Angustia y comunidad. Reflexiones sobre el psicoanálisis en el campo social

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Por Francisco Ruiz
Psicólogo asociado al instituto Oscar Masotta (Centro de Investigación y Docencia de Santiago del Estero) y miembro del Gepsi (Grupo de Estudios Psicoanalíticos de Santiago del Estero) – franciscoruiz.psi@gmail.com

“Acaso un Dios me engaña”
(J.L. Borges, La cifra)

Psicoanálisis y civilización

Angustia y comunidad, dos términos que comprometen al psicoanálisis. Aparentemente la primera, más que la segunda. Aunque esto es relativo si tenemos en cuenta que una comunidad se forma por sujetos y por identificaciones. El ser hablante no tiene identidad. Para ser, hay que identificarse.

Freud, en El malestar en la cultura refiere que las relaciones con los otros constituyen una de las fuentes del sufrimiento humano, quizás el más doloroso (1). En Análisis terminable e interminable dirá que el sujeto humano, masculino, no podrá vencer nunca la lucha contra su actitud pasiva o femenina frente a otro varón (2). Entonces la adjudicación al psicoanálisis de ser un tratamiento “intrapsíquico” o individual no tiene en cuenta que tanto Freud como Lacan pensaron al sujeto en su relación con los otros y con un Otro.

Lacan también pensó lo social, estimo, en términos de civilización. Nuestra civilización está atravesada por el discurso de la Ciencia. El sujeto moderno, el sujeto de la ciencia, es el mismo sujeto del que se ocupa el psicoanálisis. El sostenimiento del psicoanálisis depende, en cierta manera, no de transformarlo en una ciencia, según los cánones de una ciencia ideal. Sino que la ciencia pueda integrar al psicoanálisis. Introducir en el “pienso, luego existo” cartesiano, el “soy donde no pienso” lacaniano.

Dice Lacan en Posición del inconsciente; “…es no evitando las implicaciones éticas de nuestra praxis en la deontología y en el debate científico como se desenmascarará al alma bella” (3).

Entonces nos encontramos con algunas cuestiones. El sujeto y lo social, el sujeto y la ciencia, que para el psicoanálisis son términos que se implican. Como afirma Ernesto Sinatra: “No hay efectos de estructura por un lado y efectos de la modernidad por el otro. Ya la Psicología de las masas freudiana rompió con la ilusión de tal dicotomía individuo-sociedad, al demostrar que lo mas exterior al individuo, el líder amado, constituye en verdad, el interior más preciado del sujeto…”(4).

Podemos plantearnos entonces algunas preguntas. Sobre el lugar del psicoanálisis en lo social, sobre la lectura de lo social que puede hacer el psicoanálisis y sobre qué posición como analista cabe asumir ante la civilización.

Salud y sociedad

Tomando esta última década, la relación entre comunidad y salud ha adquirido nuevas características. Tras un período de neoliberalismo, la posterior crisis del 2001, de allí en más el papel del Estado en cuestiones de salud poblacional ha sido de mayor presencia. La medicina comunitaria, la asistencia social, los voluntariados, son un ejemplo de eso. Cito a continuación, un párrafo de Salud y sociedad:

“…al producirse una transferencia de los problemas que se hallan prisioneros en el campo de las ciencias biológicas al territorio de lo social, por ser este mas abarcativo y tener mayor capacidad de respuestas, se produce también un traslado de prácticas, de ejercicios de funciones desde la medicina a los organismos sociales encargados del estudio y la estimulación de dichas tareas, lo que se produce entonces es un traspaso de poder” (5).

Entonces en la actualidad se podría decir que es la comunidad y sus ámbitos sociales los que son considerados como un factor de promoción de salud. Ya no solo es desde el punto de vista biológico de donde se puede dar respuestas a los problemas de salud.

“La biología solo ve algunos aspectos de la salud y enfermedad, el hombre tiene todas las posibilidades de darse los instrumentos para alcanzar un modo de vida saludable en bienestar. Para ello, desde el lugar de la práctica científica, en el análisis interpretativo deberán confluir todos los órdenes del saber: el biológico, el psicológico, el sociocultural, para configurar un ángulo de observación integral, total, complejo y dialéctico” (6).

Viñeta clínica

M, de 8 años, es derivado por la escuela con informe que nombraba sus “actuaciones violentas”, con agresiones físicas a sus compañeros. De condición humilde, su madre de 25 años, concurre al consultorio junto a él. Ella es separada de su primera pareja, padre de M, y actualmente tiene su pareja con quien tiene también un hijo. El padre de M, refiere ella, es drogadicto y nunca está presente.

El síntoma de la escuela es el niño. Angustiaba a la escuela, a la madre. Ella cuenta en una de las entrevistas que él estaba agresivo con todo. ¿Con todo? Pregunto. Esta pregunta obliga a la madre a especificar esa queja, en la que su papel en la agresión de su hijo no es secundario. Aceptará que la agresión va dirigida hacia ella. Este pequeño pasaje de una queja algo difusa a una aceptación del papel que ella misma como madre está jugando, abre una posibilidad de interpretar esa agresividad como un mensaje. De ahí en más comienza a desplegarse una serie de asociaciones. La agresividad de M también estaba dirigida a su hermano, de 8 meses de edad. Así la madre puede ubicar en entrevistas posteriores ciertas causas de esta agresividad. Los celos de M por su hermano, cuyo nombre es “Alejo”. Nombre que será tal vez un significante que pueda cumplir alguna función en la cura.

Los gráficos que realizará M en las sucesivas entrevistas contienen objetos que representan algo de la relación con su padre. Siempre sus dibujos tienen esa característica. Autos, motos, trenes, la pesca. (¿Un llamado al padre?)

Lo particular

Recordemos la pregunta que nos hicimos al principio. Qué posición puede adoptar un analista ante lo que se le presenta en el campo social. Un motivo de consulta por derivación, generalmente viene impregnado de positivismo y de aspectos yoicos. Por eso la demanda se refiere a aspectos conductuales (es violento, pega, inquieto). Lacan, en La agresividad en psicoanálisis (1948) (7), se pregunta cómo hacer para que la noción de agresividad pueda ser usada por el discurso científico sin que por ello pierda su estatuto subjetivo. Y advierte que el tratamiento de la noción de agresividad por parte de los behavioristas (conductistas), cuyo ideal es el de las ciencias físicas, solo permite apreciar la agresividad en términos objetivos. En psicoanálisis, en cambio, se trata de comprender la agresividad en su dimensión subjetiva, dimensión que Jacques Lacan intentará preservar en una profunda discusión con la ciencia y la cultura contemporánea, siendo necesaria por ello una crítica a la promoción del Yo en sus resortes íntimos, esto es, en la cultura, la ciencia y la filosofía.

Varias maneras de nombrar a la agresividad se encuentran en el escrito de Lacan: presión intencional, intención agresiva, tendencia a la agresión. Son nociones que abarcan no solo fenómenos observables sino fundamentalmente hechos de discurso ya que podemos leer la agresividad en el sentido simbólico de los síntomas, en la finalidad implícita de la conducta, en los lapsus, entre otros.

Una escucha que está guiada por el psicoanálisis permite una pregunta sobre la implicación de quien trae al niño a consulta, con una queja por él. El psicoanálisis ofrece este espacio de escucha de lo que un sujeto pueda tener que decir de más singular. Como afirma Ana Ruth Najles:

“…el psicoanálisis se dedica a lo único, a lo incomparable, al síntoma en tanto modo singular de gozar de cada uno de los seres hablante. (8)

Si desde lo social y sus instituciones se pretende abordar cuestiones subjetivas (el afecto, la angustia), el psicoanálisis tiene que sostener la vía del inconsciente, demostrando el carácter errático de la conciencia, la función de desconocimiento ligada al Yo, y la pulsión de muerte que atraviesa a todo sujeto.


Notas

* Este artículo aborda algunos de los temas expuestos como aporte en la 8ª clase del seminario teórico clínico “Los signos del goce”, ciclo 2011, organizado por el Instituto Oscar Masotta – CID Santiago del Estero.

1- Sigmund Freud: “El malestar en la cultura”, 1929 [1930], Tomo III, Ed. Biblioteca Nueva, Pág. 3025

2- Sigmund Freud: “Análisis terminable e interminable”, 1937, op.cit; Pág. 3664

3- Jacques Lacan: “Posición del inconsciente”, 1960, en Escritos 2, Ed. Siglo XXI, 2008, pág. 796

4- Ernesto Sinatra: “¿Todo sobre las drogas?” Ed. Grama, 2010, Pág. 20

5- Posgrado de Medicina Comunitaria. Módulo 1: Salud y sociedad. Ministerio de Salud. Presidencia de la Nación, 2010, Pág. 34

6- Ibíd.; Pág. 27

7- Jacques Lacan: “La agresividad en psicoanálisis”, 1948 (Escritos I) Ed. Siglo XXI, 2008, pág. 108

8- Ana Ruth Najles: “Problemas de aprendizaje y psicoanálisis”, Ed. Grama, 2009