burocracias jerarquizadas para repensar la política y reinventar el poder. La responsabilidad es compartida entre gobierno y ciudadanía. Ése es nuestro mayor desafío.


Notas

1- Calderón, César y Lorenzo, Sebastián, “OPEN GOVERNMENT: Gobierno Abierto”, Colección Algón Nº 5, ALGÓN EDITORES, 2010.