Notas posibles para la coordinación grupal

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Por Mariela Creado y Natalia Oliva
Docentes Adjuntas de la Cátedra de Teorías y Procedimientos de Análisis Grupal de la Carrera de Psicología FCE-UCSE – izoca24@hotmail.com y naty_oliva@hotmail.com

Hablar de lo grupal, de grupo, de coordinación grupal tiene diferentes puertas de entradas, diversidad de miradas y aportes realizados a lo largo de la historia. Sin embargo la idea de estas notas no tiene como fin numerar fechas, nombres e hitos grupales, sino más bien como dice Marcelo Percia (1) visibilizar itinerarios, puntos de encuentros y contradicciones a modo de “una biografía de ideas”.

En esta oportunidad nos detendremos en la coordinación, en algunos temas que le conciernen como los modos de intervención, las maneras de trasmitir un modelo de trabajo, las distintas formas de ocupar el rol, para lo cual haremos un recorrido por diferentes momentos epistémicos, entendidos no como instancias cronológicas, sino más bien lógicas en cuanto a la constitución de saberes y quehaceres de la coordinación.

Ana María Fernández utiliza la metáfora “la Babel de los grupos” (2) para dar cuenta de lo grupal no como un objeto de estudio discreto sino más bien como un campo de problemáticas con múltiples atravesamientos en el cual la coordinación se vuelve un soporte de la producción grupal. Según Ana María del Cueto (3) esto implica necesariamente el acompañamiento del devenir grupal; el coordinador entonces, se deja llevar por el flujo desordenado del grupo, sostenido por una formación múltiple teórico – técnica. Cabe interrogarse sobre qué otros posibles lugares de poder puede ocupar el/la coordinador/a de grupos, ya sean estos de formación, capacitación, terapéuticos, equipos de trabajos en instituciones, etc.

La ilusión de los orígenes (4) Los diferentes momentos epistémicos no son excluyentes y la elección de los mismos de ninguna manera deben considerarse los más importantes, sino más bien los de mayor difusión en el mundo académico.

El primer momento epistémico como lo destaca Ana María Fernández (5) piensa al grupo como un todo ¿y al coordinador/a? Haciendo un poco de historia es posible visibilizar que el devenir de acontecimientos sociales-políticos-económicos tales como organización de trabajadores/as, las guerras mundiales, el nazismo, el holocausto, produjo efectos impensados a nivel social habilitando lo grupal como espacios posibles de investigación, intervención y análisis. La coordinación es asumida desde el rol de líder generando efectos de sugestión con la violencia simbólica que esta implica, se juegan en el/la coordinador/a deseos de propiedad en relación al grupo. Ubicarse como coordinador-líder implica volverse el gestor del devenir grupal, crear y mantener al grupo, responsable de mediar entre los integrantes del mismo para lograr consensos, unificar sentidos, establecer metas y objetivos.

El segundo momento epistémico en donde se intenta realizar un ordenamiento de los aportes realizados por diferentes corrientes “psi” a las organizaciones grupales, los psicoanalistas han traspasado la regla fundamental de abstinencia, la neutralidad y la atención flotante permitiendo el descentramiento en el lugar de la coordinación, lo que implica la devolución de los liderazgos al grupo. Para Ana María Fernández (6) este nuevo lugar abrió otro problema, los aportes desde un supuesto “psicoanálisis aplicado” con sus reglas técnicas y conceptos teóricos del dispositivo analítico, permite reinvestir a la figura del coordinador/a como figura de poder, “pero quedo transvestido en un coordinador oráculo: solo él puede leer el sentido de los efectos de estructura y saber lo que le pasa al grupo”.

El tercer momento epistémico da cuenta según Fernández de las dificultades que las disciplinas con objeto discretos tienen para dar cuenta de las realidades sin caer en reduccionismos. En la actualidad otro descentramiento se vuelve posible para el lugar de la coordinación: la renuncia al saber de la certeza en un lugar de ignorancia con intervenciones interpretantes.Fernández (7) dice: “El coordinador no es un poseedor de una verdad oculta, sino alguien interrogador de lo obvio, provocador-disparador y no propietario de las producciones colectivas; alguien que más que ordenar el caos del entorno busca aquella posición que facilite la capacidad imaginante singular-colectiva.” Esto implica una certeza la que los colectivos humanos tienen la capacidad de construir sus sentidos, sus senderos a transitar en la búsqueda de respuestas posibles, que los vuelve protagonistas en la HISTORIA. Lejos de buscar sentidos, el/la coordinadora puntúa: sentidos, sin sentidos, paradojas que faciliten la apertura a nuevos sentidos, siendo soporte de las producciones grupales. La coordinación así entendida suele ser para los/las coordinadores/as un lugar de incomodidad, generador de ansiedades frente a su no entender que está pasando, entonces se obtura el proceso grupal proponiendo algo, diciendo algo, dando sentidos cerrados, a lo que tiene que buscar sus formas, se corre el riesgo entonces con intervenciones apresuradas de dejar sin palabras al grupo. Dicho en otros términos, se corre el riesgo de obstaculizar el proceso creativo del grupo.

Aperturas Una genealogía de lo grupal como lo refiere Fernández (8) permite echar luz sobre las complejidades del lugar de la coordinación, poniendo en jaque las posiciones reduccionistas y abriéndose a la posibilidad de sostener tensiones lo que implica por ejemplo poder transitar la tensión entre las especialidades disciplinarias y los saberes trasversalizados. Poder pensar estrategias de intervención, de investigación, de análisis donde lo múltiple, lo diverso, lo singular, lo colectivo no se niegue ni se reduzca. Más allá del estilo personal del/la coordinador/a es importante la vigilancia que los/las mismos/as deben tener en relación a los posibles lugares de poder en que se ubiquen, según el lugar de coordinación adoptado ya que esto siempre tiene efecto e implicancias diversas en lo grupal. Coordinar grupos, entonces implica un más allá de las tareas explicitas como observar, registrar, dar ejercicios, etc. Nos invita a repensar si alcanza para ser un/a coordinador/a el solo hecho de agregar unas técnica grupales a la formación preexistente. Formación especializada, tal vez, podría ser una posible respuesta.


Notas

(1) Marcelo Percia, “Introducción al pensamiento grupalista en la Argentina y algunos de sus problemas actuales”, Lo Grupal 7, Bs. As., Ed. Búsqueda, abril de 1989. (2) Ana María Fernández, “C. Los tres momentos epistémicos”, El Campo Grupal, Bs. As. Edición Nueva Visión 1989. (3) Ana María del Cueto, “El lugar del coordinador de grupos”, Grupos, Instituciones y Comunidades. Coordinación e Intervención, Bs. As., Lugar Editorial, noviembre 2003. (4) Marcelo Percia, Op. Cit.(5) Ana María Fernández, Op. cit. p. 1 (6) Ana María Fernández, La dimensión institucional de los grupos, Lo Grupal 7, Bs. As., Ed. Búsqueda, abril de 1989. (7) Ana María Fernández, Loc. cit. p. 2
(8) Ana María Fernández, Op. Cit. p. 1