La responsabilidad social del periodista 200 años después

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Por Daniela Machao
Integrante del Comité Editorial Revista Trazos/ Secretaria Académica FCED UCSE / Docente Ucse – daniela.machao@ucse.edu.ar

El 7 de junio se celebra el Día del Periodista y qué mejor homenaje que ofrecer en estas líneas un espacio para reflexionar sobre las prácticas periodísticas actuales cuando aún se encuentran frescos en la memoria los festejos del Bicentenario.

Haciendo un poco de historia, la fecha de referencia evoca que fue precisamente el 7 de junio de 1810 cuando Mariano Moreno fundó la “Gazeta de Buenos Ayres”, primer periódico de la etapa independiente de la Argentina, que se proclamó el 25 de mayo de ese año. Entre los considerandos de su fundación se establecía que era necesario “anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales”. Entre sus primeros redactores, además de Mariano Moreno, encontramos a Manuel Belgrano y Juan José Castelli, entre muchos otros hombres ilustres de la época.

Ese semanario constituyó una experiencia pionera en el periodismo y aunque dejó de publicarse en 1821, desde su primer número marcó un camino que aún hoy es un ejemplo a seguir, pues en su primera página Moreno abogaba por la libertad de prensa al afirmar: “Felices tiempos aquellos en que se puede sentir lo que se quiere y decir lo que se siente”. Mucho tiempo después, y en recuerdo de este primer medio de prensa con ideas patrióticas, el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba en 1938 estableció el 7 de junio como Día del Periodista.

Aquel logro que en este día se conmemora es sin duda trascendente por lo que todavía hoy significa, al haber abierto el camino a la libertad de pensamiento y de expresión, lo cual constituye un fundamento básico para el sano crecimiento en democracia. El periodismo es –históricamente lo ha sido- una herramienta de poder muy fuerte que tiene, sin lugar a dudas, repercusiones múltiples en diferentes ámbitos sociales. ¿Cómo asumir entonces esa responsabilidad de la mejor manera? ¿Cómo responder con ética y profesionalismo a los requerimientos de la comunicación y la información en la actualidad? ¿Cómo enseñar en los ámbitos académicos la objetividad periodística cuando el concepto mismo está en debate? Estos son algunos de los desafíos para todos aquellos comunicadores que se dediquen a esta rama de la comunicación que es el periodismo.

A doscientos años de la publicación de aquel primer ejemplar impreso, y de la obvia evolución que sufrieron los medios en este tiempo, la actualidad nos enfrenta a la proliferación de espacios, dispositivos y prácticas que se relacionan con las nuevas tecnologías y que marcan innovadoras tendencias en los modos de contacto entre las personas y la información circulante.

Los nuevos medios

Dotados de un espacio de interacción mucho más amplio que los medios tradicionales, las nuevas propuestas, que se incluyen bajo la denominación 3.0, ofrecen novedosos accesos a la información y promueven diferentes estrategias de participación bajo los lineamientos que rigen la era digital. Surge así en la actualidad la figura del “prosumer”, término que define las acciones que llevaron al receptor a dejar su histórico lugar pasivo para convertirse hoy en un verdadero productor de contenidos en la web.

Estos dispositivos de recepción requieren de particulares competencias en los usuarios. Siguiendo a Roberto Igarza, “…se trata de iluminar la compleja transición hacia los nuevos medios con una nueva generación de usuarios: medios digitales, interactivos y en línea, y destinatarios con competencias digitales y mediáticas muy desarrolladas que hacen un uso participativo, intensivo y móvil de los nuevos medios, alternando entre diversos soportes o dispositivos de recepción según las circunstancias” (i).

Nos enfrentamos entonces a emergentes productos culturales mediáticos que complejizan la recepción y que generan nuevas significaciones en los consumidores. Este cambio de contexto implica también –lógicamente- cambios en las llamadas esferas de producción de la información, donde los medios tradicionales deben competir codo a codo con los nóveles y cohabitar simultáneamente con ellos.

El rol del periodista también ha cambiado ya que las competencias que se exigen a los jóvenes profesionales se han complejizado proporcionalmente. Sumado a eso, el perfil que requieren los empleadores en sus búsquedas de personal apunta a encontrar profesionales que puedan desenvolverse adecuadamente produciendo informaciones en diferentes formatos y soportes. Esto se profundiza si advertimos la creciente existencia de multimedios es decir, medios que concentran diferentes alternativas mediáticas (gráficas, radiales, televisivas, web, etc.) y que se retroalimentan permanentemente de manera endógena. En este sentido, podemos señalar que “hoy las empresas de prensa diaria se aventuran en un nuevo medio que permite concebir publicaciones audiovisuales y, potencialmente, interactivas. La actualización permanente de noticias, los servicios de foros, las áreas de chat, las encuestas periodísticas, los servicios de archivo, el acceso a grabaciones de audio y video o la participación de los lectores en entrevistas a través de la red, son algunas de las nuevas fórmulas que ensayan día a día las editoras” (ii). Es decir, cambiaron básicamente los esquemas tradicionales de flujos o circuitos de información y, a esto, hay que sumar también los vertiginosos cambios en los modos de acceso, primero desde las PC hogareñas, luego desde las computadoras portátiles, hoy desde los celulares, cada día con más servicios para los usuarios. Respecto a esta línea de análisis, se puede decir que “la implementación de dispositivos y servicios informativos que procuran entrar en contacto con el público usuario allí donde éste se encuentre, a través de la telefonía celular o las agendas electrónicas personales, son parte de los desarrollos en plena marcha”(iii), y será entonces un nuevo desafío de las empresas periodísticas el intentar posicionarse como proveedoras de contenidos informativos para las redes de telefonía celular, entre otras propuestas de la era digital.

Los nuevos medios exigen entonces nuevas competencias de los profesionales de la comunicación, que entiendan las lógicas de circulación diferentes y que puedan manejar con soltura una diversidad de estrategias de producción de acuerdo a los contextos, donde la multimedialidad, la hipertextualidad y la interactividad son herramientas básicas del escenario de la convergencia de medios.

El respeto por el otro

Teniendo en cuenta el panorama planteado, y más allá de las competencias requeridas para los nuevos profesionales, existe un elemento clave que debe estar presente en aquellas personas que decidan dedicar su vida al periodismo: la responsabilidad social, el respeto por el otro, la consideración de aquel que está del otro lado, del polo de la recepción, y recibe/decodifica/interpreta lo que se le comunica.

Imaginar un periodista con independencia de criterio, seriedad profesional, compromiso y responsabilidad social implica pensar en un profesional de la comunicación que va a poner lo mejor de sí para transmitir con fidelidad aquello que deba informar, más allá de los intereses de los propietarios de las empresas periodísticas o de las líneas editoriales que definen a los medios, que son dos ítems que también entran en juego a la hora de realizar un análisis profundo del tema, pero que no tienen que convertirse en una excusa para que el periodista justifique sus propias acciones.

Medios y trabajadores de los medios deben llevar adelante su labor diaria teniendo como norte a los destinatarios de sus mensajes, buscando cubrir aquellas históricas funciones asignadas al periodismo: informar, educar y entretener con dignidad.

Si bien los contextos han cambiado, la esencia es la misma, y los ideales de aquellos hombres y mujeres de 1810 que pensaron en un país mejor deben servir de guía para marcar el camino.

Sin lugar a dudas, la libertad de prensa debe figurar entre los más inclaudicables valores de un país, aunque fechas como ésta sean ocasión propicia para hacer también un llamamiento a la responsabilidad de los hombres y mujeres periodistas, cuya tarea es siempre influyente en los destinos de una nación.

Educación y periodismo

Las preguntas del inicio de estas reflexiones toman nueva fuerza en esta instancia, cuando pensamos en la formación académica de las nuevas generaciones. ¿Por qué? Porque no podemos evadirnos de las posibilidades y herramientas que el estudio de una carrera brindan para el desarrollo profesional y cuál es nuestra responsabilidad como formadores de los futuros profesionales.

El mundo del trabajo nos demuestra cada día que en la actualidad no basta sólo con la experiencia, con el conocimiento de un oficio, como tampoco basta sólo con el estudio. El rol profesional es una construcción que se va moldeando con la aplicación práctica de nuestros fundamentos teóricos. Y se comprueba cada día, también, cuando salimos a la calle a enfrentar la realidad sin red, sin resguardo, sin posibilidades de vuelta atrás, pero con la tranquilidad de saber que vamos por el camino correcto.

Debemos promover en nuestros estudiantes la capacidad de pensar la sociedad en que vivimos y proyectar desde nuestra práctica profesional –desde cualquier ámbito, desde cualquier disciplina, pero sobre todo en la práctica del periodismo-, acciones concretas de impacto social. No podemos, ni debemos, evadir esa deuda pendiente con la comunidad en la que estamos insertos.

Es este entonces un momento en donde debemos plantearnos –como estudiantes, como docentes, como profesionales, como sociedad- qué es lo que queremos para nuestro futuro y el de las generaciones venideras en lo que respecta a la responsabilidad social de los periodistas y de los medios de comunicación en su conjunto. Cuáles son los límites entre lo público y lo privado que, cada vez más, están borrados o desdibujados. Cuál es el criterio que debe regir para discernir aquello que debe ser publicado, y de qué manera debe hacerse. Medios y periodistas deben comprometerse con un modelo de comunicación donde las reglas estén claras y donde se evidencie que, en definitiva, lo que dicen los medios es sólo una construcción, una versión de la realidad que nos rodea.

Referencias

i- Igarza, Roberto. Nuevos medios, estrategias de convergencia. La Crujía Ediciones. Buenos Aires. 2008.
ii- Albornoz, Luiz. Periodismo digital. Los grandes diarios en la Red. La Crujía Ediciones. Buenos Aires. 2006.
iii- Ibídem