¿Por qué el yo no es el amo de su propia casa? Diferencias entre los conceptos de yo y sujeto en psicoanálisis.

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Por Santiago Heredia
Psicólogo UCSE. Instituto Psicoanalítico Sigmund Freud (Tucumán) – Santyheredia88@hotmail.com

Este trabajo busca responder a una pregunta inicial: ¿Por qué el yo no es el amo de su propia casa? Abordaré para ello las teorizaciones freudolacanianas acerca del concepto de yo, que permiten articular al mismo con otros conceptos fundamentales para el psicoanálisis. A partir de ello será posible comprender qué entendemos por “yo” en psicoanálisis (desde Freud) para luego poder articular el concepto con lo que Lacan propone como sujeto en una teoría que nos permite comprender qué es lo que está más allá del yo, por lo cual éste no sería el jinete del caballo; o haciendo referencia a la pregunta inicial, no sería el amo de su propia casa.
Para ser más claro, sin perder la lógica de una escritura y posibilitar un recorrido por Freud y Lacan que dé cuenta de las articulaciones teóricas, daré el siguiente ordenamiento al trabajo. Partiré de las conceptualizaciones acerca de la formación delyo, que se arma a partir de una imagen prestada, pero también interviene un enmarque simbólico necesario para que se instituya. En principio consideraré cómo ese yo se arma para Freud, tomando el concepto de narcicismo. Luego, desde Lacan, intentaré explicitar, desde su teorización acerca del estadio del espejo, la necesaria articulación imaginario-simbólica del yo. Consideraré también a Braunstein para dejar en claro por qué reforzar el yo (tarea que se proponen los post-freudianos) no tiene que ver con la técnica que Freud propuso para el análisis.
Finalmente, tendré en cuenta lo que podría pesquisarse como antecedente de una teoría del sujeto en Freud (el sujeto escindido, dividido, que se habla desde otro lugar) para articularlo con lo que Lacan propone como sujeto del inconsciente. Sujeto que a través de las formaciones del inconsciente, nos muestra que hay algo que el desconoce, algo que al yo desenmarca, pero es el lugar desde donde un sujeto puede advenir como tal, logrando hacer ingresar eso que él desconoce, porque no lo reconoce como propio.

El yo se arma con la imagen y la palabra del Otro

Quiero comenzar planteando la conceptualización de yo en Freud para poder dejar en claro luego, desde Lacan, cómo este yo, se constituye a partir del Otro. Otro que se introduce como modelo desde la dimensión imaginaria y presta su imagen al yo, y por otro lado, Otro que inscribe lenguaje, que atraviesa desde un enmarque simbólico.
Para hablar de constitución del yo, tenemos que remitirnos a las primeras etapas en la vida del ser humano. Primeras etapas donde aun no hay una imagen corporal asumida, pues las pulsiones hacen su jugada cada una por su parte. A este momento previo a la constitución del yo Freud lo llamo autoerotismo (observable clínico del narcicismo primario). Dice en 1914, en “Introducción del narcicismo”: “[…] el yo tiene que ser desarrollado. Ahora bien, las pulsiones autoeróticas son iniciales, primordiales; por tanto, algo tiene que agregarse al autoerotismo, una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se constituya”[1]. Se caracteriza justamente porque el cuerpo se satisface de manera autoerótica, sin objeto externo podríamos decir, es el cuerpo el lugar donde las pulsiones (oral, anal, etc.) se satisfacen de manera separada. Que esto ocurra así no es azaroso, pues luego deberá advenir un momento en donde se produzca una nueva acción psíquica, para dejar de hablar de autoerotismo.
¿Cuál es esa nueva acción psíquica? Nos referimos con esta concepción al momento constitutivo donde a partir de la imagen que el Otro presta, a partir de un espejo (imaginario) donde el pequeño infans puede mirarse, asume una imagen, incorpora para sí una imagen completa, lo que conocemos como un yo.
Lacan en “El estadio del espejo…” dice lo siguiente:
“Basta para ello comprender el estadio del espejo como una identificación en el sentido pleno que el análisis da a este término: a saber, la transformación producida en el sujeto cuando asume una imagen, cuya predestinación a este efecto de fase está suficientemente indicada por el uso, en la teoría, del término antiguo imago”[2].
El yo se arma de esta manera, a partir de la imagen prestada del otro, el semejante, donde me miro y asumo por identificación la completud del cuerpo, ya no en partes como en el autoerotismo, sino unificado en una imagen. Esto correspondería a la dimensión imaginaria del estadio del espejo, del que habla Lacan, pero queda aún por dejar sentado que hay una dimensión simbólica en este acto psíquico, desde donde el yo también se constituye.
En relación a la dimensión simbólica, podemos decir que ese otro que está ahí prestando la imagen al sujeto, también presta, pero podríamos decir mejor, inscribe, escribe, hace ingresar desde un enmarque simbólico un elemento fundamental para esta momento constitutivo: el lenguaje. Es ese Otro que está ahí, prestando como semejante la imagen, pero que como Otro grande, y atravesado por el lenguaje, tomado por él, puede también inscribir justamente lenguaje al infans. Por esto podemos decir que el yo se arma con la imagen y la palabra del Otro. En las dos dimensiones, imaginaria y simbólica, el Otro permite desde su lugar, la constitución del yo. La unificación de ese cuerpo como un todo imaginario, completo, y armado, que será el sostén, la carta de presentación de todo ser humano.

La Otra escena: donde yo no es todo

En el apartado anterior fue posible dejar en claro la necesariedad de una acción psíquica estructurante para el sujeto, Narcicismo secundario en Freud, Estadio del espejo en Lacan. Ambas conceptualizaciones abordan un eje fundamental: la necesaria unificación del cuerpo como un todo imaginario, y la asunción del sujeto de esta imagen como propia.
Es preciso que este yo se constituya, pues como decía será la carta de presentación de todo ser humano, lo que no quiere decir que este yo, sea todo él. En la clínica, se puede escuchar “yo soy esto…”, propio del sujeto que cree conocerse por completo y que cree poder manejarlo todo desde ese yo. En “Una dificultad del psicoanálisis”, de 1917, Freud plantea: “[…] el yo se siente seguro de que sus noticias son completas y confiables, y seguro también de la viabilidad de sus ordenes”[3].
También en este texto, Freud dejará en claro que no es así, que el yo no es una dimensión con respuesta a todo, hay fisuras, de las que el sujeto muchas veces no quiere enterarse. Lo plantea así:
“[…] que la vida pulsional de la sexualidad en nosotros no pueda domeñarse plenamente, y que los procesos anímicos son en sí inconscientes, volviéndose accesibles y sometiéndose al yo solo a través de una percepción incompleta y sospechosa, equivalen a aseverar que el yo no es el amo de su propia casa. Ambos, reunidos, representan la tercera afronta al amor propio que yo llamaría psicológica”[4].
Aquí Freud habla de una tercera herida pues las anteriores (también heridas al narcicismo del ser humano) fueron la planteada por Copérnico, que propone que la tierra no está en el centro del universo; y por otro lado la de Darwin, que plantea que el hombre no es una especie superior sino la evolución de un animal. Heridas que hacen tambalear esta dimensión de centro, de todo, de supremo, del sujeto alienado a un imaginario.
Hablo de la Otra escena justamente como ese lugar donde el sujeto no puede escucharse fácilmente: en un fallido, en un lapsus, en un chiste o un equívoco. La escena le es propia, pero no se reconoce, le hace ruido. Es justamente por esto que el yo no es el amo, hay por detrás un sujeto atravesado por el inconsciente que está estructurado como lenguaje (que dejó sus marcas) y que se hace ver en diferentes formaciones.

La ingenuidad de reforzar el yo

En este apartado me interesa dejar en claro por qué Lacan propone un “retorno a Freud” luego de las malas interpretaciones acerca de la técnica por parte de los post-freudianos. Tomo este tema porque justamente es lo que permite diferenciar la clínica psicoanalítica, centrada en el sujeto (del que decía que está atravesado por el lenguaje y que se deja ver en sus formaciones), de las psicoterapias, psicologías, o de los psicoanálisis centrados en el yo. Y esto para dejar en claro la diferencia que hay entre hablar del yo y hablar del sujeto.
Braunstein propone en “Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis” lo siguiente: “Lo inconsciente no tiende sino a abrirse paso irrumpiendo de una manera ciega y repetitiva; es la compulsión a la repetición. Y la función del yo es la de proteger una imagen –hecha de palabras– manteniendo alejado este saber”[5]. El yo, bañado de la pretendida unidad, completud, sintonía total, no escucha ese saber que irrumpe y que también es parte de él.
Lo que propone Braunstein, a lo largo de su escritura, podría resumirse en esto:
“El yo representa al sujeto en el enunciado, si, pero no lo significa porque este vocablo designa a la representación imaginaria que el sujeto tiene de sí. En la cura analítica este “yo” es lo que el sujeto nos trae como mascara que muestra según una idea de él, o que los demás, tienen de lo que es el. […] Obstáculo a remover para que el sujeto pueda tomar distancia respecto de sus certidumbres”[6].
Tomando a Braunstein podemos comprender por qué Lacan propone un regreso a Freud. La necesidad de retorno tiene que ver justamente con no quedarnos con la idea de que el yo debe ser reforzado, que el analista debe encarnar un Otro ejemplo, para que el sujeto se cure. Entonces la propuesta es hacer ruido en ese yo, para que pueda el sujeto escuchar lo que en él hay de “sujeto”, sujetado al inconsciente, al lenguaje, al Otro.

Si hay un sujeto, la propuesta es “escucharlo”

Siguiendo con lo trabajado en el apartado anterior podemos tomar la idea de que a ese sujeto que aparece por otro lado, no en el yo, no en lo que el sujeto tiene armado, sino en esa Otra escena que son las formaciones del inconsciente, es necesario escucharlo.
Como antecedentes de una teoría del sujeto en Freud (pues nunca dejó asentado una teoría) podemos tomar la propuesta de un infans, puramente sumido en el autoerotismo, que luego con el narcicismo secundario asume una imagen. Lacan propone un estadio del espejo, un momento constitutivo donde esta imagen que Freud plantea armada en el narcicismo (secundario) es posible a través de lo que un Otro puede posibilitar prestando imagen y palabra.
Quien sí deja asentada una teoría del sujeto para el psicoanálisis es Lacan. Habla del sujeto del inconsciente, atravesado, atrapado por el lenguaje, que dice más de lo que quiere decir en su discurso. Y se desconoce, pues el yo (necesario por cierto), pone un punto de basta cuando aparecen elementos de esa Otra escena (inconsciente).
Y en este discurso, que se escucha en el análisis, es posible hacer una ruptura. Lacan dice: “[…] el discurso en la sesión analítica no vale sino porque da traspiés e incluso se interrumpe […] Este corte de la cadena significante es el único que verifica la estructura del sujeto como discontinuidad en lo real”[7]. Para decirlo de otra manera: aparecen elementos en el discurso del sujeto que es necesario destacar, para abrir una escucha posible, donde él pueda reconocerse como no todo, más allá de ese yo imaginario-simbólico que le brinda coordenadas, que le da seguridades, pero que también hace de obstáculo en la posibilidad de escuchar la escena del inconsciente.
Finalmente para concluir con este apartado, la idea fundamental es dejar asentado que si el psicoanálisis habla de un sujeto, este no es otro que el sujeto del inconsciente. Sujeto barrado, escindido, atravesado por el inconsciente. Y dice Lacan: “Traduciendo a Freud, decimos: el inconsciente es un lenguaje”[8]. Lenguaje que lo baña desde antes del nacimiento, y que aparece en las formaciones del inconsciente, que hacen ruido en su discurso.
Por último, dirá Braunstein: “Porque es en el discurso donde el sujeto se manifiesta y es en el discurso donde deben resolverse los espejismos del Yo. Es ahí donde podrá saldarse la cuenta de los rezagos de las múltiples identificaciones de las que el yo, creyéndose dueño de sí mismo y de su destino, es el resultado. Pues esa es la meta del análisis: la restitución de la historia”[9].

A modo de conclusión

Finalmente, luego de este recorrido, es necesario responder a la pregunta inicial. La necesariedad de la constitución de la imagen es indiscutible. Que el yo logre armarse es ya un gran paso, pero es preciso no quedarnos sólo en esta dimensión, pues ese yo “no es todo”. Hay como dijimos, otra escena que atraviesa al sujeto.
Los traspiés que aparecen en el discurso precisan una escucha. Esta escucha posibilitará justamente que el sujeto no quede alienado a su imagen yoica. Dice Lacan: “Que el sujeto acabe por creer en el yo es, como tal, una locura”[10]. Y justamente es desde este punto que el psicoanálisis opera, abriendo la escucha hacia esa “Otra escena” donde aparece el inconsciente.
Justamente por estar atravesado por el inconsciente, como decía Freud, “el yo no es el amo de su propia casa”[11]. Escuchar, abrir dimensiones que el sujeto desconoce, porque allí no se reconoce, es tarea del analista, que posibilita un Otro lugar.


Bibliografía

Braunstein, Néstor. Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis. México: Siglo XXI. 2002.
Freud, Sigmund. Introducción del narcicismo. O. C. XIV. Bs. As.: Amorrortu. 1979.
Freud, Sigmund. Una dificultad del psicoanálisis. O. C. XVII. Bs. As.: Amorrortu. 1979.
Lacan, Jaques. El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. En Escritos 1. Bs. As.: Paidós. 1990.
Lacan, Jaques. Subversión del sujeto. En Escritos 2. Bs. As.: Paidós. 1983.
Lacan, Jaques. Más allá de lo imaginario lo simbólico. En El Seminario. Libro 2. Bs. As.: Paidós. 1983.
Lacan, Jaques. Introducción a la cuestión de las psicosis. En El Seminario. Libro 3. Bs. As.: Paidós. 1984.

[1] Freud, Sigmund. “Obras Completas”. Tomo XIV. “Introducción del narcicismo” (1920). Amorrortu. Buenos Aires. 1979. Pag. 74
[2] Lacan, Jaques. “Escritos 1”. “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”. Paidós. Buenos Aires. 1990. Pag. 87.
[3] Freud, Sigmund. “Obras Completas”. Tomo XVII. “Una dificultad del psicoanálisis” (1917). Amorrortu. Buenos Aires. 1979. Pag. 133.
[4] Freud, Sigmund. “Obras Completas”. Tomo XVII. “Una dificultad del psicoanálisis” (1917). Amorrortu. Buenos Aires. 1979. Pag. 135.
[5] Braunstein, Néstor. “Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis”. Capitulo 7: “Algunas incidencias del “primer Lacan” sobre la técnica psicoanalítica”. Siglo XXI. México. 2002. Pag. 181.
[6] Braunstein, Néstor. “Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis”. Capitulo 7: “Algunas incidencias del “primer Lacan” sobre la técnica psicoanalítica”. Siglo XXI. México. 2002. Pag. 184-185.
[7] Lacan, Jaques. “Escritos 2”. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano” Paidós. Buenos Aires. 1983. Pag. 762.
[8] Lacan, Jaques. “El Seminario”. Libro 3. Capitulo 3: “Introducción a la cuestión de las psicosis”. Paidós. Buenos Aires. 1984. Pag. 23.
[9] Braunstein, Néstor. “Psiquiatría, teoría del sujeto, psicoanálisis”. Capitulo 7: “Algunas incidencias del “primer Lacan” sobre la técnica psicoanalítica”. Siglo XXI. México. 2002. Pag. 186.
[10] Lacan, Jaques. “El Seminario”. Libro 2. Capitulo 19: “Mas allá de lo imaginario lo simbólico”. Paidós. Buenos Aires. 1983. Pag. 23.
[11] Freud, Sigmund. “Obras Completas”. Tomo XVII. “Una dificultad del psicoanálisis” (1917). Amorrortu. Buenos Aires. 1979. Pag. 135.