Queers, del Fenómeno al Sujeto (*)

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Por Mariela Creado y Agustina Luque
Las autoras son licenciadas en psicología y docentes de la Ucse. Creado trabaja en el Programa de Salud Social y Comunitaria de la Secretaría de DDHH de la Provincia, y Luque es miembro de la Fundación Psicoanalítica Parletre y la ONG Práctica Alternativa del Derecho (Prade) – izoca24@hotmail.com y agus_luque@hotmail.com

De antaño

El psicoanálisis echó para siempre por tierra la idea de que la humanización del infans es un hecho natural.  En su lugar planteó un sujeto que es efecto de los atravesamientos del lenguaje y de la cultura, es decir del Otro simbólico.

El primer grito del bebe debe encontrarse con el sentido que el Otro devuelve convirtiendo el alarido en llanto, en pedido. Sin otro que Nombre a alguien, sin Otro que le done el campo y la envoltura del lenguaje, no hay sujeto. El sujeto es justamente ese efecto del Otro sobre la carne. Y el Nombre no pende sólo del padre o de la madre, como afirma Mauss, sino  del “hecho social total”, de un complejo sistema de intercambios simbólicos desde el cual somos inscriptos y al que llamamos el Otro con mayúscula.

Cada época cuenta con un universo simbólico, con un Otro que dona determinados y limitados significantes, es decir con construcciones  ofrecidas como verdades a partir de las cuales los hablantes intentamos  explicar,  dar sentido al mundo y nombrar-nos en él.  Se trata nada más y  nada menos que de ficciones que permiten hacer con lo real, que recortan y  marcan los cuerpos, los modos de desear y de gozar como así también las posibilidades de establecer lazos con otros.

Foucault a través de sus formulaciones sobre los múltiples modos del ejercicio del poder, plantea la sexualidad y la subjetividad como un campo estratégico donde se ligan discursos, prácticas, tácticas, estrategias, y modos de subjetivación.  (Foucault; 2001:103). El autor también plantea que cada sistema económico, político y social moldea subjetividades según sus intereses para lo cual se vale de diversos dispositivos de poder.

En la época freudiana del malestar en la cultura, las instituciones como la familia, la iglesia, el Estado y los grandes relatos como la ciencia, la religión, el discurso jurídico, la ideología funcionaban como dispositivos de poder y disciplinamiento que enunciaban verdades pocas veces cuestionadas y que servían para organizar la vida de las personas en el marco del contrato social, lo que para el psicoanálisis implica hablar de un Otro consistente.

Podríamos decir que cada época moldea y habilita, con sus discursos,  la invención de nuevas subjetividades. Se trataba, entonces,  de  discursos que tenían como finalidad refrenar el goce y de distintos modos sancionar las transgresiones. Enunciaban y advertían que no todo es posible”, inaugurando una falta en ser que habilita  el deseo como una característica de las subjetividades modernas.

Freud escribió atravesado por los malestares y los síntomas de su época,  formuló  el concepto de superyó como heredero del complejo de Edipo, entendido como una instancia psíquica que produjo  prohibiciones, el deber y la  culpabilidad como semblantes que hacían existir al Otro.

 

Identidades de shopping

El imperio del Nombre del Padre corresponde al psicoanálisis freudiano, cuando en su relectura Lacan lo actualiza, es  para demostrar que es sólo  un semblante, pluralizándolo y quitándole toda consistencia.  En el seminario Aún  consagra la inexistencia del Otro y como dice Miller  “La inexistencia del Otro inaugura verdaderamente lo que llamaremos la época lacaniana del psicoanálisis – que es la nuestra-, la época de los desengañados, la época de la errancia”. (Miller; 2005:10,11).

Los desengañados no se dejan engañar (más o menos)  saben que el Otro es un semblante, que no existe.  Lo que conocemos como el  superyó  lacaniano  ya no funciona como instancia de prohibición,  ni de deber ser, sino como  imperativo ¡goza!

La época actual que podríamos llamar “hipermodernidad” o modernidad líquida como anunciara Zygmunt Bauman o según Lyotard posmodernidad se caracteriza por la caída de las ficciones y paradigmas  que funcionaban regulando la cultura moderna y  en su lugar la ley del mercado conocida como oferta y demanda rige la vida en lo social.

Por su parte la globalización valiéndose de las tecnociencias, tal como propone Amelia Imbriano impone la igualación obligatoria que actúa en contra de toda diversidad y promueve  a la cultura del consumo.

Asistimos a otro momento de la historia, el discurso actual, el de la época es el del Mercado, empecemos entonces por preguntarnos cuáles son las características de los sujetos producidos por y en este discurso.

Lacan dice que lo que se produce, simplemente es, un objeto de consumo como cualquier otro. El sujeto se vuelve un objeto más, consumido y consumidor. Los sujetos de la época confunden el deseo con objetos comprables, reduciendo elser al tener.

En nuestras sociedades las identidades son degradadas, al orden del tener. El capitalismo nos conmina a un juego caro y riesgoso a través del marketing y la publicidad imponiendo la ilusión mediante sus mandatos: gózame, cómprame que yo sé lo que te falta. Y como la sexualidad es siempre un enigma ahí van los sujetos a comprar el saber del que carecen.

El discurso del Otro actual ya no es restrictivo o represivo en el sentido freudiano, ya no sanciona lo prohibido y lo permitido poniendo diques que inscriban y habiliten el deseo, sino más bien todo lo contrario, el imperativo de la época es ¡Goza!, goza de todo, goza ilimitado! Y esto no es sin efectos para la subjetividad, que como dijimos se constituye en un proceso dialectico con estos discursos.

 

Sujetos al consumo

Nuestro orden simbólico actual está fuertemente comandado por las leyes del mercado. Se trata de un amo anónimo y sin rostro que para sostenerse y perpetuarse atenta contra el sujeto del inconsciente. Ese sujeto que el psicoanálisis nos reveló como  aquel al que algo estructuralmente le falta y le faltará siempre. Astucia  del amo  que  se vale de la falta y la degrada a necesidad de consumo infinito. Por lo tanto  como dice Lacan  es suficiente para que eso marche sobre ruedas. (Lacan; 1972:1)

A las leyes del mercado poco le importan los sujetos sino en tanto consumidores,  esos que deben obturar su falta en ser con objetos que se pueden adquirir. La sexualidad no escapa de esta lógica que  mercantiliza el deseo y los modos de gozar.

En pleno apogeo de la imagen, de los semblantes, la cultura ofrece un abanico, ilusorio de innumerables ropajes sexuales dándoles el mismo estatuto que a cualquier otro objeto de consumo.

El mercado con sus imperativos a ser feliz, a la vida saludable, al individualismo, al éxito rápido y con el menor esfuerzo,  intenta borrar de la escena al sujeto deseante, sexuado,  que necesita del lazo con el otro, que no se engaña (más o menos) obturando su falta estructural  con objetos de consumo.  Así planteado en nada le es útil al sistema capitalista, que tiene como única ley la oferta y la demanda para lo cual sólo le es funcional el eterno consumidor.

Miller cuando habla de las subjetividades contemporáneas refiere que se encuentran inmersas en un movimiento irrefrenable que las sumerge dentro del proceso industrial. Las identidades sexuales parecen ofrecerse en el mercado masivamente, como si se tratara de un objeto más de consumo, borrando así el proceso singular y subjetivo que le implica a cada quien reconocerse en su posición sexuada, proceso que en nada se asemeja a comprar artículos de hombre, de mujer y/o unisex, etc. 

 

Defender el sujeto del Inconsciente

En la última década del siglo pasado aparece un nuevo significante en el ámbito académico: Queer. Teresa De Lauretis, fue la primera en emplear esa palabra y esperaba que tuviera aplicaciones iguales para la sexualidad, la raza, la clase y otras categorías.

Este significante surge  desde el ámbito universitario y atravesado por el discurso capitalista y el de la ciencia, se ofrece para nombrar a aquellos y aquellas que no se sentían representados con  los significantes hasta entonces vigentes.

Hombre, mujer, gay, lesbiana o trans, ya no logran cernir lo sexual, quizás tampoco lo lograban completamente en su plena vigencia, sino que eran las categorías generalizadas que el Otro simbólico ofrecía. En esas categorías cada quien debía historizar-se, subjetivar-se, habitarlas de algún modo.

Nuestra época agrega una nueva generalización, Queer, que en su traducción significa raro, rarito, enrarecido y parece funcionar como un lugar de identificación entre sujetos que no se reconocen en las categorías tradicionales, sino en sus modos de gozar.

Estos sujetos identificados a un modo de goce arman grupos, se reúnen alrededor de lo queers,  podríamos decir parafraseando a Miller arman comités.“Los comités de ética generalizados son las figuras con las que la subjetividad de nuestra época intentan restaurar el sentido moral del Otro”.(Miller; 2005:25)

Es sólo desde este significante masivo, ofrecido por el Otro contemporáneo, que algunos sujetos intentan dar cuenta del enigma de su sexualidad. Es por ello que, en tanto analistas nos interpela, nos hace pregunta,  ¿es posible dar cuenta del sujeto desde esta generalización?

Y Foucault nos da una pista para ensayar una respuesta posible: “La verdadera liberación significa conocerse a sí mismo y con frecuencia no puede alcanzarse  por intermedio de un grupo sea cual fuere” (Foucault; 2012:136)

Hablar del fenómeno queers nos lleva a pensar en un sujeto global, universal, funcional al mercado.

Inmerso en el imperio de los semblantes, este fenómeno,  poco dice de la singularidad del sujeto, que se mantiene anónimo en la masa. Sigue quedando abierto y pendiente el arduo trabajo de singularizar-se en ese nombre, de hacer desde allí un lugar propio desde donde establecer relaciones con otros y con la propia existencia.

 Seguirá estando del lado de quienes trabajamos desde el psicoanálisis sostener una  ética del deseo y no dejarnos engañar por la siempre  tentadora lógica del consumo. No dejarnos  capturar por los semblantes del mercado e intentar abrir espacios que alojen las singularidades de los sujetos  y no los universales de los consumidores.

 


Bibliografía

Barthes, R., 2005, El grano de la voz: entrevistas 1962-1980, Siglo XXI Editores Argentina, Buenos Aires.

Bauman, Z., 2000, Modernidad líquida, Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires.

Foucault, M., 1998, Historia de la sexualidad I, Siglo XXI Editores Argentina, Buenos Aires.

Foucault, M., 2001  Loccidentet la verite du sexe, en Michel Foucault. Dits et ecrits II, 1976-1988,Gallimard, Paris.

Foucault, M., 2008, Vigilar y castigar. Nacimiento de la Prisión, Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires.

Foucault, M., 2014, El poder, una bestia magnifica: Sobre el Poder, la Prisión y la Vida, Siglo XXI Editores Argentina, Buenos Aires.

Freud, S, 1979, Obras Completas, Amorrortu, Buenos Aires.

Imbriano, A. 2005, “El psicoanálisis: una clínica para el despertar del nuevo milenio”. Recuperado 4 de julio del 2005 de: http://www.praxisfreudiana.com.ar

Lacan, J., 1972, “El Discurso Capitalista, en la conferencia en Milan”, 12 de mayo inédito. Recuperado 4 de julio del 2005 de:http://www.psicoanalisis.org/lacan/spanol/disccap

Lacan, J., 1992, El seminario, libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires.

Lyotard, J., 1992, “Qué es lo posmoderno”. Recuperado 4 de junio del 2006 de: http//www.educ.ar/educar/superior/biblioteca.com

Miller, J.A., 2005, El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires.

Torres, M. y otros, 2010, Uniones del mismo sexo: diferencia, invención y sexuacion, Grama ediciones, Buenos Aires.

Zizek, S. 2001, El espinoso sujeto. El centro ausente de la ontología política, Paidós, Buenos Aires.

 

(*) Este trabajo es una versión escrita de la ponencia presentada en las Jornadas de Identidad que se llevaron a cabo en la Universidad Nacional de Catamarca en septiembre de 2014, en el eje Modos masivos de producción de subjetividades.