Violencia de género: su relevancia social y efectos mediáticos*

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Por Sara Auatt
Psicóloga Clínica y Forense del Poder Judicial de Santiago del Estero – sarauatt@gmail.com

En los casi treinta años de trabajo ya realizados en el Poder Judicial de Santiago del Estero nunca el número de causas por violencia de género se vio incrementado de manera tan significativa como en estos últimos años. En lo que va de 2013, más de 21 causas fueron ingresadas al Fuero Penal desde el mes de febrero a abril, de las cuales doce son caratuladas “por supuesto delito de lesiones y amenazas hacia mujeres”, algunas ‘calificadas por el vínculo y agravadas por resistencia a la autoridad policial’.

En ninguno de los casos se identificaron riesgos de femicidio, si se tiene en cuenta que no existían en ellos malos tratos crónicos y severos en la relación entre la víctima y el victimario tratándose en ellas de relaciones familiares organizadas por pautas de interacción categorizadas, siguiendo a Perrone y Nannini (2005), como una variante correspondiente a la violencia episódica o reactiva, que se caracteriza por la ausencia de una pauta estable de relación violenta. Se presentan episodios de violencia ligadas a crisis: ruptura de pareja, problemas laborales, problemas económicos, etc. No aparecen intentos de ocultamiento por parte de los actores, ya que los episodios de violencia se viven con descontrol, lo cual se evidencia a través del malestar interno y la responsabilización que generan los episodios.

Las partes se muestran preocupadas por el daño que se puede haber causado a la familia, lo que se acompaña con el deseo de reparación afectiva y el denunciado tiene sentimientos de culpa que resultan justificados en relación al episodio de violencia vivido.

Si se entiende a todo sujeto que padece violencia, como alguien que queda en un estado de fragilidad y posición de objeto, de cosa, la justicia en su acción puede funcionar hasta como un dispositivo reparador y transferencial.
La violencia de género se equipara al concepto de femicidio (femicide) que es un término utilizado por primera vez por Diana Russell al testimoniar ante el Tribunal Internacional sobre crímenes contra las mujeres en Bruselas en 1976. Definido por Rojas Maturana y Vargas (2004) como la expresión extrema de la violencia de género ejercida por hombres contra mujeres y niñas naturalizada por la cultura y tolerada por el estado y la sociedad.

La antropóloga Marcela Lagarde, a mediados de los años 90, acuña el concepto de feminicidio al estudiar las muertes de mujeres en la localidad de Juárez (México) y agrega a su significado ya conocido el de la impunidad. Vale decir, que ello implica ‘la falta de procedimientos adecuados desde el Estado que no funciona asumiendo la responsabilidad que le cabe en la producción del femicidio o muerte de la/s mujer/es’.
El concepto de feminismo corresponde a un movimiento político de lucha por la liberación y el reconocimiento de los derechos de la mujer. La autodeterminación y reivindicación son su papel histórico. Sus antecedentes en nuestro país se registran desde la aparición de las leyes que contemplan la protección de los derechos de la mujer. Tales reglamentaciones legales aparecen desde el año 1996 en adelante, siendo la Ley Nº7032 del año 2011 la última reglamentación en la provincia de Santiago del Estero para la “Prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres”. Las primeras leyes eran más amplias y menos específicas abarcando a la protección de la Familia y a los Niños/as y Adolescentes.

La lucha contra la violencia de género se inicia a nivel mundial de manera marcada a partir de la década de 1960 con progresivas conquistas de las feministas que logran reposicionarse en el debate de esta lucha de poder que se evidencia en la familia, en las relaciones de pareja, espacio público y hasta en el ámbito laboral. En cada uno de estos espacios surgen las diferencias entre hombres y mujeres por subordinación tradicional que se venía sosteniendo del sexo femenino hacia el masculino.
En nuestra sociedad contemporánea ejerce una marcada influencia a través de los medios de comunicación y de el uso y abuso de divulgaciones vinculadas a la violencia que genera una suerte de reproducción y multiplicación indiscriminada de denuncias de esta índole, de tal suerte que sería legítimo preguntarse ¿es la violencia la que aumenta, o es su número copioso de denuncias fogoneadas por el efecto de fascinación social y subjetiva que estas problemáticas provocan, tal como lo sostiene Ricardo Yañez Cortez en 1986?

Este efecto atrapa y conduce a la “repetición” que la autora Eva Giverti denomina “rumiación” que es una acción diferente del repetir. La repetición tiene más el significado de “reiterar” que requiere un compromiso “mental” que está ausente en la rumiación.

El efecto de hechizo que se puede pensar que ejerce la expresión Violencia de Género en quienes quedan capturados/as en ella, promueve y motoriza una finalidad que sostenga la misma y la reproduzca garantizando su existencia.
¿Es esto lo que vemos quizás bajo la forma de agrupaciones, foros, cursos, reuniones que se organizan sobre el tema, desatando interacciones e intenciones solidarias pero de brusca aparición e inicio de sus actividades?

La fascinación como efecto provocado por el tema en cuestión se destaca además por la existencia de un momento positivo en la búsqueda del cumplimiento de un deseo imposible, despojado de lo narcisistico y que solo concibe el logro de su cometido en la intersubjetividad como ilusión de otro u otra que jamás se alcanza porque extralimita a las posibilidades del sujeto de responder a los pedidos y llamados, demandas siempre insatisfechas desde la falta estructural de todo sistema social.

La expresión “Violencia de Género” se halla cobijada en la estructura que enmarca el montaje de una escena que siempre estuvo allí, pero que recién en un momento dialéctico y bajo determinadas circunstancias propicias se registra imaginariamente como posibilidad que podría tornarse posible.

Dos casos

Desde una experiencia clínica se puede ejemplificar los efectos de esta repetición de la violencia en un hogar en el que una madre de ocho hijos que se divorcia por violencia, encabeza un Movimiento Grupal de Ayuda a la Mujer Golpeada. Sin embargo su hijo mayor de 22 años, recuerda en su sesión de análisis que su madre, con quien conviven todos los hijos del matrimonio, ya incurrió en varias acciones de maltrato hacia ellos, lo cual fue reclamado y señalado a su madre por el mismo paciente, quien recrea a su vez, el vínculo de fascinación edípica con su madre al demorar su inserción laboral y verse retrasado en su elección vocacional, repitiendo y sosteniendo la modalidad vincular violenta de la pareja parental de sus padres.

En una publicación muy reciente de uno de los principales diarios locales de la ciudad de Santiago del Estero, una esposa de 42 años que sufría agresiones de su marido hace un pedido a la fiscalía de crimen para que lo liberen, bajo amenaza de suicidarse si no se respondía a su pedido, luego de que su pareja había sido detenida por una denuncia interpuesta por ella misma en la que manifestaba que era víctima de violencia doméstica. El sujeto estaba preso hacía poco más de un mes por haberla golpeado en el rostro y en el cuerpo repetidas veces delante de sus hijos menores de edad. La mujer expuso ante la fiscalía y luego ante el juzgado penal interviniente que tanto ella como sus hijos pasaban hambre y muchas necesidades al no tener el apoyo económico de su marido, prefiriendo soportar los golpes a pasar hambre.

En los dos casos expuestos se percibe la fascinación del sujeto y su persistencia de la violencia en problemáticas que cobran una cotidiana vigencia, produciendo lo mediático quizás un efecto contrario al que supuestamente se quisiera provocar en materia preventiva.

La pulsión de muerte pareciera estar comandando el principio de placer, mas especialmente relacionada en una parte muy importante con los estímulos internos de la vida psíquica del sujeto, que en su lazo social deposita también sus impulsos y deseos destructivos en el otro más próximo. Éstos pueden ser incrementados por los frecuentes estímulos provenientes del mundo exterior, mediatizados en un determinado momento histórico a través de un proceso identificatorio de difusión y repercusión masiva. En tal caso, la vigencia del paradigma de los Derechos Humanos, sostenida por el discurso que atraviesa al sujeto contemporáneo en su dimensión social con el otro, ofrece el semblante de un Estado que los garantiza y los resguarda bajo la condición de la existencia de la permanente tentación de violarlos de diversas formas, siendo en nuestros tiempos una de ellas, la violencia de género como modalidad privilegiada y evidente de expresión del sujeto y en relación a los incrementos de estímulo procedentes de adentro, que apuntan frecuentemente a dificultar la dura tarea de vivir.

*Trabajo presentado en el X Congreso Nacional de Psicología Forense – XXV Jornadas Nacionales de Psicología Forense y XXIII – Jornadas de APFRA (Asociación de Psicólogos Forenses de la República Argentina) realizado los días 8 y 9 de Agosto del 2013 en Buenos Aires.


Referencias bibliográficas

– FREUD, S.: (1920). Más allá del principio de placer. Obras Completas. Ed. Amorrortu
– GIVERTI, E. Violencia de Género: el efecto de fascinación. Revista de Actualidad Psicológica. Mayo del 2012.
– LAGARDE, M. (2011). La invención de la categoría feminicidio. Disponible en: http://hedatuz.eukosmedia.org/5336/1/14209239
– PERRONE, R. y NANNINI, N (2005). Violencia y Abuso Sexual en la familia. Buenos Aires. Paidós.
– YAÑEZ CORTES, R: El efecto de la fascinación (Teoría filosófica de un concepto psicoanalítico). Catálogos. Bs. As.