Justin Bieber en Argentina: adolescencia, orfandad, capitalismo y soberanía

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Por Juan L. L. Ramos
Licenciado en Psicología. Coordinador de Acreditación de Licenciatura en Psicología. UCSE – juan.ramos@ucse.edu.ar
Ídolo del pop. Canadá. Argentinos. Adolescentes. Sacrificios parentales. Soberanía. Estafa.

Justin Bieber es un muchacho canadiense de 19 años que goza de la condición de estrella mundial del género musical pop. Se presentó en Buenos Aires. El show no fue lo que se esperaba: cantó muy poco tiempo, escurrió una bandera argentina desde el escenario hacia el piso, alegó sentirse mal, se retiró, los medios de comunicación levantaron reportajes de chicas adolescentes llorando, repudiando el desaire y sus madres y padres fustigando a la joven estrella y su mala fe que les habría timado dinero en tres y cuatro cifras.El discurso sostenido por los acongojados concurrentes al show tanto como por parte de la prensa fue el de una víctima: “este pendejo nos choreó”. Los padres maldiciendo ante los micrófonos por lo que les hizo gastar para llevar a sus hijas e hijos al fallido recital.
En este discurrirse no pude encontrar al menos una referencia que se corriese del lugar de la víctima, lugar nefasto, necrológico. No pude captar alguna referencia parental que demuestre un índice distinto al del aliento de la época: los estragos de la adultez por la ascensión del horror a lo transitorio.

Lo que se observa son padres y madres colocados por sí mismos como un mero efecto de la demanda de sus hij@s, que pidieron estar ahí ante Bieber, por Bieber, con Bieber, para Bieber, como víveres para vivir.Digo mero efecto para separar esta posición de aquella en la que se otorga a los hijos posibilidades de experiencias que siempre se esperarán como placenteras, desde juguetes a viajes, pasando por recitales en River. Pues aquí, en los reportajes se oye una suerte de furia y desilusión porque algo salió mal de ese destino promisorio al dar a los hijos lo que piden.El discurso de parte de los medios de comunicación giró en torno de la destrucción de la, si me permiten, persona de Bieber: “imberbe” estafador, delincuente, que vende esas “porquerías”. Aquí sólo faltaría que agreguen, “nada que ver con lo que escuchábamos nosotros”. Creo que la sentencia spinetteana del “mañana es mejor” no fue justamente lo que escuchaba esta gente.Me parece que algo del goce adolescente como un goce Otro se cuela bajo, como no puede ser de otra forma, los moldes de la intolerancia. Estamos ante esa traza imaginaria que es un auténtico signo de época en la que el llamado adolescente no encuentra un adulto, sino otro adolescente, uno postizo, maquillado a destiempo, a contrapelo de los gritos de un cuerpo que dejó atrás el dislocamiento que se llama adolescencia.Entonces los supuestos adultos cargan contra “eso” que el Bieber este hace y “eso” que los pendejos estos les pasa con “eso” que Bieber vende.En este punto creo que se conectan en el espíritu de la época aquellos padres vacantes con estos supuestos adultos que violentan el goce adolescente sancionando como basura a Bieber y a toda la inutilidad que lo adolescente conlleva. Digo “inutilidad” pensando que el capitalismo es el espíritu de la época.Así las cosas, las mallas simbólicas que una edificación de manos adultas provee en la lógica de la Ley de las transmisiones generacionales , aportando por partida doble un ahorro de sufrimiento a la sensibilidad de los hijos propios y un avance político en el devenir humano, están inexistentes o por lo menos, atadas con alambre. Frase argenta.

Esta orfandad confina a los hijos a “la espesa selva de lo real” (J. J. Saer) en la que figuras aguileñas pueden descender al banquete.

Hacen su entrada ahí los fusibles personajes del mercado, por ejemplo, bajo la forma de estrella pop. Llegando a un país del tercer mundo a dar un show pobre, porque son ahí todos pobres, y más que eso no han de merecer, y como son casi de la selva, “eso nomás va a ser”: fraude y partida.Padres y prensa, no los adolescentes porque están en eso de captar cómo han de hacer ante las cosas de la vida, podrían antes que victimizarse o condenar la mala fe de Bieber, señalar cómo el Mercado gira sobre el consumo antes que sobre el valor, señalar cómo hay un asalto a la soberanía cuando se violenta un símbolo patrio, cómo una época se dirigió desde afuera del país cómo se debía conducir el mismo, cómo la sensibilidad está después que el cumplimiento de un contrato, cómo la vida puede encontrar otros modos de definirse además de la experiencia de un recital, cómo el dinero de los padres no es infinito ni es gratuito y ello obliga a la valoración de sus destinos.Pero lo adulto tal vez deba estar construido sobre una determinación de posiciones en las que se asuma críticamente una responsabilidad y una experiencia sobre variables que oscilan entre el ultraje y el respeto, el robo y el esfuerzo, los agravios y denuncia en ley, la explotación y la dignidad.

Bieber podría ser localizado en estos términos como para abreviar una experiencia que en lugar de Real podría haber sido de menores dimensiones, pero esto no es ex-nihilo, esto sería la salida de una lucha que tal vez no se esté dando porque se esté cediendo más de un elemento como se cedió dinero e ilusiones en el recital del muchachito.