Comunicación y democracia: pensar nuevos escenarios y nuevos derechos en las provincias

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Por Ernesto Picco
Docente UCSE – Conicet-UNSE – ernesto_picco20@hotmail.com

Este texto es una transcripción de la participación del autor el “Encuentro regional memoria y derechos humanos en la formación docente”, organizado por el Ministerio de Educación de la Nación y los ministerios de educación provinciales del NOA. En el marco de dicho evento, tuvo lugar el 22 de agosto de 2014 en la Escuela Normal Manuel Belgrano de La Banda una mesa sobre Comunicación y Nuevos Derechos.  

 

1.

La idea es poder situar la discusión más allá de la mal llamada Ley de Medios. Siendo una ley extraordinaria como es, que nos introdujo a dar una discusión inédita sobre un aspecto clave de la democracia como es la comunicación social, ustedes saben muy bien que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual sólo regula radio y televisión. Prensa gráfica e internet no son abordadas por esta norma. Y muchas veces la discusión que se viene dando está centrada en radio y televisión y nos olvidamos de otros medios que tienen mucho poder. La prensa gráfica es un elemento clave de las disputas de poder hace más de dos siglos, y en la última década internet se ha consolidado como un emergente que incide fuertemente en el ámbito de la información, los debates y también de la organización política. Entonces hay que tener en cuenta estos elementos a la hora de hablar del tema que nos convoca hoy, que tiene que ver con los nuevos derechos vinculados a la comunicación, algunos que ya se está trabajando para garantizar, y otros que hay que traer a una discusión más presente.

Quienes hayan seguido las disputas sobre la Ley de Medios habrán visto que tanto aquellos que la defendían como los que se oponían a ella, sostenían muchos de sus argumentos en nombre de la libertad de expresión. Y esto es porque el derecho a la libertad de expresión puede ser entendido de dos maneras. Puede ser entendido como un derecho negativo, que el Estado te lo garantiza sin meterse, como por ejemplo el derecho a circular libremente por la calle, a manifestarte, o a elegir una religión. Uno de los giros que se plantea con la Ley de Medios es que se viene a entender la libertad de expresión como un derecho positivo. Esto es cuando el Estado tiene la obligación de garantizarlo mediante su acción directa, como por ejemplo con el acceso a la salud, o el acceso a la vivienda. Es cuando el Estado tiene que ejecutar medidas para permitir el acceso a un derecho determinado a quienes no lo tienen.

Es necesario en ese contexto repensar la idea de libertad de expresión y pensar en términos de libertad de comunicación. Porque nosotros podemos tener toda la libertad de expresión del mundo aquí, podemos decir cosas maravillosas, nadie nos lo va a impedir, pero todo eso puede quedar entre cuatro paredes. De nada sirve que tengamos libertad de expresión, que el Estado no nos impida que nosotros podamos decir lo que pensamos o lo que sabemos, y que después eso no sea visible. Y cuando se trata de temas de relevancia social, cultural y política, los espacios de visibilidad son los medios de comunicación, que son los que tienen penetración en el público en escalas más importantes. Entonces de lo que se trata es pensar la libertad de comunicación, más allá de la libertad de expresión individual o en los pequeños espacios.

 

2.

Y hay otra cara de esta moneda, que todavía no se está discutiendo con claridad. Con la multiplicación de las voces, que ya ha comenzado, más por la explosión que significó internet que por lo que la ley ha podido efectivamente cumplir en estos casi cinco años, lo que está habiendo es más información, que compite por la visibilidad. Y en medio de tanta cosa, naturalmente hay mucha verdura y pescado podrido. Entonces un tema que eventualmente va a haber que discutir es el derecho que todos tenemos a que no nos macaneen. A que no nos mientan. A que no nos confundan. Sobre todo cuando se trata de los grandes medios que dicen cualquier cosa. Porque tenemos derecho a que los grandes medios no nos mientan. Una parte importante de los medios de comunicación nacionales están diciendo hoy, por ejemplo, y nos vienen repitiendo y machacando día tras día que la Argentina está en default. Y la Argentina no está  en default. La Argentina está pagando sus compromisos a sus acreedores, pero los fondos que Argentina pagó están trabados por un juez en Estados Unidos. Y eso no es lo mismo que no querer pagar o no pagar, que es lo que significa estar en default. El que está atento y se informa sabe que esto es así, pero el que no, y escucha acríticamente la música de fondo que a veces es el discurso de los medios de comunicación, piensa que estamos en default. Y como esa palabra nos remite a ciertos episodios de la historia reciente, nos quieren hacer creer que estamos de vuelta camino al 2001. Y en función de eso muchos razonan política y económicamente. Y en función de eso toman sus decisiones cotidianas. Entonces es necesario discutir el derecho a la información veraz. O a la responsabilidad social de los grandes medios. Porque la libertad de expresión del que informa debería terminar donde empieza el derecho del otro de no ser objeto de engaños o de mentiras estratégicamente calculadas. Porque es darle insumos a los ciudadanos para pensar la realidad y tomar decisiones en base a cosas que no pasan, o que pasan de otra manera muy diferente de la que se expresa o se relata. Esto es una tarea muy difícil, pero la debemos abordar. Tenemos que empezar a imaginarla.  

Por otra parte, esto no sólo lo hacen los grandes medios.  Porque con internet hay muchos sitios de internet que se leen mucho. En Santiago del Estero, y estoy seguro que en el resto de sus provincias pasa algo parecido, ocurre que la información alternativa pasa mayormente por internet. Porque ahora cualquiera puede tener un sitio y lo que hay es una amateurización de la producción de información y contenidos. Y además pueden ser sitios muy visitados y leídos. En Santiago ha habido sitios web muy leídos que en diciembre pasado, cuando el país estuvo en llamas por los levantamientos policiales, han dicho que en Santiago había saqueos y estaba comenzando un acuartelamiento, cuando eso no estaba pasando. Y eso genera un efecto. ¿Y quién se hace cargo de eso? Es decir, todas estas son cosas que también hay que pensar a la hora de pensar los derechos vinculados a la libertad de expresión y también vinculado al derecho a la información.

 

3.

Además hay que tener en cuenta que mientras nosotros veníamos dando durante varios años estas discusiones para pasar de un sistema de medios de comunicación de tipo liberal a un sistema de medios de comunicación más pluralista y más democrático, los cambios tecnológicos fueron abriendo otros caminos. Mientras nosotros reclamábamos y pensábamos el tema de la legislación de radiodifusión por un lado, por otro lado venían pasando otras cosas que cambiaron el escenario sobre el que estábamos actuando y estamos actuando hoy. Pasó internet. Pasaron las redes sociales. Y lo que ha pasado es que con esto han cambiado absolutamente los hábitos de consumo, las rutinas de producción y distribución. En las provincias periféricas de la Argentina esto ha ocurrido más tarde y de forma más desigual que en otros lugares del mundo, y aún hay enormes sectores sociales desconectados.

Pero el cambio está ocurriendo y afecta a los grandes medios empresariales, que entienden la información y los contenidos fundamentalmente como mercancías, y producen en función de la rutina del consumidor. ¿De qué manera tiene lugar ese cambio? Hasta hace unos años más o menos sabíamos que el promedio de la gente se levantaba, leía el diario, escuchaba la radio en el camino al trabajo e incluso en el trabajo mismo. Después volvía a su casa y miraba la televisión en el horario central. Y en función de esa rutina más o menos generalizada los grandes medios tomaban decisiones. En función de eso decidían en qué horario iban los periodistas más influyentes. En qué horarios era más cara la publicidad. Y todo eso cambia con el avance de la conectividad y los nuevos dispositivos. ¿Cuánta gente lee el diario a la mañana temprano y después sigue con el resto de esa rutina? En general leemos el diario dos, cinco, diez veces al día en la computadora o el celular.  No sé cuantas horas pasan ustedes frente al televisor. Porque en realidad ahora lo que hacemos es recuperar la oferta televisiva a demanda. Vemos en Youtube, o en algún sitio de internet lo que en algún momento pasó o acaba de pasar por la televisión. Cambia el consumo y también cambia la distribución. Porque ahora es el propio usuario el que recircula y comparte los contenidos en las redes. Entonces necesariamente deben cambiar las formas de producción y así todo ha cambiando y va a seguir cambiando. En el interior la dinámica se complejiza porque a la vez perviven los viejos hábitos de consumo de medios en los sectores que están al margen del avance de la conectividad.

 

4.

Entonces todo eso nos tiene en un lío hermoso, con estos dos elementos que tienen a los medios en crisis: la discusión por los derechos vinculados a la libre expresión y a la comunicación, su impacto en el ámbito político y jurídico, y la transformación en paralelo de los circuitos de producción, distribución y consumo de información y productos comunicacionales. Y esto nos da pie para pensar nuestras realidades. Para discutir el derecho a la libertad de expresión, a la libertad de comunicación, para pensar a donde está el límite acerca de cuánto de lo que nos digan los medios podemos aceptar, para discutir el derecho del acceso a las nuevas tecnologías. Y cuáles son las formas  los mecanismos para garantizar los derechos que se vinculan a estos temas.

Y por último quiero agregar que nosotros, que vivimos en el norte argentino, no podemos perder de vista que en las provincias esa batalla es muy diferente, y bastante más desigual que la que se da en las provincias centrales. Las relaciones de poder son otras. Las relaciones de los Estados locales con los grupos empresarios son otras, las relaciones entre los empresarios de medios y los sectores que se presentan como voces alternativas son diferentes, y la lucha es más desigual. Gran parte de lo bueno que está pasando en torno a la discusión sobre los medios de comunicación nos ha llegado de rebote a las provincias, como ocurre con tantas otras cosas. Pero todo eso nos pone ante una oportunidad que tenemos que aprovechar con inteligencia y también con creatividad, para tener buenos diagnósticos de nuestras localidades y pensar los caminos más adecuados para tener una comunicación más democrática, plural y diversa.